Le traían cualquier periódico de cualquier año que encontraban. Y el viejito les estaba sumamente agradecido. Tenía la costumbre de leer todo, sin fijarse en las fechas, y haciendo a su gusto pequeñas pausas para pensar…

 

“La ONU investigará la legalidad de los ataques en Pakistán, Afganistán, Yemen, Somalia, Palestina, Líbano,… con aviones no tripulados y el número de civiles muertos en estos ataques…Al parecer, esos aviones no tripulados sólo en Pakistán causaron 3.325 muertos, entre ellos 881 civiles, incluidos 176 niños”.

Parece que se han puesto de moda esos aviones que llaman “drones”. Están arrasando en el salvaje mercado mundial de armas. Se habla de 10.000, muchos de ellos armados, principalmente de origen norteamericano. Ya los han utilizado decenas de Estados y muchos los están fabricando. ¡Asesine a larga distancia y sin riesgos!…¡Qué maravilla!

Maquinitas impersonales que matan guiadas desde casa, como un videojuego. Ni sienten ni padecen. Ni tiemblan ni se cansan como sí ocurría a los pilotos humanos. Artilugios perfectos, aunque no saben distinguir todavía entre ‘terroristas’ y civiles inocentes. Las víctimas civiles es el precio incluido para no poner en riesgo las vidas de los pilotos. Un ingenio aéreo de la ciencia militar y también una canallada de seres belicistas que utilizan estos criminales artefactos sin responsabilidad alguna y con total impunidad.

Extrañas guerras donde sólo un bando ataca y el otro pone los muertos. ¿Cómo se atreven a calificar de ‘guerras modernas’ lo que claramente son crímenes terroristas?

 

“Hiroshima ha marcado la mañana de hoy lunes (6/8/2012) el 67º aniversario del ataque nuclear de Estados Unidos, con un minuto de silencio a las 8.15 hora local, la hora precisa en la que cayó la bomba en 1945…Decenas de miles de personas asisten para conmemorar a las 140.000 víctimas que perdieron la vida por la bomba”.

Fue el estreno mundial de la bomba atómica. La más auténtica arma de destrucción masiva.

Por lo visto, tres días después de lanzar la bomba, el presidente Truman dijo por radio: Agradecemos a Dios que haya puesto la bomba en nuestras manos, y no en manos de nuestros enemigos; y le rogamos que nos guíe en su uso de acuerdo con sus caminos y sus propósitos.

¿Cómo Dios no le contestaría inmediatamente con una lluvia de fuego y azufre…?

Fuentes oficiales de los vencedores aseguraron que Hiroshima y Nagasaki eran objetivos militares, pero todos los miles y miles de muertos fueron civiles.

Hace tiempo que las grandes potencias producen y comercializan las armas, ellas deciden las guerras y sus objetivos, y se reservan el derecho al bombardeo. Y ellas nombran las guerras: “guerras preventivas”, “guerra contra el terrorismo”, “guerras justas”,…

¿Acaso puede ser justa una barbaridad?

‘La guerra está justificada cuando el mal que produce es a otros’, dice irónicamente una viñeta del Roto.

 

“El presupuesto militar de China ascenderá en 2012 a 106.400 millones de dólares, lo que supone un aumento del 11,2% con relación al año pasado…”

“El comercio mundial de armas creció un 24% en los últimos cinco años (2007-2011).  Cinco países acaparan el 75% de exportaciones (EEUU, Rusia, Alemania, Francia y Reino Unido)…”

“EEUU estudia un multimillonario contrato armamentístico con Arabia Saudí…”

Armas y más armas. Próspero negocio.

¿Acaso habría guerras sin armas?… Pero si no hubiera guerras ¿qué pasaría con el negocio de las armas?…Ahí  estamos. Los mercaderes de armas necesitan la guerra como los fabricantes de abrigos necesitan el frío, que dice Galeano.

Razón tenía el militar más condecorado de Estados Unidos, el general Smedley D. Butler: “La guerra es un negocio sucio. Siempre lo ha sido. Es posiblemente el más antiguo, fácilmente el más lucrativo, seguramente el más cruento. Es el único que es internacional en su alcance. Es el único en el que los beneficios se calculan en dólares y las pérdidas en vidas.”

El SIPRI dice que, entre 2007 y 2011, el mayor exportador de armas sigue siendo Estados Unidos y el mayor comprador fue la India. Y que ‘aumenta significativamente’ la venta de armas en el este y norte de África, en el sudeste Asiático, en el sur del Cáucaso y en algunos países de América Latina.

¿Cómo puede ser que el mundo destine, cada minuto, casi tres millones y medio de dólares a gastos militares, mientras cada minuto mueren catorce niños de hambre o enfermedad curable? ¿Cómo puede ser que países ‘en vía de desarrollo’ gasten más en armamento, que en combatir la pobreza de su gente?

El comercio de armas goza de prosperidad. La venta de armas en 2010 ascendió a 411.100 millones de dólares.

Un maldito negocio de guerra donde quienes cosechan fortunas no participan en la batalla.

Arabia Saudí compró armamento por importe de 60.000 millones de dólares a Estados Unidos en 2010. En 2012 fueron otros 6.700 millones por la compra de aviones de guerra. El comercio de armas también es ciego, no le importa que el país comprador sea uno de los mayores violadores de derechos humanos.

 

No es extraño, pues, que el pasado mes de julio, no pudieran llegar a un acuerdo en la ONU para un nuevo tratado de armas. Las cinco grandes potencias con poder de decisión y de veto en el Consejo de Seguridad son también los mayores mercaderes de armamento.

Ya ven, el débil ser humano alocó y anda sembrando muerte y destrucción. Invierte más en gastos militares criminales, que en acabar con el hambre.

¡Qué bárbaros!…¡Qué bárbaros!, repetía aquel viejito. Y él que esperaba,  a estas alturas de la Historia, que la humanidad ya hubiera progresado y fuera capaz de valorar más las relaciones y las razones que la fuerza…

 

Mirada Solidaria.es

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