Aclaremos que nunca tuvimos problemas con las palabras.

Hasta hay gente que se emociona escuchando a sus gobernantes  y se cree a “pies juntillas” cuanto dicen.

 

Palabras preciosas salieron en su día de boca de Juan Manuel Santos (presidente de Colombia):

¡A los pobres de Colombia no les fallaremos!…Me comprometo con los que nada tienen y con los que se han cansado de esperar… A las familias de Colombia; a las que lidian cada día con los problemas de salud, con los pagos de arriendos o hipotecas, con los desafíos de la vida cotidiana, quiero enviarles un mensaje de esperanza: Trabajaremos para que tengan una salud de calidad, por su derecho a una vivienda digna, para que puedan caminar por sus calles sin temer por su seguridad…Vamos a perseguir y combatir a los corruptos que se roban los recursos de los colombianos…La defensa de los derechos humanos, ¡oígase bien!, será un compromiso firme e indeclinable de mi Gobierno, y así lo reitero hoy ante mis ciudadanos, ante los honorables miembros del Congreso y ante la comunidad internacional…

 

No menos preciosas fueron las palabras de Enrique Peña Nieto (presidente de México):

Como Presidente democrático respetaré las voces de la sociedad. Voy a ejercer un gobierno abierto, que hable con verdad, que pida opinión, que escuche a la ciudadanía y tome mejores decisiones. Éste será un gobierno al servicio de los derechos de todos los mexicanos. El bien mayor y el bien último, es la vida humana. Por eso, el primer eje de gobierno es lograr un México en paz…

 

Palabras maravillosas hemos escuchado a Mariano Rajoy (presidente de España):

Quiero poner el acento en la creación de puestos de trabajo, la estabilidad en el empleo y la flexibilidad en el seno de la empresa… En orden a garantizar los derechos de los trabajadores, reforzaremos los mecanismos de control y prevención, para evitar los comportamientos abusivos que supongan un trato discriminatorio contra los trabajadores…Impulsaremos medidas de conciliación de la vida laboral, personal y familiar…Elaboraremos un plan especial a favor de la igualdad de hombres y mujeres en el ámbito laboral, a fin de luchar contra la discriminación salarial entre sexos…

 

Fantásticas palabras escucharon los norteamericanos en el discurso de investidura de Barack Obama como presidente:

Sostenemos que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre ellos están la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad…Juntos, decidimos que una gran nación tiene que ocuparse de los vulnerables, y proteger a su gente de los peligros y los infortunios peores de la vida… Sabemos que los Estados Unidos prosperan cuando todas las personas pueden disfrutar de independencia y orgullo en el trabajo que hacen; cuando los salarios de un trabajo honesto liberan a las familias de estar al borde de la penuria…Seguiremos respondiendo a la amenaza del cambio climático sabiendo que, si no actuamos, traicionaríamos a nuestros hijos y a las generaciones futuras…

 

Se puede hacer un recorrido por los discursos de todos los Presidentes de Gobierno y Jefes de Estado del mundo, incluida la ONU. Podemos leer todas las sagradas Constituciones nacionales y sus magníficos principios. Absolutamente todos son dignos de admiración.

Nunca hubo problemas con las palabras, aunque dicen que “las palabras se las lleva el viento”.

Y reza un antiguo adagio marinero, que “el viento que hincha las velas decide el rumbo de la nave”. Hace tiempo que el ‘viento del sistema capitalista’ sopla fuertemente nuestras velas y sopla por los cuatro costados.

Así pues, las palabras no son problema. Los problemas llegan con los hechos, con las contradicciones, con las incoherencias, con las traiciones… ¡Ahí está el problema!

“buenas palabras y malos hechos engañan a los locos y a los cuerdos”.

 

Palabras como democracia, libertad, igualdad, derechos humanos, vida digna, paz, justicia,…que tan rotundas suenan en boca de políticos y gobernantes, se prostituyen en vana palabrería, o sonidos en el aire, en un sistema social de desigualdad. Las palabras pierden su alma, dejan de ser medio de comunicación y se tornan en instrumento de explotación y de manipulación.

Las palabras no resisten ante el espejo de los hechos. Los mismos gobernantes que tan sonoramente las pronunciaron, autorizan y practican la invasión, la discriminación, la tortura, el crimen, la guerra, el racismo, la colonización, la explotación, la esclavitud,…

Es suficiente con asomarnos al “Balcón del 2013”, contemplar y cuestionarnos: Alemania dirigiendo con mano de hierro a la Unión Europea; los buitres imperiales sobrevolando Cuba, Venezuela, Ecuador, Honduras,…y Latinoamérica minada de bases militares y de ávidas multinacionales; la “primavera árabe” ardiendo sin cesar con la participación interesada de las potencias occidentales y sus aliados petroleros africanos; Irán e Israel tensando la cuerda del terror y Afganistán humeando; EEUU tratando de frenar la expansión de China para lo que busca apoyo en sus socios tradicionales (Japón, Corea del Sur, Taiwán); el gran capital, con su insaciable voracidad, atacando las conquistas sociales, culturales y políticas, y con su explotación depredadora de la agricultura y los bienes comunes (agua, bosques, territorio, ambiente); los sindicatos debilitados, el trabajo precarizado, los salarios reducidos, campesinos explotados, recursos saqueados, desempleo acrecentado; los brutales cambios climáticos, producidos por las emisiones de gases, provocando costosos desastres en el planeta; resistencias sociales en progreso, protestas que se extienden como reguero de gasolina que tal vez acaben encontrando algún fósforo encendido…

 

Canta Fito Páez: Las palabras hacen trampa… Ahí se esconden muchos tontos importantes…Las palabras nos enseñan el coraje.

– ¿Que si creo en las palabras? Claro que sí, pero cuando no caminan solas…

Los discursos vacíos, las declaraciones huecas, saben a nada, sólo rinden tributo a la sagrada impunidad. Las palabras son saludables cuando se nutren de acciones vividas y sentidas.

 

Mirada Solidaria.es

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