Es la sensación de vivir en un mundo enigmático, tenebroso, donde suceden acontecimientos inexplicables la mayoría de las veces para la gente de la calle, pero dejando la sensación de que detrás hay unas manos misteriosas que controlan y manejan el devenir de la vida y de la muerte de muchos países y de muchísimos millones de personas.

Una extraña sensación de que existen unos poderes fácticos (que marcan la realidad de la humanidad), a la vez que ocultos (porque se esconden en un espacio impenetrable y recóndito).

Manos superpoderosas que con su proceder misterioso producen miedo. Que generan miedo como las películas de suspense y misterio. Gobernar a base de miedo es eficacísimo, porque el miedo hace que no se reaccione.

Y dentro de ese mundo misterioso nos encontramos…

Pero sabemos que no sólo tenemos derecho a la vida, también tenemos el deber de vivirla. Y por eso, desde la intranquilidad en este mundo inexplicable, no cesamos de hacernos preguntas.

 

¿Por qué sucede cuanto sucede en los países árabes? ¿Por qué la destrucción de Irak o la guerra en Afganistán? ¿Por qué un país con armas nucleares como Israel está dispuesto a emprender una guerra contra Irán para ‘que no desarrolle programas nucleares’, aunque sean para uso civil?

¿Por qué la llamada comunidad internacional, que parece utilizar a la ONU a su conveniencia, actúa de una manera en Túnez, o en Egipto, y de otra manera en Libia, y de otra en Siria, y de otra en Sáhara Occidental, y de otra en Palestina, y de otra en Argelia, y de otra en Arabia Saudí, y de otra en Yemen o en Bahréin,…? ¿Qué criterios rigen en las relaciones internacionales? ¿Cómo puede defenderse una población que es bombardeada por su propio Gobierno? ¿Cómo es posible que un país invada impunemente a otro país?

¿Y qué principios o pautas se aplican a la Ayuda al desarrollo o la llamada ayuda humanitaria internacional, como en Haití, o en el Cuerno de África…? ¿Por qué se prometen ayudas, cómo se hacen si se hacen y por qué se dejan de aportar…?

 

¿Cómo explicarnos el estrangulamiento de Grecia? ¿Cómo se puede someter a todo un pueblo a la miseria por dictado económico? ¿Por qué se les amenaza cada tres meses con la quiebra inmediata y les ordenan ahogar aún más a los más pobres? ¿Por qué no se toman medidas contra los más ricos que están evadiendo el dinero del país (200.000 millones de euros se han fugado a Suiza)? ¿Cómo puede ser que, en estas circunstancias, haya aumentado el presupuesto militar de 2012 hasta los 7.000 millones (un 18,2% más que en 2011)?

¿Por qué el dinero prometido se destina únicamente para pagar a los bancos acreedores? ¿Por qué unos banqueros, para salvar sus ganancias, han empujado a toda la sociedad griega a la desesperación?

Dice Andreas: “Vivimos una dictadura económica. Y Grecia es el laboratorio donde se pone a prueba la resistencia de los pueblos. Después de nosotros, será el turno de los demás países de Europa. La clase media dejará de existir”.

 

Y así, pregunta tras pregunta, contemplamos ardorosamente la desesperación y los gritos de angustia y de protesta que  brotan por muchísimos rincones del mundo…

Huelgas, manifestaciones, marchas, levantamientos, enfrentamientos…con miles de víctimas incluidas: En China, en Rusia, en Estados Unidos, en Egipto, en Siria, en Panamá, en Nigeria, en Chile, en Colombia, en México, en Honduras, en Grecia, en Italia, en España, en Irak, en el Reino Unido, en Maldivas, en India, en Senegal,…en todos los Continentes, como fuego avanza el descontento.

¿Y si el paso del tiempo no apaga los gritos…? ¿Y si esas voces se fortalecen y se multiplican…? ¿Y si los pobres no quieren volverse amnésicos?

¿Y si el miedo también tiene sus fisuras y los pueblos se enteran…?

¿Y si la opinión pública empieza de verdad a ser pública y no sólo mediática…?

¿Y si los pueblos reconocen que tienen derecho a pensar libremente y, por tanto, a expresarse libremente?

Dice J.L. Sampedro que “desde la primera infancia nos enseñan primero a creer lo que nos dicen las autoridades (padres, maridos, gobernantes, maestros, curas,…) y luego a razonar sobre lo que hemos creído. Y la libertad de pensamiento debería ser exactamente al revés”.

¿Y si la ciudadanía descubre los engaños que encierran las ‘pólizas de resignación’ impuestas por las autoridades?

¿Y si la población se percata de que el mundo está organizado como una pirámide, y que es la población con su esfuerzo, trabajo y sufrimiento la que está sosteniendo a una pequeña cúspide, que precisamente es la que se arroga la potestad de dirigir y dominar a la Humanidad entera?

¿Y si millones de personas prefieren que se hunda un Sistema Capitalista en quiebra, antes que sus vidas…?

 

Y así quedó aquel ciudadano, haciéndose preguntas y preguntas, dentro de este mundo aparentemente tan indescifrable, pero con ansias de vivir.

Con la sensación de vivir en un reino de la estupidez, donde nos infundieron un programa que incluía el contenido y la mirada para identificar la realidad, una realidad maquillada con malabarismos por el sistema y sus intereses.

Con la idea de caminar por la delgada ruta de las contradicciones.

Con la convicción de que las batallas hay que darlas, se ganen o se pierdan, porque nos ratifican.

Y con el sueño de otro mundo posible, que inevitablemente llegará.

 

Mirada Solidaria.es

 

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