Según el Gobierno español, la banca española era de las más saneadas de toda Europa. Bueno, pues desde 2008 el Gobierno entregó a los bancos dinero público por importe de 36.000 millones de euros (alguien dice que más de 100.000 millones).

¿Qué hicieron con ese dinero, porque lo cierto y verdad es que no han concedido créditos a las familias y a las empresas, que por lo visto es el principal objetivo de los bancos?

Pues, si no fuera bastante, acaba de aprobarse la Ley de Reforma Financiera (16/2/2012) por 303 votos a favor (de izquierdas y de derechas: PP, PSOE, CIU, PNV. CC y UPN), 28 en contra y 6 abstenciones. Hablamos de concederle a la Banca otros 52.000 millones de euros para su saneamiento y para cumplir su función esencial de hacer préstamos a las empresas y a las familias.

¿Qué cuento es éste? Si los bancos no dan créditos a pesar de entregarles tantos miles de millones de dinero público, ¿por qué no coge el Gobierno y con ese dinero hace directamente los préstamos a las empresas y a las familias?

¿Qué juego se traen entre manos?

 

Otro tema parecido. Resulta que varios Estados Europeos están teniendo problemas para pagar sus deudas. Lo más lógico sería que acudieran al Banco Central Europeo, cuyos fondos son dinero público de todos los Estados, y les pidieran créditos baratos para hacer frente a sus deudas.

Pues no, el Banco Central Europeo sólo presta dinero a los Bancos privados pero no a los Estados. Es más, los Estados si quieren pedir créditos lo tienen que hacer a los Bancos. Y aquí está el chiste: los Bancos privados, además del dinero multimillonario de los rescates, acuden al Banco Central Europeo y reciben préstamos al 1% y, después, con todo ese dinero compran deuda de los Estados pero al 4, al 5 y  al 6% de interés. En solo tres meses, el BCE ha prestado a los bancos privados europeos un billón de euros.

¿Qué tomadura de pelo es ésta?

Y nos cuentan:

– Es que el Banco Central Europeo es independiente y no tiene obligación de responder ante ningún Estado, ni atender sus deudas. (Pero, oiga, sus fondos son públicos de todos los Estados)

– Es que las normas de la Comunidad Europea así lo han establecido (¿Y quien puso esas normas no las puede cambiar?)

– Es que no quieren cambiarlas los gobiernos alemán y francés, porque están por medio los grandes intereses de sus bancos (¿Pero la Comunidad Europea está formada por dos,  o por veintisiete países?)

Que no señor, que nos están tomando el pelo vilmente.

 

Y dale con el cuento de la reactivación de la economía, cuando estamos viendo que los bancos no quieren conceder créditos a las pequeñas y medianas empresas ni a las familias. Es más, están aumentando las exigencias y los requisitos para conceder créditos.

Entonces, ¿a quién van a poder prestar? ¿A los parados, a los trabajadores con salario mínimo, a los trabajadores que pueden ser despedidos en cualquier momento, a los pensionistas, a las pequeñas empresas arruinadas,…? ¿Quedará alguien al paso que llevamos de recortes, de facilitar el despido, de aumentar los costes sanitarios y los costes de enseñanza, de subida de impuestos directos e indirectos,…?

Aquí hay gato encerrado…

Y sin embargo, siguen las rebajas fiscales a los ricos, aumenta el fraude fiscal, se mantienen las subvenciones millonarias a la corona, a los partidos políticos, a los sindicatos, a la iglesia católica, a los centros privados concertados; y continúan las pensiones vitalicias de los gobernantes,…

Esto huele a ‘cuerno quemao’… ¿Quién nos está engañando?

 

Y para colmo de los colmos, nos ordenan callar.

– Que no se puede protestar por los recortes sociales, porque ‘en estos tiempos todos hemos de cooperar y meter el hombro” y “además son medidas excepcionales, justas y necesarias, ante situaciones excepcionales” (¿Cooperar todos? ¿Quiénes son TODOS? ¿Y no hay más medidas que se puedan tomar, también justas y necesarias, que no sean sólo contra los colectivos más pobres de la sociedad?)

– Que no podemos manifestar nuestro desacuerdo con las sentencias de los tribunales, o contra la corrupción de los políticos y de otros peces gordos que siempre encuentran evasivas para burlar a la justicia. (¿Quién ha dicho que los seres humanos no podemos criticar la actuación de otros seres humanos? ¿Desde cuándo es ilegítimo cuestionar las sentencias judiciales? ¿O es que los jueces y los juristas  tienen el monopolio de lo justo?  ¡Venga, ya!)

– Que no podemos meternos con la Iglesia Católica porque eso significa ‘no reconocer su esencial papel histórico y sus grandes servicios actuales a la sociedad’. (¿Y quién va a reconocer sus lavados de cerebros y de conciencias a la gente humilde, y tanto cura inepto castigando a la gente con sermones, o tantos pederastas ocultados predicando la pureza, o tantos jerarcas enriquecidos sermoneando sobre la pobreza,…? ¿Por qué tenemos que aguantar y reconocer a unos pobres hombres como si fueran dioses?)

 

Es-ta-mos  har-tos.

Resulta que tenemos que aceptar que los mercados manden, que Alemania decida en Europa, que el gobierno español –una vez que cuenta con la mayoría absoluta- haga incluso lo contrario de lo que prometía en campaña electoral.

Resulta que tenemos que tragarnos que los dueños del dinero se burlen de nuestras soberanías; que los dirigentes políticos acumulen sueldos mientras decretan recortes de prestaciones y de salarios a la ciudadanía; que jerarcas célibes nos adoctrinen sobre cómo deben ser y vivir las familias;…

¿Qué más quieren? ¿También nos van a limitar la libertad de expresión y de opinión ciudadana? ¿Por qué van a ser más válidas las opiniones de un ministro, o de un juez, o de un obispo, que las opiniones de la ciudadanía? ¿Por qué van a regañarnos, como si la ciudadanía no tuviera derecho a la interpretación de las cosas? ¿Por qué nos llaman irresponsables por ejercer nuestro derecho de huelga? ¿O es que el derecho de las autoridades tiene procedencia divina y los derechos de la ciudadanía proceden de un estercolero y no de la misma matriz democrática? ¿Es por eso que nos dicen “haremos una política económica como Dios manda”, o “haremos lo que tengamos que hacer”? ¿O es que quieren que volvamos a los tiempos del “señor, sí, señor”?

Joden más que nunca las palmaditas en la espalda diciéndonos que “somos pueblo soberano” en tiempos de elecciones, y que “todos tenemos iguales derechos”, y que “todos somos iguales ante la ley”, y que “la justicia es ciega”,… ¡Ya está bien!

Como decía  León Felipe, “me han dormido con todos los cuentos, y sé todos los cuentos”.

 

 

Ventana del mochuelo

 

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