Son superconocidas las viñetas de El Roto, el aguijón certero de Andrés Rábago.

Su reflexión aguda sobre la condición humana inmersa en un mundo en permanente conflicto le ha hecho merecedor del Premio Nacional de Ilustración 2012.

Belén Lorenzana le hizo una entrevista para el diario.es, de la que ofrecemos un extracto.

 

Sus dibujos plasman, ahora más que nunca, una realidad poco alentadora. “¿Paren el mundo que yo me bajo?”

Yo creo que al contrario. Lo que mis viñetas pretenden mostrar no es tanto una postura desesperada, sino una indicación de los errores cometidos y, por lo tanto, la posibilidad de enmendarlos. Es verdad que la sátira tiene unas funciones muy determinadas y no se puede esperar que haga elogios. Por eso trato de dar cuenta de los problemas que hay y, en ocasiones, apunto a vías de salida.

¿Y a quién hay que desenmascarar hoy?

El poder siempre es una forma de máscara. Partiendo de que todos somos iguales, todo aquello que nos sitúe en una posición de superioridad frente al otro es una máscara.

Hay mucho enmascarado. También en el lado de los que pretendidamente son solidarios y críticos.

 

No personaliza, como en sus viñetas.

No me interesan tanto los individuos concretos como aquello que representan. Como personas, las respeto. Pero en sus funciones, no.

 

Sin embargo, como arquetipos no duda en señalar, sin prejuicios, a los culpables.

La palabra culpabilidad es un término jurídico. Yo prefiero hablar de posibles errores. Es verdad que en muchos casos hay una voluntad de hacer daño, pero incluso esa voluntad en sí misma es un error. La culpabilidad conlleva un juicio que personalmente no soy capaz de hacer. Señalo los errores, pero no las culpas.

 

¿Y se atreve con todo?

Aquello que veo es lo que señalo. Procuro ser respetuoso, pero no silencioso.

 

En su libro Viñetas para una crisis dice que “todos hemos participado del monstruo que nos devora”.

Lo que está claro es que somos corresponsables de la realidad en la que vivimos. En mayor medida cuanto mayor es el poder, lógicamente. Pero todos hemos ido creando al monstruo.

Quizá no conscientemente. Es algo que ha ido surgiendo en nosotros, se ha ido formando y nos está devorando.

Creo que hay una locura colectiva. Una voluntaria en parte, pero también una involuntaria.

 

¿La recuperaremos?

Nos lo impide nuestra propia ceguera. Y ese desvelamiento necesario es tarea de cada uno de nosotros. El esfuerzo personal creo que debe estar en la dirección de recuperar la visión.

 

Pero hay unos dirigentes que toman medidas. ¿Son las adecuadas?

Yo creo que no. Se sigue profundizando en los errores. No veo que se estén modificando. Aunque, por otra parte, sí que creo que la situación que vivimos puede ayudarnos a modificar conductas, a crear condiciones más favorables. Puede haber un efecto beneficioso en las crisis. En las enfermedades, cuando se producen las crisis, es cuando el enfermo empieza a sanar.

 

¿Se refiere a la conciencia ciudadana?

A la conciencia y a los hábitos de vida, que están profundamente enfermos.

 

¿No le parece que existe ya una batalla entre los poderes que dirigen todo y la ciudadanía que se ve indefensa y se rebela?

Es así y no es así. Los poderes lo pueden todo… si nosotros se lo permitimos. Y esa dejación de nuestra responsabilidad es lo que les facilita su poder.

Creo que estamos intentando comprender las cosas desde los lenguajes y mecanismos que las han producido. Y la comprensión y la salida no van a estar ahí. El territorio en el que nos han metido es el territorio de lo cuantitativo, en el que todos hemos entrado. Si mantenemos el discurso de lo cuantitativo, si no salimos de él y no derivamos hacia un lenguaje distinto, inevitablemente vamos a encontrarnos en el mismo lugar al que nos han llevado. Creo que lo que tendríamos que hacer es introducir el elemento cualitativo en nuestros lenguajes y dejar de lado el cuantitativo. Vivimos en un mundo numérico y yo no quiero vivir en un mundo numérico. Quiero vivir en un mundo de experiencia y emociones que no tienen que ver con lo cuantitativo.

 

¿Pero lo cuantitativo no influye directamente en la calidad de vida de las personas?

Influye básicamente en el lenguaje y en la formulación de nuestras respuestas. El lenguaje que estamos utilizando nos lleva inevitablemente a su trampa, a sus escalas de valores, a su dominio. Creo que es obligado salir de su trampa. Su dominio deja de serlo si nosotros no entramos en él.

Yo no tengo respuestas a la crisis. Trato de tenerlas para la persona, pero no para la crisis a la que nos han llevado… No soy un técnico que sepa cómo se pueden arreglar las cosas dentro del esquema que ellos tienen planteado, porque mi posición es que no debemos entrar en ese esquema. Es verdad que están ahí los problemas, pero entiendo que la salida no se va a producir a través de los mecanismos creados, sino a través de otros mecanismos que se irán formando a partir del desarrollo de la conciencia del hombre.

 

“Gracias a las nuevas tecnologías, me informo al segundo y lo olvido al instante”, apunta en una de sus viñetas. Exceso de información y a gran velocidad. ¿Es posible tener algo claro?

No es posible. Y creo que estamos justamente en el momento de mayor gravedad porque no tenemos una visión clara de las cosas. Para clarificar la visión necesitamos de una mayor austeridad de los medios y de nosotros mismos. Hay una especie como de necesidad de estar continuamente acaparando datos o informaciones que no nos llevan a una mayor comprensión. La comprensión no parte del hecho de que haya una mayor cantidad sino de la calidad de la información.

 

Dice en su libro que nos hemos quedado “mudos por el uso reiterado de palabras e ideas ajenas”. ¿Hace referencia a la influencia de los llamados líderes de opinión?

Esos son probablemente los mayores responsables de la situación. Esas personas deberían ser apartadas de nuestras vidas. Y no es demasiado complicado, simplemente tienes que apagar la radio y dejar de escucharlo. Hay una responsabilidad de cada individuo en esa situación. Ellos pueden hablar todo lo que quieran pero, si nadie les escucha, dejarán de pagarles.

 

 

¿Nos hemos convertido en el “hombre masa” de Ortega y Gasset?

Podríamos llegar a esa despersonalización del individuo, pero cada individuo es responsable de aquello que mira. Toda mirada es una traducción y esa traducción la hace el individuo. Aquello que mira no es algo ajeno a él, es un territorio propio y, por lo tanto, es responsable de la imagen recibida.

Pararse hoy a reflexionar sobre algo parece casi un acto de rebeldía. Es un acto de responsabilidad.

 

¿Y cómo combatir el secuestro de los medios de comunicación por parte de los poderes económicos y políticos?

Yo creo que no hay otra alternativa que la conciencia personal insobornable.

 

Mirada Solidaria.es

 

    Refer. http://www.eldiario.es/cultura/Andres-Rabago-Roto-penetracion-personas_0_74542884.html

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