Aquel hombre, a la sombra de un árbol, leía una frase y alzaba la vista, volvía a leer otra frase y volvía a mirar pensativo al espacio.

La prensa contaba la desafortunada Cumbre sobre el cambio climático. Los gobernantes del mundo reunidos otra vez en Durban y des-unidos como siempre.

Al parecer, la mayor preocupación no era la reducción de emisiones de CO2, sino el dominio económico del planeta.

Los países menos desarrollados pelearon sin éxito para que hubiera avances en el recorte de emisiones.

Las multinacionales y las grandes potencias más contaminadoras (EEUU, Canadá, Japón, China, India…) aplicaron su boicot. Los principios de justicia y los derechos humanos quedaron sometidos a los intereses económicos y comerciales.

En realidad, ¿para qué se reunieron en Durban más de 10.000 profesionales y expertos,  diplomáticos, ministros, científicos, técnicos administrativos, abogados y miembros de ONGs,  de 194 países?

 

Palabras, regates y evasivas de los gobernantes.

La comisaria de Acción por el Clima, Connie Hedegaard: Es frustrante estar así, pero este es el escenario en el que nos movemos, no el que nos gustaría”.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, admite: “Debemos ser realistas. Un acuerdo vinculante puede estar fuera de nuestro alcance ahora”.

El enviado de Obama, Todd Stern, tenía el mandato de no comprometerse a negociar un tratado: “Estaríamos abiertos a un proceso para una negociación con resultados después de 2020”.

Canadá no firmaría un segundo período de Kioto: “Eso es el pasado”.

Jo Leinen, del Parlamento Europeo, replica: “Me frustra que esta conferencia esté secuestrada por el juego de ping-pong de EE UU y China”.

Y al final montaron su pamplina: Una hoja de ruta para negociar algún acuerdo que entrase en vigor en 2020. Una hoja de ruta sin la más mínima credibilidad, porque una cláusula añade “que el acuerdo final no será legalmente vinculante”. Eso es todo lo que ofrecen al mundo: humo.

 

La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) ha calculado que si el mundo avanza por esta ruta, el presupuesto de carbono se habrá agotado para 2017, es decir, caminamos hacia un calentamiento de 2 grados Celsius, considerado el límite de seguridad.

Las decisiones de la Cumbre no son inofensivas, pues, si permiten una subida tan peligrosa de la temperatura que sentencia a muerte a millones de personas, constituyen un crimen contra la humanidad.

Los científicos no cesan de insistir en que la contaminación es ya irreparable, que tan sólo se puede limitar su expansión: el aire está contaminado, y también el mar, los ríos, la tierra…Los animales, entre ellos los seres humanos,  y las plantas están amenazadas. Muchas especies ya desaparecieron. La alimentación pasará a ser un problema agudo. Los glaciares se descongelan.

 

¡Increíble cinismo!

Los mismos dirigentes que nos reclaman fe en sus dogmas, en sus programas y principios, en sus declaraciones de derechos, son los que rechazan la palpable realidad que nos amenaza.

Los mismos que celebran la modernidad y babean hablando del medio ambiente, son los que continúan envenenándolo y esquilmando la naturaleza.

Quieren hacernos creer que, con el desarrollo tecnológico actual, el consumo humano puede aumentar indefinidamente. Cuando sabemos con certeza que sería imposible dar a toda la humanidad el nivel de consumo de los países desarrollados. Harían falta nueve planetas dice el PNUD.

Lo trágico, dice J. Comblin, no es sólo que los recursos son limitados y que la Tierra no aguanta ya la explotación actual.  El drama es que las clases dirigentes, los jefes de la economía quieren una explotación todavía más intensa y un agotamiento de los recursos naturales todavía más rápido. Quieren el calentamiento planetario y las perturbaciones climáticas, porque no quieren cambiar la estructura de la economía. El drama está siendo dirigido por criminales que dominan los llamados gobiernos, que en realidad no gobiernan nada.

 

Mucha gente no ve el problema:

Los padres quieren lo mejor para sus hijos, quieren un mundo mejor, las mejores condiciones y mayores oportunidades para sus hijos. Pero no reconocen  que nos estamos comiendo lo de nuestros hijos y nietos y que entregaremos a nuestros hijos un mundo peor, con unas condiciones de vida indudablemente peores.

Y los gobiernos sin libertad, dominados y maniatados por los dueños de la economía, tienen ahora por misión obligar a los ciudadanos a que acepten la organización de la economía que dicta un grupo de señores, aunque sepan que aquello es un suicidio colectivo.

Y los Medios haciendo la comparsa a sus señores. Su misión es desmentir lo que todo el mundo ya experimenta: Los desastres naturales (huracanes, ciclones, terremotos, inundaciones, sequías,…) cada vez son más numerosos y más devastadores. Más de 300.000 personas mueren cada año como consecuencia del cambio climático, que ya afecta de forma grave al bienestar de 325 millones de personas.

 

Y todavía hay gente que se ríe.

Cuánto duelen las risas y burlas de los graciosos prepotentes que ridiculizan estos datos. Cuánto duele la irresponsabilidad de gobernantes que hacen oídos sordos ante la gravedad del caso.

¿Quién quedará sin culpa tras el crimen? ¿Qué se podrá alegar ante las próximas generaciones?

Vivimos una crisis de modelo de civilización. Nuestros modos de vivir son insostenibles, incompatibles con los recursos del planeta, incluso con los mil millones de personas pasando hambre y 3.000 millones debajo de la línea de pobreza (2 dólares por día).

Los poderosos no tienen la razón por el hecho de ser poderosos, la injusticia nunca es razonable.

¡Qué pena! ¡Cuánta locura!: quienes hacen demagogia acusan a los demás de demagogos; con chulería estamos cortando la rama que nos sostiene;  con sonrisas se envía a los científicos a la mierda como a tontos y a los ecologistas como a ociosos piraos…

¿De qué se ríen…? Se preguntaba aquel tranquilo hombre, bajo la sombra de un árbol, que iba enfureciendo conforme contemplaba el panorama.

 

Mirada Solidaria.es

 

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