En la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, más conocida por Rio+20, afloraron miles de datos y estadísticas, que por muy graves y escandalosas que fueran terminaron ahogadas en las carpetas. Hubo los discursos y las declaraciones de rigor, los que exigía el ritual, y cuyo efecto terminaba con los aplausos de la sala. Nada de diálogos ni discusiones, todo estaba previsto, todo estaba decidido por quienes suelen decidir, todas las conclusiones estaban escritas previamente a la Cumbre. También la palabra “fracaso” estaba escrita antes del inicio.

Hubo también  sencillas intervenciones, como la del presidente de Uruguay, José Mújica, que los medios comerciales silenciaron. ¿Acaso las palabras de Mújica carecían de sentido y de importancia?

Dijo cosas como estas:

 

El modelo de desarrollo y de consumo es el actuar de las sociedades ricas. Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar?…

Más claro: ¿el mundo tiene los elementos hoy, materiales, como para hacer posible que 7.000, 8.000 millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales? ¿Será posible? ¿O tendremos que dar algún día otro tipo de discusión?

 

Hemos creado una civilización hija del mercado, de la competencia, que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo. Pero lo que fue economía de mercado ha creado sociedades de mercado, y nos ha deparado esta globalización. ¿Y estamos gobernando a la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros? ¿Es posible hablar de solidaridad y estar todos juntos en una economía que está basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad?

El desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis no es ecológica, es política. El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado. Sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre.

 

¿Y la vida? Porque no venimos al planeta para desarrollarnos en términos generales. Venimos a la vida intentando ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Porque ningún bien vale como la vida y esto es elemental.

¿Pero si la vida se me va a escapar trabajando y trabajando para consumir…? La sociedad de consumo es el motor, porque en definitiva, si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía, es el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros.

Pero ese hiperconsumo a su vez es el que está agrediendo al planeta. Y tiene que generar ese hiperconsumo cosas que duren poco porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica no puede durar más de mil horas prendida. Pero hay lamparitas eléctricas que pueden durar 100.000, 200.000 horas. Pero ésas no se pueden hacer. Porque el problema es el mercado. Porque tenemos que trabajar. Porque tenemos que tener una civilización de uso y tire. Y estamos en un círculo vicioso.

 

Estos son problemas de carácter político que nos están diciendo la necesidad de empezar a luchar por otra cultura. No se trata de plantearnos volver al hombre de las cavernas ni tener un monumento del atraso. No podemos indefinidamente continuar gobernados por el mercado, sino que tenemos que gobernar el mercado. Por eso digo que el problema es de carácter político.

 

Los viejos pensadores (Epicúreo, Séneca, los aymaras) lo definían, pobre no es el que tiene poco, sino el que necesita infinitamente mucho y desea y desea y desea más y más. Esta es una clave de carácter cultural.

Tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua, que la crisis de la agresión al medio ambiente, no es una causaLa causa es el modelo de civilización que hemos montado y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.

 

Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las ocho horas de trabajo. Ahora están consiguiendo seis horas. Pero el que consigue seis horas se consigue dos trabajos y por lo tanto trabaja más que antes. ¿Por qué? Porque tienen que pagar una cantidad de cuotas. La motito que compró. El autito que compró. Y pague cuotas y pague cuotas. Y cuando quiere acordar es un viejo reumático como yo y se le fue la vida.

Uno se hace estas preguntas: ¿ése es el destino de la vida humana? Estas cosas son muy elementales. El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana, del amor, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental.

Precisamente eso es el tesoro más importante que se tiene. Cuando luchamos por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama la felicidad humana.

 

Mirada Solidaria.es

 

 (Fuente: http://otramerica.com/radar/pepe-mujica-tenemos-que-gobernar-al-mercado/2115)

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