Guatemala: Suspiros de esperanza

La ONU y otros Organismos Internacionales exhiben a Guatemala con tintes negativos: Es el segundo país del mundo en feminicidios, es el segundo país del mundo más vulnerable por el cambio climático, es el segundo país latinoamericano más sancionado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por su corrupción empresarial, es el segundo país más pobre de América Latina y el tercero más violento,…

Pero ¿Qué puesto ocupa Guatemala en el ranking de pueblos más ultrajados y humillados…? ¿Y en el ranking de pueblos que luchan por su dignidad…?

 

Para contestar esas preguntas sería preciso analizar la historia de tiranía ejercida contra este  pueblo y la consiguiente desigualdad existente en el país, donde coexisten el empobrecimiento y la opulencia, que hacen de Guatemala una sociedad profundamente excluyente, desigual e injusta.

Y también habría que valorar, por ejemplo, a sus comunidades indígenas masacradas que, por defender su dignidad, y a pesar del miedo, la represión y el dolor, han permanecido durante décadas denunciando y exigiendo justicia.

 

Indígenas siempre esperando en la justicia eternamente negada. Basta con mirar la realidad actual o del pasado de Guatemala, “el país de la eterna dictadura”. Señores de la ONU, ¿cuántos pueblos existen con historia tan siniestra de victoria de la impunidad sobre la justicia?

En estos meses, toda la prensa internacional ha resaltado el juicio al exdictador Ríos Montt.

Con tal motivo se ha aireado el conflicto que azotó durante 36 años a Guatemala: más de 200 mil personas muertas, 45.000 desaparecidas, un millón de desplazados internos y miles de viudas y huérfanos, el mayor genocidio de la historia contemporánea de América Latina. El 83% de sus víctimas, fueron indígenas mayas. Entre 1980 y  1983, operaciones militares y paramilitares protagonizaron 626 masacres y aniquilaron más de 450 aldeas.

Y también se ha recordado la larga e incansable resistencia de las víctimas indígenas, de la Comisión de la Verdad, de Rigoberta Menchú, de Organismos solidarios, las numerosas denuncias de hechos constitutivos de delitos de genocidio, tortura, terrorismo, asesinato…

Y se ha mencionado la burla constante como respuesta por parte de los Gobernantes y la Administración de Justicia: complicidades, obstaculización investigadora de los hechos denunciados, paralización de procesos pendientes, alteración y pérdida de material probatorio, dificultades para exhumaciones, intimidaciones y amenazas a testigos,…

Resume Susanne Jonás:

Cuando parece vislumbrarse el futuro, las expectativas se defraudan

y cuando rozamos el abismo de la desesperación, resurge una inimaginable esperanza.

 

Para incredulidad de muchos, el 19 de marzo 2013, se inició en Tegucigalpa el juicio por genocidio al exdictador José Efraín Ríos Montt, que gobernó en Guatemala, tras un golpe de estado, desde marzo 1982 a agosto 1983.

Los familiares de las víctimas no piden venganza, sino que, sobre todo, se reconozcan las atrocidades sucedidas y se sepa quiénes fueron los ejecutores de la violencia. Que la “mentira institucionalizada” por el silencio y el olvido dejen de ser parte de la vida cotidiana del país. Que no se repitan hechos tan atroces y no caigan en la impunidad.

Ríos Montt, de 86 años, es procesado por la matanza de 1.771 indígenas ixiles e innumerables violaciones y atrocidades perpetradas durante sus 17 meses de dictadura. Ese mismo dictador al que paradójicamente Ronald Reagan llamó “hombre de gran integridad personal” y “totalmente dedicado a la democracia”.

Más de cien testigos, la mayoría mujeres ixiles supervivientes, declararon con relatos estremecedores durante la vista. Relatos respaldados por los informes independientes de 61 peritos (abogados y miembros de ONG internacionales).

Conforme avanzaban los testimonios crecía la inquietud y la alerta entre los sectores más recalcitrantes de la extrema derecha. Una condena por genocidio afectaría a un importante número de oficiales retirados o en activo. Sentimiento que se agudizó cuando un testigo protegido acusó directamente al actual presidente, Otto Pérez, de haber ordenado masacres contra la población civil desarmada.

La movilización reaccionaria fue inmediata: “el viejo dictador se declaró inocente y alegó que nunca tuvo la intención de destruir a ninguna raza”, “se publicó que es una amenaza directa a la institucionalidad del país”, “que es una resolución debida a presiones internacionales”, ”que existen graves faltas al debido proceso e irregularidades que producen indefensión para el acusado”, “se manifestaron ante la embajada norteamericana con la consigna ‘Genocidio es Mentira’,…

Y el 18/4/2013, el Tribunal de Mayor Riesgo ordenaba la anulación del juicio y regresar a la fase en que se encontraba el 23/11/2012. Los acusados se levantaron con una sonrisa del banquillo. Una sonrisa que no permite sanar la memoria de tantas víctimas inocentes.

 

Las tinieblas de la impunidad volvían a aparecer en el horizonte. Las manifestaciones de las víctimas, los familiares y organizaciones marcharon por las calles con pancartas de rechazo ante la suspensión del juicio: “¡Justicia!, ¡Justicia! ¡En Guatemala sí hubo genocidio!”. Sólo pedían que se haga justicia, que se cuente al mundo la verdad de los hechos.

La paz no es posible sin reconocimiento de los errores del pasado y la aplicación de la justicia, decía un comunicado de las Organizaciones Mayas.

Y el Tribunal Primero A de Mayor Riesgo decidió, por unanimidad, reanudar el juicio por genocidio el 30/04/2013.

Dice el poeta guatemalteco Luis Alfredo Arango:

                Guatemala tiene un río pensativo, y otro que se tiñó de sangre…

                Tiene un volcán de agua, otro de fuego y una montaña de huesos y cadáveres

 

El 10/5/2013 se pronunciaba la histórica sentencia condenatoria en una sala abarrotada y expectante: Ríos Montt, durante su gobierno, tuvo conocimiento de las matanzas de indígenas y no las detuvo. Quedaba comprobado que la población ixil fue objeto de asesinatos en forma masiva (masacres, torturas, degradación de su dignidad, violaciones sexuales, desplazamientos forzosos, utilización del hambre como arma de guerra,…). Y condenaba al anciano general a una pena de 50 años de prisión por genocidio y 30 años por delitos de lesa humanidad. Fue  un genocidio, basado en el racismo, aclaró la jueza Jazmín Barrios, y ordenó en su veredicto investigar a todas las otras personas responsables de las matanzas, lo que puede salpicar al actual presidente Otto Pérez. Y añadió: “Este tipo de hechos no deben de volver a repetirse. El pueblo de Guatemala desea vivir en paz”.

Las personas ixiles presentes se abrazaban, lloraban, reían. Las autoridades indígenas alzaban sus varas de mando en señal de victoria. Se entonaron estrofas del poema de Otto René Castillo: “Aquí no lloró nadie. Aquí solo queremos ser humanos, comer, reír, enamorarse, vivir, vivir la vida y no morirla”. 

“Esta sentencia es histórica. Es grande. La sentencia de Ríos Montt… Esperamos más de 33 años para que hubiera justicia en Guatemala y queda claro que una paz sin justicia, una paz sin verdad no es paz; es la paz de los victimarios. Un punto que hace muchos años que hemos señalado”, comentó Rigoberta Menchú.

 

Enseguida volvieron las previsibles intimidaciones e intensas presiones de los poderes fácticos:

* Ríos Montt lo tachó de show político internacional que va a afectar el alma y el corazón del pueblo guatemalteco y acusó a los miembros del tribunal de no haber respetado las pruebas ni el debido proceso, por lo que sus abogados tratarán de anular la sentencia.

* La oligarquía y patronal (CACIF) de Guatemala cerró filas en torno al dictador con el argumento de que el fallo de condena por genocidio y delitos de lesa humanidad está plagado de vicios e inconstitucionalidades, por lo que pide a la Corte Constitucional la anulación del proceso. Lamentan la intromisión y presión de personas y organizaciones extranjeras. A través de todos los medios de comunicación rechazaron la existencia de un genocidio en Guatemala.

* La Asociación de Veteranos militares de Guatemala (Avemilgua) amenazó con movilizar hasta 50.000 paramilitares de las tenebrosas Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) y  marchar sobre la capital y paralizar el país bloqueando las principales vías de comunicación hasta lograr la liberación del viejo caudillo.

* Sectores conservadores guatemaltecos organizaron su campaña “Rostros de la infamia” para cuestionar la sentencia y desprestigiar a los defensores de los derechos humanos (entre ellos a Rigoberta Menchú y a la propia jueza Jazmín Barrios) calificándoles de “seudo-guatemaltecos” y “traidores de la paz”: “Rostros de infamia que no deben ser olvidados ni por las generaciones presentes ni por las futuras, a quienes les corresponderá dar su castigo a estos traidores de la paz. Porque Dios, la Patria y la Historia así lo demandarán”.

Las presiones cumplieron su función. Y el insulto contra las víctimas tomó cuerpo.

El lunes 20/5/2013 la Corte Constitucional anuló la condena, con el voto favorable de tres de sus cinco magistrados, tras el recurso de los abogados defensores. Deberán repetirse todas las diligencias realizadas dentro del juicio a partir del 19 de abril 2013.

 

Hasta aquí esta breve historia que evidencia la extrema debilidad del sistema judicial de Guatemala y la extrema fortaleza de la endémica impunidad en el país.

Esperamos que la dignidad provoque la presión internacional y de los movimientos sociales guatemaltecos para que la sentencia de genocidio sea irreversible.

Nos quedamos con las múltiples y prolongadas luchas sociales demandando justicia en Guatemala, que son un símbolo de esperanza.

Y agradecemos las palabras generosas de las mujeres ixiles supervivientes: “Para nosotras ya pasó, nosotras ya contamos nuestra verdad, esperamos que se haga justicia, pero sólo el hecho de haber sentado en el banquillo a estas personas es importante, a nosotras nos da la impresión de haber empezado otra etapa de nuestra vida”.

 

Mirada solidaria.es

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