Los países europeos han cambiado de gobiernos, de izquierdas y de derechas. Así en Grecia, en Italia, en Portugal, en Irlanda, en España…

Todos los gobernantes prometieron beneficios sociales para la ciudadanía y el pueblo los votó, resultando elegidos democráticamente.

Con todos ellos, los pueblos están sufriendo terribles ajustes, recortes y medidas perjudiciales. De nada sirvieron las promesas.

Fuerzas externas (que llaman “mercados”) maniataron a los gobiernos e impusieron medidas drásticas incompatibles con la soberanía nacional (aumento de impuestos, reducción de salarios, despidos de trabajadores, recortes sociales sanitarios y educativos…). Para nada sirvieron los votos ciudadanos. Para nada sirvieron las ideologías de izquierdas y derechas.

 

En Estados Unidos los gobiernos decidieron salvar a la banca, a las aseguradoras y a las grandes empresas. Más de un millón de millones de dólares fueron invertidos. Se premió a los responsables de la crisis. Y EEUU se convirtió en modelo universal.

Al mismo tiempo miles de empresas cerraron, aumentó enormemente el desempleo y millones de familias perdieron sus casas.

El país de Estados Unidos, llamado “principal democracia del mundo”, fue sometido por los poderes financieros.

Nada tiene de extraño. En las elecciones presidenciales y legislativas de este llamado “modelo de la democracia” un reducido grupo de multimillonarios tienen más influencia que millones de ciudadanos. Según cifras del Centro para la Integridad Pública (Center for Public Integrity), el 80 por ciento de los fondos electorales estadounidenses provienen de sólo 100 donantes. ¿Será igual democracia que plutocracia?

 

También con tono democrático se utiliza el nombre de “Comunidad Internacional” que traducido significa: Estados Unidos y sus aliados. Un imperialismo colectivo.

Todo cabe en tan noble alianza: el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, la OTAN, el G-7… todos ellos Organismos votados por nadie.

“Alianza internacional” que no necesita de la diplomacia ni de consensos en la ONU. Cuentan con superioridad militar y tecnológica y con eso es suficiente para atacar y ocupar países ricos en recursos naturales. Así  ocurrió en Afganistán, Irak, Libia, África subsahariana,…

Como Reyes Magos siempre guiados por una estrella: sus intereses económicos.

En nombre de la libertad y para exportar la democracia, invaden países, utilizan drones y  armas de destrucción masiva, dictan leyes permisivas de la tortura, autorizan encarcelamientos  ilimitados para sospechosos indefensos.

Y como poderes supremos disfrutan de total impunidad en todos sus movimientos.

 

Los países latinoamericanos son tratados como menores de edad. Los políticos y sus voceros mediáticos norteamericanos y europeos se encargan de definir cuáles países son democráticos y cuáles son simplemente populistas o nacionalistas.

No importa que en América Latina exista una voluntad popular de cambio, que los procesos de cambio sean diversos y hermosos. Los países ricos del norte se consideran con derecho  a tomar examen de democracia a todos los demás. Nunca perdieron sus aires coloniales.

El gran pecado de algunos países latinoamericanos ha sido querer recuperar sus recursos nacionales que hasta ahora saqueaban las transnacionales occidentales. Y por eso están marcados con negro Venezuela, Bolivia, Argentina, Brasil, Nicaragua, Ecuador, Uruguay… Y por eso están sufriendo terribles campañas de desestabilización y desinformación fraguadas por los gobiernos occidentales, sus transnacionales y sus medios de comunicación.

El pecado se agrava si esos países desean coordinar sus intereses y buscan entendimientos asociativos (Celac, Unasur, Mercosur, Banco del Sur…) que supondrían un paso trascendental para lograr verdadera independencia. Y como Adán y Eva son condenados por desear y comer la fruta prohibida de la independencia y la soberanía.

Según las potencias occidentales, los “buenos demócratas” son los otros países que firman Tratados de Libre Comercio, que firman acuerdos leoninos y permiten que los recursos y capitales nacionales marchen hacia las urbes norteamericanas y europeas. Ellos figuran en la lista de “amigos”: Colombia, Chile, Perú, México y gran parte de Centro América…

 

Hace unos días se celebró la Cumbre de la Tierra para el Desarrollo Sostenible Río+20, organizada por la ONU y a la que asisten más de cien líderes mundiales. ¿Quién se enteró? Tenemos preocupaciones muy paradójicas: decimos estar inquietos porque nuestros hijos van a vivir peor que nosotros y no nos importa nada destruir el mundo en el que van a vivir.

Cumbre significa reunión de alto nivel para dialogar y adoptar acuerdos en común. Un ejercicio democrático.

¿Y si sólo hay monólogos y discursos, sin discusiones ni diálogos? ¿Y si cuando se inicia la Cumbre hay unas conclusiones ya decididas y no hay lugar a negociaciones?

¿Y si esas conclusiones preconcebidas responden a la presión y al guión de las transnacionales, reunidas una semana antes (Corporate Sustainability Forum), exigiendo la privatización y comercialización de áreas, recursos y servicios de la naturaleza que son fundamentales para la vida (tierras, agua, alimentos…)? Alegan que estas compañías son claves para la sostenibilidad ambiental y el desarrollo de los países del Sur Global.

Sin embargo, la sordera institucional impidió escuchar las voces de los científicos (Panel Intergubernamental Sobre Cambios Climáticos) avisando del peligrosísimo proceso de destrucción del Planeta. Ni escucharon a decenas de miles de personas movilizadas por la Cumbre de los Pueblos (integrada por más de 335 organizaciones de la sociedad civil) gritando en defensa de la Tierra y contra el “capitalismo verde” o capitalismo disfrazado de ecologismo, denunciando que esas corporaciones multinacionales son precisamente las principales causantes de la fuerte crisis ambiental y de la violación sistemática de los derechos humanos.

¿Se puede hablar, entonces, de la Cumbre de Río como ejercicio democrático?

 

Siempre primero el dinero, mucho dinero. Cientos de miles de millones para rescatar a los bancos. Para las arcas del FMI otros 456.000 millones de euros…

¡Cuánto dinero! ¿Será que una democracia de calidad no tiene precio…?

 

Mirada Solidaria.es

 

  1. Oxuan
    02 Jul 12 13:50

    Pues estos y otros escritos semejantes son los que me tienen bastante retirado de la prensa diaria (salvo de vez en cuando los titulares) y de la mayoría de los libros “habituales”. ¡ Yo pecadooorrrrrr ??? !

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