Sólo sabían contar

Parece que nunca hubieran aprendido a pensar, a comprender, a sentir,… sólo sabían contar. Se alimentaban de números. Sustituyeron el horizonte por gráficos de cotización.

¡Seres humanos convertidos en puriticas calculadoras!

Permutaron los valores sociales por valores mercantiles.

Cuenta que te cuenta, transformaron el mundo en un mercado.

Identificaron valor y precio. Sólo son valores si son cotizables.

 

La medida del éxito en el mundo es el PIB. Por el Producto Interior Bruto (PIB) se mide el nivel de vida y desarrollo de los países.

Pero el PIB no mide el nivel de bienestar de la población, ni las desigualdades territoriales y sociales, ni la pobreza de gran parte de la ciudadanía, ni el trabajo esclavo, ni el desesperante desempleo, ni las necesidades sanitarias y culturales, ni la contaminación medioambiental, ni la discriminación entre hombres y mujeres, ni la violación de los derechos humanos, ni el régimen dictatorial de un país.

Sólo cuenta el dinero, la producción, el crecimiento económico. La vida y necesidades de las personas no cuentan.

La India ocupa el 9º puesto en el PIB mundial, pero el 119º  en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) el cual añade a la renta per cápita otras variables como la esperanza de vida y la tasa de alfabetización.

Robert Kennedy terminó un discurso diciendo: El PIB lo mide todo en una palabra, salvo lo que hace que la vida valga la pena.

Un pequeñísimo país, Bután, un reino de cultura budista con 650.000 habitantes, sito en el Himalaya, cambió la vara de medir. No utiliza el PIB para medir su nivel de desarrollo, sino el FNB (Felicidad Nacional Bruta). Naturalmente, se le considera un caso ‘raro’, de ninguna manera trasladable al resto de países.

 

El éxito de una empresa se mide por su productividad, crecimiento y beneficios obtenidos. Cuentan los beneficios.

No cuenta la violación de los derechos de sus trabajadores, ni la discriminación salarial, ni si sus fábricas están envenenando y destruyendo el medio ambiente, ni la explotación de mano de obra infantil,…

Sugiere el economista Paco Álvarez que junto al código de barras de los productos debería señalarse  -por ejemplo con un color-  la catadura moral de la empresa que los fabrica.

Los medios de comunicación españoles proclamaban orgullosos recientemente: “Amancio Ortega se convierte en el tercer hombre más rico del mundo”, “Amancio Ortega fue el millonario que más incrementó su fortuna en 2012”, “Inditex, entre las 100 empresas con mejor reputación del mundo”.  Su empresa Inditex (con sus filiales Zara y Pull & Bear) se mostraba como ejemplo de éxito empresarial. La fortuna de su creador, Amancio Ortega, ascendió a 57.500 millones de dólares. “Es una compañía espectacular que lo ha hecho muy bien y la ganancia que han registrado sus acciones está justificada”, afirmó Christodoulos Chaviaras, analista de Barclays.

Los beneficios de Inditex no traducen que haya utilizado mano de obra infantil en Asia, ni traducen que tenga talleres clandestinos en Argentina con mano de obra esclava, ni traducen que en otros talleres clandestinos en Brasil explota a inmigrantes bolivianos y peruanos en condiciones infrahumanas,…

 

GOTA DE ACTUALIDAD: Hundimiento de complejo textil en Dacca (Bangladesh), mil personas fallecidas y otras bajo los escombros. Edificio albergaba factorías textiles de marcas occidentales (Primark, El Corte Inglés, Bon Marche, Joe Fresh, Phantom Tac, The Children’s Shop  …). Numerosas empresas estadounidenses y europeas  (Walmart, Disney, C&A, H&M, Mango, Benetton…) adquieren ropa de fábricas de Bangladesh que se ha convertido en el segundo productor mundial de textil.
El derrumbe de Savar se suma a otras dos graves tragedias -incendios mortales- de fábricas textiles ocurridas en los últimos cinco meses en Bangladesh. Trabajo esclavo, el salario medio del trabajador textil es de 31 euros mensuales y jornadas de 10 horas diarias.

 

Cambiaron los valores morales y sociales por valores de cambio (‘mercancías’).

Sólo sabían contar. Entendían de lucro y de competitividad, pero no de cooperación y de bien común.

Sólo saben contar: ‘dime cuánto pagan por ti y te diré cuánto vales’. O ‘tanto vales, cuanto beneficio pueda sacar de ti’.

Su escala contable es depravada y corrompida: coloca a la humanidad por debajo de la propiedad privada. El capital está por encima de la mano de obra, la acumulación de riquezas se encuentra en un escalafón más alto que los valores sociales, las “cosas” valen más que las personas…y así sucesivamente.

Este ‘mundo de cuentas’ es un mundo que cuenta al revés: La sangre del sistema, el dinero, se alimenta de sangre humana.

Como comenta E. Galeano, el mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros  calumnian a la naturaleza al decir que la injusticia es ley natural.

El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación.

Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento.

 

 

La ventana del mochuelo

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Refer. E. Galeano, Patas arriba, págs. 5 y 8)

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Una Respuesta a Sólo sabían contar

  1. PEPE dijo:

    No siempre leo lo que escribes, no por falta de ganas sino porque los enanos exigen todo el tiempo el mundo y más. Ellos no entienden de límites. Pero bueno esta noche si me leí lo que escribiste.

    Estamos de acuerdo, hace ya muchas horas de conversa, muchas botellejas de vino y muchas buenas viandas que hemos llegado a acuerdos.

    Sirvan estas palabrillas de ánimo para tí y para que sigas escribiendo.

    UN ABRAZO.

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