Calladamente camina el peligro

Lo aseguraba Walter Goobar: “El gobierno nacional y la Cancillería argentina abortaron la instalación de la base del Comando Sur”.

La iniciativa de El Chaco era una iniciativa subrepticia del Comando Sur, utilizando al gobierno de la provincia y apelando a una vieja ley que subsistía de la época de la dictadura.

Pero la actitud del gobernador de El Chaco colisionó con la política del gobierno nacional y éste malogró el proyecto.

¿Cuánta influencia habrá tenido la importante lucha llevada a cabo por la sociedad chaqueña?

¡Ojo vivo! Estados Unidos ahora aplica una forma diferente de penetración en América Latina. Ya no llama Bases Militares a sus bases militares, ahora son: Emplazamiento Cooperativo de Seguridad, CSL (según sus iniciales en inglés) o Emplazamiento Adelantado Operativo, FOL.

Después de controlar todo el cinturón del Caribe, EEUU avanza hacia el sur del Continente.

 

Lo dijo Marcela Suazo, directora regional para América Latina y el Caribe del Fondo de Población de las Naciones Unidas: “Esta clase de violencia es la más callada, la más oculta, la más invisibilizada y por lo tanto la más impune”.

Se refería a la violencia sexual que sufren las mujeres en Centroamérica y su desamparo ante la justicia, por muy sonoras que sean las leyes protectoras sobre el tema.

Entre 2008 y 2010, en El Salvador fueron presentadas 8.108 denuncias de violencia sexual y apenas el 6% concluyeron con sentencia condenatoria.

En Nicaragua, en 2008, ingresaron a los tribunales 1.133 denuncias por violencia sexual y apenas el 15% fueron condenatorias.

Y así en México, Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

A la falta de denuncias por vergüenza, por temor, o por falta de medios de las víctimas, se suma la falta de respuesta efectiva de las autoridades y el sistema desigual del poder entre los hombres y las mujeres.

Las principales víctimas continúan siendo las menores de edad,  niñas y adolescentes entre 12 y 18 años de edad. Y así, en callada indefensión, sufren violencia como personas de inferior categoría, como mal llamado “sexo débil”.

 

El 15 de mayo entró en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos. Un Tratado tejido sigilosamente durante los últimos años.

Todo un sueño para el presidente Santos, que parece olvidar las declaraciones del ex secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, cuando afirmó en 2005: “nuestro objetivo con el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del polo Ártico hasta la Antártica, libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad, para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”.

También fue un sueño para Uribe, por lo que abrió el territorio a las tropas norteamericanas e impulsó la privatización en todos los sectores de la economía.

A tajadas, las multinacionales norteamericanas se van apoderando de los sectores económicos: las eléctricas de Boyacán, Pereira, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander, Meta y Termocandelaria; enormes extensiones de terreno para la extracción de minerales, construcción de hidroeléctricas con las consecuentes afectaciones a los pobladores originales y al medio ambiente. También se privatizaron el Banco Popular y el Colpatria y la mayoría de las grandes y medianas industrias estatales; la minería e inmobiliaria, servicios de agua potable, alcantarillado, la salud, seguros y educación…

A rebanadas se está perdiendo la soberanía del país. Nadie, salvo Washington podrá modificar el texto del Tratado con las consabidas ventajas a su favor. Colombia se compromete a favorecer la entrada y libre actuación de transnacionales estadounidenses en el país, sin tener éstas que responder por reclamaciones ambientales, despidos laborales y violaciones de derechos humanos.

A qué viene la euforia del presidente Santos. Colombia se ha convertido en un apéndice para el desarrollo de la economía estadounidense, que se apoderará de todos sus tesoros naturales, económicos y financieros.

Se llama “a cuerdo libre” al Tratado entre un elefante  y una hormiga. Uno de los datos aportados por el senador Jorge Robledo dice: las exportaciones de Estados Unidos hacia Colombia se incrementarán 40 %, mientras que ese país solo va a importar 6 %…Nos va a ir bastante mal, significó, porque las cifras son desestabilizadoras del aparato productivo colombiano.

Las autoridades colombianas insisten en que Colombia es un país rico, que tiene un Producto Interno Bruto de 450 mil millones de dólares y enormes recursos minerales, y es verdad, pero callan que más de 25 millones de los 46 millones de sus habitantes viven en la pobreza y cinco millones se van a dormir diariamente sin comer. Y el abismo entre ricos y pobres crece sin cesar (el sector financiero multiplicó por 8 sus beneficios en los últimos 8 años).

Crece la riqueza al mismo tiempo que aumentan los índices de pobreza y de desempleo. Las ganancias vuelan hacia los países origen de las transnacionales y hacia las arcas de una reducida oligarquía nacional. Y todo silenciosamente.

Lo dijo sonriendo: “Colombia espera grandes beneficios del TLC con Estados Unidos”

– Grandes qué…?, Sr. presidente Santos.

 

Sigilosamente avanza el peligro. Inexplicablemente también en silencio aprendió el pueblo latinoamericano a compartir su pobreza, a defender su dignidad y a fortalecer su solidaridad.

 

Mirada Solidaria.es

 

Referencias: Comentario sobre base en Chaco de Indira Carpio Olivo y Ernesto J. Navarro (AlbaCiudad); Comentario sobre violencia sexual en Mesoamérica: http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=100910; Artículo “TLC contra soberanía económica”, Hedelberto López Blanch (Rebelión)

 

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