Los cantos de sirenas del neoliberalismo quedaron en evidencia.    

Ha sido mentira que los beneficios del crecimiento económico automáticamente se derramarían hacia los menos favorecidos.

Ha sido mentira que “con la marea subirían todos los barcos, grandes y pequeños”, como nos cantaban los políticos, o que “el pastel tiene que crecer primero para poder repartirlo luego”.

El último informe de la OCDE contradice esas teorías neoliberales.

La desigualdad de ingresos ha aumentado a un nivel record en los últimos 25/30 años, tanto en las economías de ingresos bajos como en las de los altos”, dijo el autor del informe, Michael Forster.

 

Numerosos Informes Oficiales y públicos aturrullan con sus datos y corroboran el constante crecimiento de la brecha entre una reducida minoría de ricos y una inmensa mayoría de pobres.

El 1% más rico duplicó la proporción de sus ingresos, desde el 7,1% de 1970 al 14,3% en 2005.

Dice el Informe sobre la Riqueza Mundial (Credit Suisse): La fortuna de los 22,7 millones de personas, que tienen más de un millón de dólares y que son menos del 1% de la población mundial, ha alcanzado en 2011 la cifra de 89 billones de dólares, 20 billones más que el año anterior. Es decir, en 2011, esos multimillonarios eran dueños del 43% de la riqueza mundial.

Las exportaciones mundiales se multiplicaron casi cinco veces de 1990 a 2010. Pero el Índice de Capacidades Básicas (ICB) apenas aumentó en veinte años de 79,3 a 87,1 (en una escala en la que el valor 100 representa el mínimo necesario para una vida digna).

Es absolutamente verdad que el comercio mundial y el ingreso per cápita crecieron más rápidamente en la primera década del siglo XXI que en la década anterior, pero los avances contra la pobreza se ralentizaron.

La brecha se amplió por la distribución desigual de los beneficios de la prosperidad.

La Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Unctad) reveló el aumento de la miseria en los 49 países más pobres de la tierra. Entre 2000 y 2007 el número de personas en condiciones de extrema pobreza en esos países aumentó hasta 421 millones -cifra que duplica la existente en 1980-, pese a un crecimiento medio del producto interno bruto (PIB) del siete por ciento.

 

Con estas circunstancias, ¿qué podemos esperar? Pues, eso. Que cuanto más ricos, más pobres.
Y así nos encontramos que a la mitad de la población mundial le corresponde apenas un 1% de la riqueza del mundo, mientras sólo el 10% más rico disfruta del 83% de la riqueza del planeta.

Ya no caben las sorpresas repentinas e ignorantes. Este tema es rancio.

Hablamos de una desigualdad escandalosa y de una estructura económica actual que está exclusivamente al servicio del mercado total, apátrida, homicida de personas, genocida de pueblos. Una economía especulativa, financiera que rige el mundo y somete todo a la macrodictadura de la economía capitalista neoliberal, como dice P. Casaldáliga.

Cada año la FAO y el Banco Mundial publican las cifras del hambre: En torno a los 1.000 millones de personas pasan hambre en el mundo. Malviven con 1 dólar al día. Diariamente mueren entre 25.000 y 40.000 personas (la mitad niños) a causa de la pobreza extrema, es decir, mueren de hambre.

 

Y con juegos de datos nos ridiculizan a los países “desarrollados”.

* Si todos los habitantes del mundo consumiéramos al ritmo de Estados Unidos, necesitaríamos otros 4,16  ‘planetas tierra’ para satisfacer la demanda.

* Para facilitar la educación básica a todos los niños del globo bastarían seis mil millones de dólares. Los Estados Unidos gastan cada año en cosméticos la friolera de ocho mil millones.

* El agua y el alcantarillado básico de toda la población mundial quedarían garantizados con una inversión de nueve mil millones de dólares. El consumo de helados por año en Europa representa el desembolso de 11 mil millones de dólares.               
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“Habría salud elemental y buena nutrición de los niños de los países en desarrollo si se invirtieran 13 mil millones de dólares. Pero en EE.UU. y Europa se gastan cada año en alimentos para perros y gatos 17 mil millones; 50 mil millones en tabaco en Europa; 105 mil millones en bebidas alcohólicas en Europa; 400 mil millones en estupefacientes en todo el mundo; y más de un millón de millones en armas y equipamientos bélicos en el mundo”.

 

Y aparecen reflexiones de todo tipo.

* La pobreza por sí sola no genera un malestar social suficiente como para desatar un conflicto de mayores consecuencias. Es la desigualdad y la injusticia intrínseca que conlleva la que provoca las peores tensiones. Latinoamérica debe en gran parte su pasada inestabilidad política al hecho de ocupar el primer puesto en desigualdad social.

* El profesor Jeffrey D. Sachs afirma que el fin de la “pobreza extrema” en el mundo está a nuestro alcance. De lo contrario, conoceremos un mundo agitado por violencias y conflictos que hoy no imaginamos. Los pobres ya no aguantan más en la resignación por la supervivencia. Y son muchos los millones de personas que no están dispuestas a seguir soportando hambrunas, guerras y pandemias de exterminio. Se avecina el día en que ya no será posible detener a tanta gente desesperada mediante vallas de alambre o poniendo policías en nuestras playas y fronteras. Los inmigrantes del mundo hambriento van a ir en aumento. De ahí que la pregunta, ahora mismo, no es si los ricos pueden permitirse ayudar a los pobres, sino si pueden permitirse no ayudarles.

* Antes era el cristianismo el encargado de predicar e imbuir al mundo de entonces la idea de que es necesario que haya pobres que se salven por la resignación y la confesión, para que haya ricos que se salven por la caridad. Y ahora es el catecismo capitalista el que nos enseña todos los días que la libertad sólo es posible en sus democracias. Los cínicos del capitalismo repiten constantemente que las democracias populares reparten pobreza. Y lo repiten y se lo creen ellos, ellos que viven a cuerpo de rey no de su industriosidad, sino de lo que roban a sus conciudadanos y a los pueblos más o menos sometidos…

* Esa escandalosa distribución o bien es “irracional”, es decir, inconsciente, en cuyo caso el ser humano debe erradicar el sistema y exigir coherencia y racionalidad a sus dirigentes, o bien la distribución es “racional”, es decir, deliberada, en cuyo caso excluye perversamente a una gran parte de la humanidad y deben ser perseguidos como asesinos y genocidas.

 

– “Es muy sano y  muy humano pensar en todo  esto, a no ser que estén seducidos y embelesados con los cantos de sirena”, nos dijo aquel viejito cuando se alejaba.

 

Mirada Solidaria.es

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