El título parece exigir una disculpa, aunque se trate de una expresión del lenguaje coloquial en España.

Eso sí, por muy malsonante que sea, ojalá la violencia entre los seres humanos nunca traspasara el nivel de la palabra.

La expresión adquiere verdadera gravedad cuando, además, representa una práctica violenta, un atropello, un atraco, un abuso, una vejación, un crimen,…

 

La palabra crisis, por ejemplo,  es un vocablo nada vulgar, pero encierra una violenta práctica global que genera un atroz sufrimiento a la inmensa mayoría de la Humanidad.

Países como España, Grecia, Portugal y otros muchos más, se han convertido en mercadillos, donde no paramos de sorprendernos con las cosas que se ven y se escuchan: las tonterías que se dicen, las sinvergüencerías que se tapan, las corrupciones que se silencian, las mentiras que nos cuentan…y los agobios que padece la ciudadanía.

En la prensa española, por ejemplo, aparecen videos en los que el presidente del gobierno y sus ministros defendían a capa y espada, hace año y medio, exactamente todo lo contrario de lo que hacen actualmente. ¡Qué ridículo!

Las encuestas evidencian que la ciudadanía desconfía de todos los políticos y gobernantes, ya sean de derechas o de izquierdas. ¡No nos representan!, gritan en las manifestaciones.

Y en medio de todos esos ‘mercadillos’ de la crisis vamos encontrando realidades verdaderamente sangrantes: desempleo, desahucios de viviendas, miseria, desesperación, suicidios,…

Sigamos con el ejemplo de España.

 

Aumentan los suicidios porque los bancos están quitando sus casitas a la gente humilde, son los famosos “desahucios”. ¡Están echando a la gente humilde a la puta calle! La última, una mujer de 53 años que se arrojó por la ventana en la ciudad de Barakaldo. En los últimos años se han ejecutado en España más de 400.000 desahucios por los mismos bancos que han recibido dinero público por más de 100.000 millones de euros. (En Grecia un tercio de la clase media perdieron sus casas como consecuencia de la crisis; desde septiembre del 2008 se efectuaron en Estados Unidos alrededor de 3,8 millones de ejecuciones hipotecarias).

Ahora en España empieza a preocuparles el tema a los políticos, que antes autorizaron los desahucios a favor de los bancos.

Ahora empieza a preocuparle el problema al presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Rouco Varela, que el pasado mes de junio echó de la catedral de la Almudena a los desahuciados allí concentrados para protestar simbólicamente.

Ahora los jueces están solicitando una reforma de la legislación española en materia hipotecaria para evitar el drama de los desahucios. Al parecer, las leyes hasta ahora, por injustas que fueran, estaban por encima de las conciencias.

Ahora el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha declarado públicamente que la legislación vigente en España respecto a los desahucios vulnera la normativa comunitaria, porque no garantiza la protección eficaz de los consumidores. ¿Cuántas más leyes españolas y europeas están vulnerando impunemente los derechos humanos?

La española Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) lleva años luchando, recogiendo más de 500.000 firmas, denunciando a los dos grandes partidos (PP y PSOE) por bloquear las iniciativas que ofrecieran soluciones para las personas que pierden su casa (dación en pago retroactiva, moratoria inmediata de los desahucios de viviendas habituales y alquiler social de las viviendas que de forma ilegítima acumula la banca…).

“La ONU, la sociedad civil, los sindicatos, los medios de comunicación, hasta la policía,… todos han hablado del drama de los desahucios en España y los gobernantes nunca han querido saber nada”. Los activistas contra los desahucios han sufrido “criminalización y decenas de multas y detenciones”.  Hoy parecen algo más contentos, porque saben que la lucha no les ha salido gratis, pero son conscientes de que “mientras un conflicto está invisibilizado no existe”.  Y siguen esperando que la mala gestión de las entidades bancarias, “causante de un verdadero genocidio financiero”, sea castigada. Porque, al fin y al cabo, “la impunidad es incompatible con la democracia”.

 

Mundo al revés: La injusticia de los poderosos triunfa, mientras los humildes ahogan en silencio sus derechos. Cuenta I. Escolar que “la mayoría de las familias que son desahuciadas en España por no poder pagar su hipoteca no lo cuentan. No se atrincheran para aguantar ante la policía que llega con la cruel orden de desalojo. No llaman al 15-M ni tampoco a las cámaras de televisión. No se resisten ni luchan. Les mienten a sus vecinos, les dicen que se mudan a otro barrio o a otra ciudad, que les ha salido un trabajo fuera, que ya escribirán…Piden al banco entregar las llaves en el juzgado o en la sucursal para evitar que nadie más se entere. No quieren pasar por el oprobio de que la gente les vea como fracasados. No quieren afrontar su derrota”.

Según datos del Consejo General del Poder Judicial, en España se producen 517 desahucios de media al día. Cada 167 segundos hay una familia en España que tiene que abandonar su vivienda, envolver su vida en papel de periódico, guardar sus ilusiones en cajas de cartón, meter su orgullo entre plástico con burbujas y cerrar la puerta por última vez, sabiendo que dejan atrás sus ahorros y su casa, pero que sus deudas se quedan.

 

Como dice Ignacio Escolar, así son las santas leyes del libre mercado: tras años de privatizar los beneficios hemos socializado las pérdidas, pero no las de todos. Hemos rescatado a la banca, a las autopistas e incluso a los fabricantes de armas: el presidente Mariano Rajoy aprobó para el sector militar un crédito extraordinario de 1.782 millones de euros hace unas semanas, dentro de “los presupuestos más sociales de la historia”. Solo en el 2010, el sector financiero se llevó 87.497 millones de euros del dinero público: el 99,59% de todas las ayudas contra la crisis de ese año. Hay argumentos poderosos para justificar el rescate a la banca: el mejor de ellos, que la alternativa es aún peor. Sin embargo, no hay cínico capaz de argumentar que un Estado que se dice democrático tenga océanos de dinero para salvar al sector financiero, pero no encuentre un par de cubos para rescatar a los desahuciados.

Si la banca es “sistémica”, también tienen que serlo las familias.

 

 

 

           La ventana del mochuelo

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