De niño le enseñaron que “siempre hubo ricos y pobres… y siempre los habrá”. La fatalidad del destino. 

De joven le contaron que “la generación de riqueza por unos pocos beneficiaría inevitablemente a muchos”. La falacia capitalista del desarrollo.

De adulto se enteró de que “el subdesarrollo no es una etapa del desarrollo, sino su consecuencia”. Es decir, que el desarrollo desarrolla desigualdad.

De viejo comprobó que en 2012, en plena crisis económica mundial, las cien personas más ricas del planeta ganaron 240 mil millones de dólares netos. Con una cuarta parte de esa cantidad se podría acabar con la pobreza extrema en el mundo. Efectivamente, vivimos en un sistema económico global, injusto y criminal.

 

El 20 de noviembre la prensa habló de “oleada de violencia en Gaza”, cuando fue una oleada de bombas israelíes.

Ningún medio calificó de “oleada de violencia” la masacre en las torres gemelas de Nueva York.

¡Cómprese unas “Gafas Occidente”… y siempre verá el terrorismo en el otro lado!

 

Una empresa española que asesora a ejecutivos, directivos y empresarios promocionaba un seminario sobre la reforma laboral: “Saque el máximo partido a la Reforma Laboral 2012 para su empresa”.

Y anunciaba los puntos del programa: “¿Despido más barato? Ahora sí que sí” –  “Reducción de salarios. Por fin será una posibilidad real” –  “Se acabó el absentismo por faltas de asistencia”  – “Ha llegado la auténtica flexibilidad interna en la empresa” –  “Despidos objetivos por causas económicas, más fáciles de justificar” –  “Despidos colectivos para los que basta la decisión del empresario” –   “Adiós ‘despido express’… hola ‘nuevo despido express’”

(Enero 2013: el desempleo alcanzó los 6 millones de personas. Ese mismo mes el Gobierno afirmaba que ‘la Reforma está dando sus frutos’).

A veces los anuncios publicitarios sirven para dejar en evidencia una verdad negada.

 

Conversaba con su madre sobre la vida y la muerte, cuando se decidió a pedirle que llegado el triste caso, por la razón que fuere, de verse convertido en un vegetal, en un ser sin vida propia y cuya respiración asistida dependiera de máquinas, de una botella… ella fuera capaz de desenchufar los artefactos que lo mantuvieran con vida en estado vegetativo porque, en ese caso, él prefería morir.

La madre, la misma que le diera el ser, lentamente se incorporó de su sillón, se secó dos furtivas lágrimas y con la admiración reflejada en su rostro, tras besar a su hijo en la frente, desenchufó el televisor, el DVD, el cable de Internet, el PC, el MP3/4, la PLAY-2, la PSP, la WII, el teléfono móvil, el IPOD, la Blackberry y, finalmente, tiró a la basura todas las cervezas.

¡La madre que la parió!, exclamó entre espasmos su hijo poco antes de ser trasladado urgentemente a un hospital.

Así y todo, la gente sigue debatiendo si la eutanasia es un acto de amor, de dignidad, o de crueldad…

 

Comenta Julio Herrera: No hay quién hable mejor de la democracia que lo dictadores, ni quién hable más de lealtad que los traidores, ni quién alabe más la sinceridad que los hipócritas. Si hoy Judas Iscariote volviera sería “demócrata-cristiano”.

¿Y cómo calificar al ministro de finanzas japonés, Taro Aso? Clamó contra las unidades de reanimación y los tratamientos para prolongar la vida a los ancianos: “¿Por qué tengo que pagar impuestos para personas que solo comen y beben y no hacen ningún esfuerzo?”.

Para aliviar la carga fiscal, el ministro añadió: “El problema no se resolverá a menos que les dejemos que se den prisa y se mueran”. Al parecer, los ancianos dejaron de ser ‘rentables’.

El ministro considera “desechable” a esa cuarta parte de la población japonesa con más de 60 años. Se le olvida que él tiene 72.

 

Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las ‘Tendencias Mundiales del Empleo’,  el desempleo aumentó en 4,2 millones de personas a lo largo de 2012.

El empleo seguirá siendo en 2013 la gran víctima de la incertidumbre económica internacional, el desempleo aumentará en otros 5,1 millones, y la cifra de personas sin trabajo y en busca de una actividad remunerada alcanzará los 202 millones a final de año.

Cuando crece el desempleo, se agudiza la pobreza y se potencia la indignación.

Con razón dicen que la indignación tiene la edad de la injusticia.

 

El mochuelo

(febrero-2013)

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