Uno de los hombres que conversaban a su lado comentó:

– Vamos a ver,  ¿y a ti qué te importa lo que pase en la otra punta del planeta?

Ella recordó entonces lo que su abuelo solía decirle, que ‘los ojos son para ver de cerca y mirar a lo lejos’. Más allá de la puerta de mi casa, del término municipal de mi localidad, o de las  fronteras de mi país, hay personas como yo que viven, luchan y mueren.

Ella estaba convencida de que se crece humanamente cuando sentimos y apreciamos a otras personas, cercanas o lejanas.

Y, a bote pronto, su mirada se dirigió a pequeños países del continente asiático.

 

Y recordaba a los seis hombres ejecutados en Taiwán, el pasado 21 de diciembre, sin previa notificación a sus familias o abogados y haciendo caso omiso de la opción de los sentenciados a ‘pedir perdón o conmutación de la sentencia’, como mandan el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ICCPR) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ICESCR), precisamente ratificados por Taiwán en 2009.

Varios grupos nacionales e internacionales de derechos humanos están denunciando todo ese dolor e injusticia.

Los Acuerdos Internacionales que se elaboran, se firman y se ratifican, ¿para qué sirven, si pueden violarse impunemente?

 

Y recordaba a las cinco mujeres encarceladas en Birmania sólo por abogar por la democracia en su país. Todas ellas condenadas a 65 años de prisión. Todas habían participado activamente en la revolución que en 1988 intentó derrocar a la Junta militar que durante 50 años somete al país a una implacable represión. Se han convertido en un símbolo de la lucha por la democracia.

Más conocido fue el caso de la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kvi, liberada en noviembre 2010 tras grandes presiones internacionales, y que pasó 15 de sus últimos 21 años encarcelada. Pero todavía más de 2.200 prisioneros políticos permanecen entre rejas y miles de birmanos en el exilio.

El 7 de noviembre de 2010 celebraron elecciones legislativas. Todo lo fraudulentas que queramos, pero que según el sistema occidental se consideran “democráticas”.

Durante 2012, Birmania sufrió uno de los conflictos más violentos en el mundo.

¿Alguien se atreve a expresar que la lucha de esas mujeres fue en vano y que su ejemplo de valentía no es hermoso y envidiable? ¿Por qué la prensa sólo resaltó en las protestas el protagonismo de los monjes budistas?

¿Cuántas injusticias se tapan en el mundo con la recurrente capa de la “democracia”? ¿La tiranía envuelta en fraudulentas papeletas de votaciones ya es Democracia?

 

Y recordaba a las 650 mujeres del pabellón femenino de la cárcel de Welikada, en Sri Lanka, conviviendo con ratas en las celdas, gusanos en la comida y un calor constante de 33 grados, en un edificio con capacidad para 150 presas. “Nos tratan como a seres inferiores, no como humanos”, dice una de las presas. “Cada 75 presas comparten dos baños muy deteriorados…que sólo pueden utilizar de día, porque son encerradas en celdas desde las 5.30 de la tarde hasta las 5 de la mañana siguiente”.

Las cárceles del país tienen capacidad para 11.000 presidiarios, pero albergan a 30.933.

¿Por qué la población presidiaria ha de considerarse un grupo condenado, que no merece respeto ni atención? ¿El saneamiento no es un derecho humano básico?

¿Para qué sirven las normas internacionales sobre el tratamiento a prisioneros?

Perdonen, ¿Qué sentido tiene y qué compromisos conlleva el ser miembro de la ONU, como lo es Sri Lanka desde 1948, además de haber ratificado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención contra la Tortura, los Convenios de Ginebra y haber sido miembro del Consejo y de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU…?   

 

Apenas son tres botones de muestra, pero ¿Me quieren decir que no importa lo que pasa en otros puntos del planeta? ¿Que da igual 20 que 80?

¿Que esas violaciones del Derecho no influyen a la hora de valorar personalmente el sentido de las Instituciones y Organismos Internacionales, y el valor de sus Acuerdos y Tratados, y el respeto o no que nos merecen…?

¿Que esa iniquidad no nos hace reflexionar sobre la gobernanza del mundo y de los países? ¿Para quiénes gobiernan…?

¿Que no aprendo del sufrimiento de la gente y de las víctimas de la injusticia y me orientan a la hora de analizar mi proceder, de educar a mis hijos y de relacionarme con otras personas?

¿Acaso no me abren los ojos para discernir lo que es un compromiso de lo que es una pantomima? ¿O es que los derechos humanos y los valores como la dignidad, la justicia, la libertad, la honradez,…pueden defenderse para nuestro entorno y no para todas las personas? Entonces, ¿qué derechos y valores son esos…? ¿a qué llamamos valores?

¿Y acaso no nos fortalecen las luchas y el coraje de tantas personas y nos animan a buscar otro mundo más justo?…

Y aquella mujer les miraba a los ojos como preguntando: ¿Y si ustedes hubieran nacido allí…? ¿O es que ustedes eligieron dónde nacer…?

Ella bien sabía que cuanto estaba diciendo provoca reacciones muy distintas según los oídos que lo escuchen. 

 

Mirada Solidaria.es


(Refer. http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=98694; http://www.publico.es/internacional/357637/las-cinco-rosas-del-infierno-birmano;  http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=102216)

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