El profesor argentino Eduardo Palma Moreno, con motivo de su jubilación, se despidió de los alumnos y alumnas de la Facultad de Ciencias de la Educación (Universidad Nacional del Comahue) con este precioso texto poético.

 

“Quisiera que me recuerden

junto a la risa de los felices,

la felicidad de los justos,

el sufrimiento de los humildes”.

(Joaquín Enrique Areta, poeta de Corrientes, Secuestrado y desaparecido a los 23 años).

 

Quisiera que me recuerden porque intenté enseñarles

a amar la flor antes de cultivarla.

 

Quisiera que me recuerden descubriendo la luz

para compartirla con ustedes.

 

Quiero que no olviden mis errores y defectos

para que no los repitan.

 

Quiero que amen la vida intensamente

como yo la amo cada día.

 

Quisiera que me recuerden riendo a carcajadas

y no brumoso, academicista o estrafalario.

 

Quisiera que me recuerden responsable y humilde

y no arrogante, excéntrico o violento.

 

Quiero que me recuerden reflejándome en ustedes

y no recitando algún dogma solitario.

 

Quisiera que me recuerden pensando siempre en Freire:

en ese intento utópico de humanizar al mundo.

 

Quisiera que me recuerden obsesivo, tenaz e intransigente

buscando eternamente la esperanza.

 

Quiero que me recuerden reinventando los sueños

para encontrar -unidos- la verdad de la vida.

 

Quiero, en fin, que me recuerden sentado junto al tiempo

esperando que ustedes puedan cambiar la Historia.

 

Eduardo Palma Moreno

 

(Desde Neuquén, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

 

  1. Oxuan
    23 Mar 12 11:06

    Y, bueno pues… Grandes hombres y mujeres, que no dejarán de serlo nunca porque se esforzaron cada día en tratar de conseguirlo.

    Uno en su modestia intentó parecérseles o perseguir esos ideales. En el camino fue encontrando la dicha de contar con la guía, el acompañamiento y la amistad de valiosísimos y queridísimos hombres y mujeres así, como un muy especial Mochuelo que avizora la realidad para espabilarnos. Gratitud y reconocimiento.

  2. Rafa
    25 Mar 12 9:29

    Esta hermosa despedida me ha recordado la que yo mandé a mis alumnos que se iban al instituto cuando yo me jubilé. Es menos poética y más larga, pero aquí va:

    Queridos chicos y chicas:

    El tiempo pasa deprisa. Más deprisa, a veces, de lo que quisiéramos. Ha llegado el momento de la despedida. Yo me voy a casa, a descansar un poco de estos 35 años de escuela; años, por cierto, en los que ha habido de todo: muchas alegrías y buenos momentos (cuando he visto cómo aprendíais, cómo entendíais algunas cosas, cómo os interesabais por algo que yo os contaba, cómo os ayudabais o surgía la amistad entre vosotros.., en definitiva, cómo crecíais) y también -¡cómo no!- algunos malos ratos, casi siempre relacionados con comportamientos que me parecían perjudiciales para vosotros (perder el tiempo, no ser suficientemente responsables, no respetar a los demás, tener actitudes agresivas o poco tolerantes…) o con mi incapacidad para ayudar a algunos en determinadas situaciones. Vosotros, con todo el futuro por delante, continuáis vuestro camino con una nueva etapa en el instituto. Y será estupendo que la podáis empezar con ilusión, empeñados en demostrar todo aquello de lo que sois capaces. Os aseguro que, si os lo proponéis de verdad, podréis hacer grandes cosas. Y ya sabéis que para mí estas grandes cosas no significan estudiar una gran carrera que os permita ganar mucho dinero en el futuro. No. Hablo, sobre todo, de que podáis llegar a ser grandes personas; gente que sepa lo que quiere, que luche por construir un mundo mejor, que no se conforme con cualquier cosa… Os digo, en serio, que ese empeño os hará felices y contribuirá a que sembréis la felicidad y la alegría a vuestro alrededor.

    Ya sabéis lo que hemos comentado muchas veces: la marea de estupidez que nos invade querrá tragaros, como a todo el mundo. Intentarán comeros el “coco” para que seáis, más que personas, consumidores compulsivos. Os dirán que no sois nadie si no compráis el último modelo de móvil, si no lleváis un coche tuneado, si vuestras zapatillas no son de tal o cual marca o si no tenéis el último y más “fassion” de los videojuegos. Os dirán que la fama es lo más “guay” y que la gente a la que debéis pareceros son los chavales y chavalas de “Operación Triunfo”, el chico o chica guapillos de la última teleserie o la modelo canija que avanza por las pasarelas como un caballo cojitranco y famélico. Mucha gente piensa así, creyendo que la felicidad de la vida está en esas tonterías. La publicidad y todos los charlatanes que pretenden vender algo intentan manejar a la gente como si fueran monigotes. Y ya sabéis lo que hay detrás de todo esto: el deseo de “forrarse” de unos cuantos a costa de tantos incautos. Por eso me gustaría poderos vacunar contra esa enfermedad. Pero como desgraciadamente aún no hay vacuna para esta epidemia, os diré simplemente: ¡Resistid, no os dejéis manejar, sed vosotros mismos; que nadie os pueda llevar y traer por donde vosotros no hayáis decidido que queréis ir!

    Ah, y no perdáis mucho el tiempo. La vida es más corta de lo que pensamos y merece la pena aprovechar cada minuto para aprender, para relacionarse con los demás, para crear y disfrutar con actividades artísticas, para echar una mano a quien lo necesite –empezando por los más próximos, por ejemplo los de casa- y, desde luego, también para jugar, echar un partidillo o hacer un poco el ganso, ¡que todo es necesario!

    Bueno, ya está bien de rollo que no quiero aburriros. Espero que nos veamos por ahí de vez en cuando y nos saludemos como buenos amigos. Espero también que sepáis perdonarme si alguna vez he perdido la paciencia con vosotros y os he gritado o me he enfadado más de la cuenta. Aunque siempre haya sido con buena intención soy el primero en decir que nunca debemos dejarnos llevar por los impulsos un tanto irracionales. Pero… ¡ya sabéis!, los mayores nos volvemos a veces un poco cascarrabias. No lo tengáis en cuenta.

    En fin, me acordaré de vosotros. Y me encantará tener noticias vuestras: lo que vayáis consiguiendo, vuestros proyectos e ilusiones, vuestras dificultades… Si en algo os puedo echar una mano no dudéis en recurrir a mí. Tened la seguridad de que un profesor también puede ser un buen amigo.

    Y este amigo os envía un abrazo muy fuerte. ¡Hasta siempre!

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