Yo era un niño recién nacido                                                         

y una bala atravesó mi cabeza

en nombre del “orden establecido”

cuando iba en brazos de mi madre

durante una protesta callejera.

 

Yo era tan solo un chaval

y me descuartizaron tres “números”

cuando viajaba a una fiesta de familia

confundiéndome con un “terrorista”.

Pero nadie me ha tenido en cuenta

en las manifestaciones contra el terrorismo.

 

Yo era una vulgar inmigrante

sin salario ni papeles ni casa fija

y unos neonazis de paisano

acabaron con mi vida de color

porque “aquí no había sitio para mí”.

 

Yo era un pobre campesino español

que emigró al país de nunca jamás

porque en el mío se hacían más cetmes que tractores.

 

Yo era un analfabeto con buena talla

y un día me dijeron “hazte guardia”,

porque no había que estudiar ni nada.

 

Yo era un cristiano corriente y moliente

y me pasé gran parte de mi vida viendo al papa

viajar al este para atizar la revolución,

al oeste para condenar la guerrilla

y al mundo entero como emperador de las conciencias.

 

Yo era homosexual

y me llamaban mariquita porque no sabía disparar.

 

Yo era la “derecha civilizada”

defendiendo por la mañana al no nacido

y exigiendo por la noche la pena de muerte

para el “mal nacido”.

 

Yo era la izquierda del cambio

y de pronto descubrí cuán buena era la legión

y cuán benemérita la guardia civil.

 

Yo era un deficiente mental o minusválido psíquico

y la madre teresa no me trajo caramelos

ni me subvencionó la confederación católica de padres

ni me sacó de la miseria la conferencia episcopal.

 

Yo era un mendigo callejero

que me juntaba con los que venían de las pateras

y los profesionales de la caridad, la libertad y la justicia

no organizaron gigantescas manifestaciones

para salir en defensa de mi vida infrahumana.

 

Yo había sido de joven objetor de conciencia

pero me apunté a un partido, me hicieron ministro

y aumenté el presupuesto para armamento nacional.

 

Yo pedía la paz a gritos

y me detuvieron por dar guerra.

 

Yo me apunté para ir al frente

donde gané una medalla por matar a mil.

 

Yo morí en la guerra y me olvidaron.

 

Yo nací

y pude sobrevivir al odio y la injusticia.

 

Yo no nací

y condenaron a mi madre por abortarme.

 

¡yo

Ciudadano de este mundo hipócrita!

 

Rafael Plaza

 

 

(Publicado en Argenpress Cultural, 20.11.2011)

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