Comenzó como aquel famoso poema “Sé todos los cuentos” de León Felipe:

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto… 

 

Que se considera más importante salvar el Mercado que las vidas humanas. Los Estados gobiernan para los mercados financieros y no para los pueblos. Se ha castigado a los inocentes y los culpables han sido recompensados.

Que se ha oficializado el fraude: cientos de miles de millones de dinero público se inyectan a los bancos privados, lo que supone  acrecentar la deuda nacional, aunque eso conlleve imponer más recortes sociales a la ciudadanía.

Que rige a sus anchas la lógica del sistema capitalista: nunca hay recursos para salvar vidas, para erradicar el hambre, para reducir la degradación ambiental, para producir medicamentos y distribuirlos gratis… Pero tratándose de la salud de los Bancos, el dinero aparece en un abrir y cerrar de ojos.

 

Que llaman democracia al simple hecho de introducir unas papeletas en urnas para votar “a ciegas” a personajes ya elegidos de antemano por los partidos políticos o por grupos económicos. El mismísimo presidente de Estados Unidos no puede nombrar a su ministro de economía; desde hace siete administraciones lo elige Goldman Sachs, el mayor grupo bancario del mundo.

Que la soberanía popular ha sido usurpada y ridiculizada. Muchos de los gobernantes votados son hijos del capital, y al capital van a representar y a servir antes que a la ciudadanía. Es maravilloso constatar en dónde trabajaban los ministros antes de ser ministros, y a dónde vuelven cuando terminan su mandato.

Si queda alguna duda, lo dijo hace dos días el presidente del BCE, Mario Draghi: “Muchos gobiernos deben darse cuenta de que perdieron su soberanía nacional hace tiempo… ahora dependen de la buena voluntad de los mercados financieros”.

 

Que el saco de mentiras de los gobernantes es inagotable: Los rescates de los bancos iban a servir para facilitar préstamos a la ciudadanía y a las empresas, pero los bancos utilizaron el dinero para otros negocios. Las reformas laborales iban a producir más empleo, pero están produciendo más despidos y salarios más bajos. Las cargas de la crisis iban a repartirse entre todos, pero se han rebajado impuestos a los ricos y se aumentaron para la ciudadanía que precisamente no fue la que provocó la crisis.

Que la Comunidad Europea, que los Organismos Internacionales, que las Cumbres de Gobernantes,…también engañan sin cesar a los pueblos.  ¡Cuán lentas son las decisiones de tan ilustres Organismos y cuán rápido avanzan el desempleo, el hambre y la miseria!

‘Es que la dinámica democrática es lenta’, nos dicen. Pero, oigan ¿acaso, en una verdadera democracia, puede haber algo más urgente que la vida de las personas?

 

Que los gobernantes se ufanan de “no temblarles la mano a la hora de tomar medidas duras para la ciudadanía”. ¿Para, o contra la ciudadanía…?

Los que tienen admiten como natural el despojo del que no tiene.

“No les tiembla la mano…” porque seguro que ellos y sus familiares nunca van a tener problemas de transporte ni de comedor escolar, ni de subida de matrículas, ni de becas, ni de atención hospitalaria, ni de un puesto de trabajo, ni de vivienda, ni de pensiones, ni de dinero,… ¡No es lo mismo imponer recortes que sufrirlos!

Que las desigualdades sociales crecen en todas partes del mundo. Lo dicen los Informes Oficiales. Según la ONU el 1% más rico (37 millones de personas en toda la tierra) posee el 40% de los activos mundiales. El 10% acumula el 85% de la riqueza global. En EEUU, el 1% de la población posee el 40% de toda la riqueza. La brecha entre ricos y pobres en los países de la OCDE ha alcanzado su nivel más alto en 30 años. En Alemania la mitad más pobre de la sociedad sólo tiene el 1% de los activos, mientras que el 10% más rico concentra el 53%. El Estado español encabeza el ranking de la desigualdad en la Unión Europea, con el mayor diferencial entre las rentas altas y las rentas bajas (“Los millonarios españoles engrosan sus fortunas durante la crisis”). Paraguay es probablemente el país más desigual y de más contradicciones en el mundo, el 2% de su población es propietaria del 82% de las tierras, y unas 300 mil familias campesinas no tienen un lugar donde cultivar. Colombia es hoy el país más desigual de América Latina y el tercero del mundo, después de Haití (26 millones de colombianos están en la olla; el 9% más rico de la población se alza con el 60% del PIB). Durante la crisis alimentaria de 2008, el aumento del número de pobres en México fue de 5 millones de personas.

En fin, un crimen extendido por todos los Continentes…

Como diría F. Betto, cualquier amenaza a la lógica acumulativa del sistema es una ofensa al dios de la libertad occidental o de la libre iniciativa.

La pobreza es fruto de la desigualdad, y la desigualdad fruto de la injusticia.

 

Que a los gobernantes tampoco les tiembla la mano a la hora de criminalizar y reprimir las manifestaciones ciudadanas. Y para ello endurecen los Códigos Penales y protegen impunemente actitudes represivas de las fuerzas del orden. Y consideran violencia toda protesta por muy pacífica que sea.

¿Pero cómo puede ser delito el derecho de manifestación, y que un pueblo pueda mostrar su descontento y su repulsa, y que la ciudadanía pueda ejercer resistencia pasiva…?

Como diría Julio Cortázar: «Es necesario comprender quién pone en práctica la violencia… si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella»

 

Y León Felipe terminaba su poema:

Yo no sé muchas cosas, es verdad,

Pero me han dormido con todos los cuentos…

Y sé todos los cuentos.

 

Mirada Solidaria.es

 

(Refer. Artículo Frei Betto  ¿Salvar vida o salvar el capital?. Adital)

 

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