¡Soñemos!, decía aquel viejito.

Qué bueno sería que la diplomacia internacional fuera como la define Nicolson: “Sentido común y comprensión aplicados a las relaciones internacionales”.

Qué maravilloso que los Organismos Internacionales fueran realmente democráticos: es decir, con una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las decisiones responden a la voluntad colectiva de los miembros del grupo.

Pero aquel hombre veía lo que veía, escuchaba lo que escuchaba…y terminó decepcionado.

Injusticias evidentes que se encubren impunemente. Violaciones de derechos que se minimizan o excusan con presuntas inocencias o ignorancia involuntaria. Delitos y crímenes que se entierran con silencios y olvidos.

Y en su desengaño, aquel hombre repetía lentamente: parece mentira, parece mentira…

 

Parece mentira que se reconozca tranquilamente y lo explicara en la ONU el propio Secretario General de Naciones Unidas en esos momentos, Koffi Anan.

Poco después de haberse firmado los Objetivos del Milenio, planteó así la situación de la población mundial:

“Si suponemos que el mundo es una aldea de 1000 habitantes, en ella hay hoy en día 150 ricos, 780 pobres y 70 intermedios.

El ingreso per cápita es de 6000 dólares por año, pero resulta que el 86% del mismo es apropiado por el 20% más rico, mientras que casi la mitad de la población gana menos de dos dólares diarios.

Doscientos veinte de los mil habitantes son analfabetos. De ellos, las dos terceras partes, mujeres. Menos de 60 tienen computadora y, completando el cuadro, más de la mitad no ha hecho o recibido una llamada telefónica”.

 

Parece mentira que se admita sin más y lo afirmara en voz alta aquel presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2008, Miguel d’Escoto.

Todo el mundo sabe que, entre otras muchas verdades, algunos de nuestros más poderosos e influyentes Estados miembros, definitivamente no creen en el imperio de la ley en las relaciones internacionales, y su punto de vista es, además, que cumplir con las normas legales a las que formalmente nos comprometemos, cuando firmamos la Carta, es algo que se aplica únicamente a los países débiles.

Con semejante bajo nivel de compromiso, no debería sorprender que las Naciones Unidas hayan sido incapaces de lograr los principales objetivos para los que se crearon.

Ciertos Estados Miembros piensan que pueden actuar según la ley de la selva y defienden el derecho del más fuerte para hacer lo que les da la gana con total y absoluta impunidad, sin rendir cuentas a nadie”.

 

Parecen mentira tantas incoherencias y barbaridades ejecutadas en la actualidad…

Por ejemplo,  que experimentos científicos con personas que están prohibidos en un país, se lleven a cabo en países extranjeros.

* En octubre pasado se supo que un equipo, con la aprobación del Gobierno de Estados Unidos, había realizado en los años cuarenta experimentos médicos con 5.500 personas en Guatemala, que produjeron 83 muertos y miles de personas infectadas. Se hizo sin información ni consentimiento de las víctimas.

Como a cobayos, infectaron de gonorrea y sífilis a 1.500 personas (presos, deficientes mentales, soldados y prostitutas en gran parte) con el objetivo de verificar los efectos de la penicilina sobre esas enfermedades de transmisión sexual.

Se acusa a Estados Unidos de haber desarrollado en las últimas décadas más de 40 investigaciones en Guatemala que incluían contagio inadecuado e innecesario de enfermedades, entre las que se incluye un experimento en el que se infectó a casi un centenar de niños de orfanatos con malaria para “investigar” la cura de la afección.

Este grupo dirigido por el doctor John Cutler hizo lo mismo en la India y en naciones de África, según publica el Diario de Centro América. Incluso se hizo a escondidas en Estados Unidos: El ensayo en Tuskegee (Alabama) consistió en infectar de sífilis a unos 600 negros presos que no recibieron tratamiento alguno y al final sólo 70 quedaron con vida.

Para nada sirven ahora las disculpas de Bill Clinton o de Barack Obama al pueblo guatemalteco.

¿Hay diferencia entre estos experimentos y los utilizados por los nazis en Auschwitz?

El anterior presidente de Guatemala, Álvaro Colom, lo calificó de delitos de lesa humanidad y de acto genocida contra su pueblo.

* En Argentina, la multinacional Glaxo Smith Kline  (con sede principal en Reino Unido) fue multada recientemente con la cifra de tres de millones de pesos por experimentar con miles de pibes empobrecidos de Santiago del Estero, Mendoza y San Juan. Catorce chicos murieron.

De nada sirve esa multa a una empresa que en 2010 facturó 746 millones de pesos.

¿Y qué decir de los muchos médicos cómplices que colaboraron en el reclutamiento de los niños y niñas de barrios humildes?

* Parece mentira que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) reconozca que los proveedores de sustancias farmacéuticas introducen grandes partidas de productos falsos o dañinos en el mercado internacional, principalmente en los países más pobres donde llegan hasta el 50% de falsificaciones farmacéuticas.

Realmente, parece mentira…

 

El mochuelo

(marzo-2012)

 

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