La fuerza del miedo

¿Recuerdan el cuento del “Cuco” que Galeano refería al origen del miedo?

JUGANDO SIN PARAR, todos mezclados con todos, los chiquilines vivían en alegre revoltijo con los bichos y las plantas.
Pero un mal día, alguien, algún caminante de paso, llegó hasta aquel resto de estancia en los campos de Paysandú, y trajo el susto:
-¡Cuidado, que viene el Cuco!
-¡Viene el Cuco y te lleva!
-¡Viene el Cuco y te come!          

Olga Hughes advirtió los primeros síntomas de la peste del miedo. La enfermedad que no tiene farmacia había atacado a sus hijos numerosos.

Y entonces eligió, entre sus numerosos perros, al más raquítico, al más inofensivo y querendón, y lo bautizó Cuco.

 

Qué bien se describe en un comentario del blog de Francisco Blanco.

El miedo no es más que una perturbación angustiosa del estado de ánimo de cada cual, a la que se llega cuando nos acecha un riesgo o un daño que puede ser real o imaginario. Sentimos miedo por el recelo o aprensión que tenemos a que nos suceda lo contrario que deseamos.

De esta forma, el miedo mutila la esperanza, oscurece la voluntad, anula la razón, nubla el pensamiento, incapacita para la acción, genera resignación y anula la rebeldía. Esto lo saben bien quienes explotan el miedo colectivo en su propio beneficio, haciendo de la injusticia nuestra condenación.

El miedo es el gran nubarrón que oscurece las iniciativas. El responsable de que hagamos lo contrario a lo que nos dicta la conciencia.  La palabra que habla por nosotros obligándonos a decir lo contrario de lo que pensamos. El miedo es, en definitiva, quien nos lleva a los dioses, somete nuestros deseos a la voluntad ajena y justifica la obediencia debida.

Es fácil concluir, pues, que el miedo al castigo nos condena al silencio. El miedo a la muerte nos amarga la vida. El miedo a movernos nos lleva a la parálisis. El miedo a protestar nos reduce a la impotencia. El miedo a recordar la historia nos produce amnesia. El miedo a caminar en las manifestaciones nos produce cojera. El miedo a coger las riendas nos deja mancos. El miedo a pedir justicia nos hace mudos. El miedo a escuchar la voz de los sin voz nos vuelve sordos. El miedo a ver la realidad nos deja ciegos.

Y así, cojos, mancos, mudos, ciegos y sordos, vamos con nuestro miedo a cuestas por la vida mientras los beneficiarios del temor colectivo se hacen dueños de nuestras vidas, manteniéndonos escondidos tras los visillos de las ventanas domésticas, sin atrevernos a salir a la calle, esperando con resignación de corderos la llegada del ángel exterminador que nos lleve al matadero.

 

¿Y también los poderosos sienten miedo?, se preguntó.

Y recordó una frase del fundador de Kaos en la Red, Manel Márquez: “el poder no tiene miedo a la fuerza, sino a la gente organizada, a la gente que piensa”.

Xavier Caño Tamayo comentó la infamia de algunos gobiernos europeos que pretenden confundir a la opinión pública y equiparan violencia con las masivas movilizaciones ciudadanas contra sus desmanes. Un colega le respondió: “temen a la  ciudadanía”.    
Puso como ejemplo el caso del gobierno español que pretende encarcelar a ciudadanos no violentos con nuevas normas penales bajo el pretexto de ir contra los violentos. Por eso el comisario responsable de los antidisturbios de Barcelona declara que resistirse no es pacífico, aunque esa resistencia sea claramente no violenta. Incluso ha tenido la desfachatez de decir que Gandhi hubiera recibido golpes de sus antidisturbios. Según él, lo pacífico es marchar de un lugar público cuando la policía lo ordena. Si te quedas, aunque no hagas nada, no eres pacífico y atentas contra la autoridad. ¡Increíble!

Juristas españoles acusan al gobierno de descalificar a los huelguistas y de proponer normas para criminalizar a la ciudadanía pacífica que protesta. Un retorno a prácticas de la dictadura franquista.

Hace unos años, un senador estadounidense dijo que “en tiempos de guerra hay que abordar de otro modo las libertades públicas”. Para echarse a temblar. Lo hemos comprobado con muchas y graves violaciones de derechos y crímenes bajo la cobertura de guerra contra el terrorismo.

Criminalizar es una práctica antigua. Se exagera, miente, manipula y deforma lo que ocurre. Se magnifican incidentes violentos minoritarios o disturbios localizados, pero se oculta o minimiza la actuación responsable de quienes protestan en masa pacíficamente. Así preparan el escenario para arremeter contra todo lo que se mueva. No solo en España. Recuerden las movilizaciones no violentas de los últimos meses en Francia, Italia, Portugal, Grecia… Intentan deslegitimar a la ciudadanía, criminalizándola…

La violencia no la ejerce la ciudadanía. ¿Acaso los desahucios que dejan en la calle a cientos de miles, los recortes salvajes en sanidad y educación, las congelaciones o rebajas salariales y de pensiones, los despidos masivos, en fin, las continuas violaciones de derechos no son una agresión en toda regla contra la ciudadanía?…

Esa ciudadanía, que todas las constituciones reconocen depositaria de la soberanía y del poder político, puede acabar en la cárcel por estar contra sus gobiernos y expresarlo en la calle…

Crece una gigantesca resistencia civil contra los gobiernos europeos que actúan de modo autoritario y vulneran los derechos humanos de la mayoría. Gobiernos cada vez más ilegítimos. Por eso temen a la ciudadanía.

 

     

 

  La ventana del mochuelo

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Refer. www.franciscoblancoprieto.com/la-fuerza-del-miedo/ y   ccs.org.es/2012/04/20/temen-a-los-ciudadanos/)

 

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2 Respuestas a La fuerza del miedo

  1. Rafa dijo:

    Cierto, muy cierto. Como he oído decir a alguien hace poco: “Ya va siendo hora de que el miedo cambie de bando”.

  2. Juan Barrilero dijo:

    Muy oportuno. Este es un mal que nos afecta a todos de una u otra manera y nos paraliza.

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