La idea surgió a raíz de un relato  de Gustavo E. Etkin que nos encantó:

Con el tiempo a Ambrosio lo empezaron a llamar Don Ambrosio. Antes, cuando trabajaba en la oficina, tenía algo que hacer, algo de qué ocuparse. Pero a partir de la jubilación, ¿qué haría? ¿Solamente leer revistas, diarios o ver la televisión?

Entonces decidió poner una silla en la vereda y mirar pasar las cosas…

 

Total que nuestro grupo acordó, en la última reunión, realizar una dinámica para compartir: Recojamos frases y sentires que escuchemos a voleo por la calle.

La tarea era fácil, sólo cuestión de abrir las orejas, escuchar y tomar nota.

Esperábamos que esta actividad, además de divertirnos, nos aportase algunas sorpresas curiosas. Y así resultó.

 

Lo relataba una mamá: – Mi niña se puso loca, nos abrazaba a su padre y a mí efusivamente y hasta se revolcaba de alegría en la alfombra…¡Era su mayor ilusión!

Los Reyes Magos le habían traído de regalo un móvil Black Berry.

La niña les miró y les dijo: – ¡Un  móvil inteligente, mamá!Como dicen ahora, ‘móviles cada vez más inteligentes, para personas cada vez más imbéciles’.

Los padres se miraron sorprendidos… y sonrieron.

 

Aquella mujer pasaba junto a una administración de lotería y miraba esa larga cola de gente esperando su turno, como todos los días: – ¡Qué rentable es la venta de ilusiones! ¿Cuánto ganarán los loteros?

 

El forastero le preguntó si  se notaba mucho la crisis por aquí.

El taxista le respondió: – Mire usted, cuando las vacas gordas, aquí eran vacas. Y ahora con las vacas flacas, aquí son vacas.

 

Los tres hombres charlaban en la plaza principal, a la sombra de un árbol. Uno de ellos hablaba como sobrado de razón: – Si queremos que los Mercados dejen en paz al gobierno, no hay más que una solución. Dejar en manos de los Mercados todo lo que pueda ser negocio, los recursos naturales, toda la industria nacional, todos los servicios (educativos, sanitarios, transportes, energía, comunicaciones,…) y ya veréis como nos dejan en paz.

Otro compañero añadió: – Bueno, tanto como que nos dejen en paz…Lo que sí harían es apretarnos menos la cadena al cuello, pero seguro que no nos quitaban la cadena.

 

Aquella señora mayor llevaba un ramo de flores a la tumba de su esposo, según la costumbre. Aún se le hacían pocas las que llevaba, y la anciana se acercó a otro puesto de flores para comprar unos gladiolos.

– ¡Cuántas flores llevas! , le dijeron.

Y ella contestó entre dientes: – ¡Mira tú…, cuando mi marido decía que las flores lo único que hacen es atraer mosquitos!

 

La cajera de la tienda le preguntó a la señora: – ¿Qué tal está tu madre? Ya me he enterado que le robaron el bolso y la lastimaron.

– En realidad, respondió la señora, no llegaron a robarle, porque ella debió caer encima del bolso…y los ladrones salieron corriendo. Le han puesto un collarín y le han vendado una pierna; parece que anda un poco mejor. Muchas gracias.

Una tercera persona añadió: – Fíjate, a una persona mayor, en plena luz del día y en una calle tan céntrica…¡Ahora es que hay tanto sinvergüenza suelto…!

Un hombre que apilaba las canastas susurró: – ¡y tanto necesitado…!

 

Apenas hacía diez días que le habían operado de la cadera y aquel anciano ya caminaba con su andador, despacito y arrastrando los pies, por la Residencia de Mayores. A pesar del dolor de la pierna, iba sonriente, porque la operación había resultado exitosa y ya se veía caminando.

Recordándole sus tiempos de jugador de fútbol, alguien le dijo: – Pronto estarás tirando penaltis…

– Y hasta cornees, y los remataré de cabeza, respondió el anciano optimista.

Otros dos viejitos, ambos con andadores, escuchaban la conversación.

Uno dijo: – ¡Qué buen ánimo tiene! Y lo bien que anda para el poco tiempo que hace que lo operaron…

El otro añadió: – Ya ves, con lo que se conforma un pobre, con que el azadón le salga bueno.

 

Aquel hombre, tumbado en su cama del hospital, había sido operado de la pierna el día anterior. Con muchos dolores, pero con el humor intacto, logró levantarse y con ayuda de sus familiares y a ‘pata coja’ consiguió llegar hasta el servicio.

Vas muy bien, para ser la primera vez que te levantas, le decía su esposa cuando volvió a la cama.

– Pero me sigue doliendo mucho la pierna…, contestó el paciente.

– Hombre, cómo no vas a tener dolores, si te operaron ayer…, le dijo el vecino de cama.

Y contestó el paciente con su toque de humor: – Como dicen en mi pueblo…, estoy tan acostumbrado a perder, que ganar me jode ya…

 

Cantaba aquel viejo mientras estaba colocando sus compras en la cinta de la caja.

La cajera le dijo: – Qué contento estás, a pesar de todo el frío que hace.

El viejo la miró sonriendo y dijo: – Es que más vale morir, que dejarse matar.

 

Aún continuamos allí compartiendo el muestreo de frases recogidas por las calles de la Mancha.

Estábamos disfrutando, a la vez que confirmando lo provechoso que es escuchar a la gente de la calle y descubrir la sabiduría que se encierra en sus palabras.

 

La ventana del mochuelo

 

Dejar un comentario