He olvidado la pena de tu ausencia           
he olvidado momentos tormentosos
olvidé una traición inconfesable
he olvidado los días de silencios
y no sé si los días de vino y rosas.

 

No recuerdo el valor de tus pulseras
ni tampoco el color de tus vestidos
he olvidado las deudas que tuvimos
y también las peleas de alguna noche
cuando entraba en tu lecho y tú dormías.

 

No me acuerdo tampoco de aquel día
que no supe enjugar aquella lágrima
ni recuerdo muy bien qué me dijiste
cuando volé en solitario a un país lejano
y tú me decías adiós con el pañuelo.

 

He olvidado las veces que te dije:
“Quietecita yo cambio los pañales”
y “la noche del golpe” y las mañanas
en las que llevé a los niños al colegio
y aquellas tardes en los “caballitos”.

 

No puedo recordar tantos y tantos
momentos familiares en la playa
en el cine, en el circo, en aquel parque
donde siempre nos sentimos tan felices
viendo crecer aquello que era nuestro….

 

Pero a ti no te olvido cielo mío
no olvido tus caricias y tus besos
no olvido la mirada que me atrajo
ni el corazón donde anidó mi risa
ni aquellos labios que dijeron: “Entra”.

 

Todo es ya polvo en mi memoria ajada
menos tu voz, tus risas y tu llanto
menos tu ira no exenta de ternura
menos tu piel rasgada por el tiempo
menos aquello que nos hace eternos.

 

Rafael Plaza 

 

(Del libro CON UÑAS Y DIENTES (Madrid 2012) Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

  1. Luis
    24 Mar 13 16:23

    Toda una vida, ternura, dramatismo, silencio.

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