Elecciones latinoamericanas

Aquel viejito, físicamente muy endeble, nos miraba con ojos de cariño. Él no era especialista en nada, ni en política, ni en economía,…él simplemente vivía, miraba, escuchaba,…

– Estamos en tiempos de Elecciones, le dijimos.

Sí, estamos en tiempo de juego, el juego de las votaciones…

Así inició su sabroso comentario, que para nosotros fue una asombrosa lección…

 

Las elecciones son como un mercado: Se pretende vender a unos candidatos políticos, a cambio de votos ciudadanos. No importan los problemas sociales, ni los planes de gobierno, ni siquiera la historia de corrupción del candidato… De hecho suelen reelegirse a grandes corruptos.

Sólo la imagen del candidato importa, y eso se consigue con publicidad en los Medios de sus buenos gestos y palabras, de sus grandes promesas (más o menos extravagantes),…para mover el alma del votante y hacerle creer que tal candidato saciará sus expectativas.

No importa la calidad del producto, sólo el envoltorio que seduzca a los consumidores o votantes.

Los candidatos acuden al mercado electoral y éste dirá, no quién es mejor, sino quién pudo engañar más, quién ofrece mejor imagen, quién “se vendió” mejor.

 

Y lo aceptamos bien, porque vivimos en una sociedad de mercado. Vivimos sumergidos en la manipulación de la publicidad, capaz de convertir un veneno en alimento con la misma facilidad que convierte a un petulante e inútil en estadista.

Cada cuatro años, llegada la época de elecciones, nos hacen creer a la ciudadanía que somos pieza fundamental del estado democrático, que nuestro derecho al voto es nuestro principal derecho y no el derecho a la vida, que “nuestro voto marcará el futuro”… Y la ciudadanía termina sacando pecho y creyendo la engañifa.

La campaña electoral es pura manipulación, una lluvia de promesas y miedos, donde aflora la mentira y se esconde la verdad, una especie de guerra cruel que busca cambiar nuestro voto por ilusiones y miedos.

 

Y además cuidan la mercancía de cara al exterior para mostrar: Que nuestro país es un Estado democrático. Que disfrutamos de una excelente democracia electoral.

Y lo curioso es que esto cuela perfectamente en el mundo occidental.

No importa que no sea una democracia económica, ni democracia social, ni democracia étnico-cultural, ni democracia participativa…Se dice que nuestra democracia es representativa porque delegamos en unos supuestos representantes del pueblo. Pero ¿representativa de qué intereses y delegada con qué controles?

Más acertada resultaría la palabra de E. Galeano “democratura”. Nuestras democracias son eso, una combinación de democracia (formal) y de dictadura (económica y social).

 

Y este juego de las “Elecciones” es un fenómeno general que se da en Latinoamérica, pero también en Norteamérica, en Europa… Una cosa son las promesas y bonitos programas de los políticos, y otra las medidas que los elegidos asumirán de cara al bien común de la población, o las que les permitirán asumir los verdaderos gobernantes del mundo que son los Mercados.

Por eso resulta supremamente doloroso en las campañas electorales ver a gran parte de la ciudadanía ilusionada, emocionada, enfervorizada con determinados candidatos, como si realmente se estuviera jugando la vida con su voto.

Mientras tanto, los candidatos nos deslumbran con su marketing electoral, nos hacen creer que lo fundamental para un pueblo son las elecciones y hasta consiguen que olvidemos lo más vital: nuestros problemas, necesidades, aspiraciones y derechos humanos y sociales (trabajo, vivienda, salarios, sanidad, medio ambiente, educación,…).

Por detrás, los candidatos convienen sus cuotas de poder, conscientes unos y otros de que defienden el mismo objetivo: Mantener el sistema establecido, que en nuestro sistema neoliberal significa que seguirán favoreciendo a los ricos y marginando a los pobres.

 

Pongamos un ejemplo, aunque se puede elegir a cualquier país. Hablemos de Colombia.

Con todos los respetos, recuerden los prometedores discursos del candidato Uribe antes de asumir la presidencia y las fuerzas que apoyaron su candidatura.

Recuerden los salvadores mítines del candidato millonario Juan Manuel Santos. Y recuerden sus antecedentes siendo Ministro de Defensa: las masacres, los “falsos positivos”, las desapariciones llevadas a cabo por la Fuerza Pública,…

Pues, ya ven, salió elegido presidente de Colombia. ¿Y qué logros sociales se han producido durante su mandato…?

La Constitución de 1886, reformada en 1991, declara a Colombia como Estado Social de Derecho. Pero, ¿desde cuándo la ciudadanía en general está disfrutando realmente de democracia? ¿Cuál democracia?

 

¿Qué dice la realidad? (sacó del bolsillo un papelito con datos oficiales)

– Que aumentó la pobreza: La carestía de vida (más del 5%) es superior a la subida de salarios (4%). La mitad de la población se encuentra bajo la línea de la pobreza: 16,4 millones de colombianos tiene ingresos mensuales inferiores a 187.079 pesos (102 dólares) y otros cinco millones y medio no alcanza a 83.581 pesos (40 dólares).

– Que aumentó la desigualdad: Es uno de los países con mayor desigualdad  en el mundo. La mitad de la tierra de Colombia está en manos del 1,15% de los propietarios. Muchos millones de colombianos ganan unos cientos de pesos, y unos centenares de hombres ganan millones, fruto de la combinación de múltiples factores (legislación a favor, corrupción, impuestos regresivos, altas plusvalías, salarios injustos,…). Sólo uno de los ricos (Luis Carlos Sarmiento Angulo) gana cada segundo 44 millones de pesos.

– Que creció la violencia: Entre 2005/10 hubo 175.000 asesinatos cometidos por paramilitares.

Se incrementó el número de víctimas relacionadas con el conflicto interno: en el primer semestre de 2010 (17 masacres con 81 víctimas) y en el primer semestre de 2011 (22 masacres con 101 víctimas).

De los 80 defensores de los Derechos Humanos asesinados en 2010, la mitad fue en Colombia.

– Que Colombia tiene records bochornosos: tiene la mayor tasa en el mundo de asesinatos de dirigentes sindicales (3.000 en los últimos 25 años); cuenta con la mayor cifra de asesinatos de profesores, después de Irak; es el país con mayor desplazamiento de población interna (6 millones de personas en los últimos 15 años); también es el tercer país del mundo en recibir ayuda militar de Estados Unidos.

– Que se incrementó la impunidad: La Ley 975/2005 absolvía a los capos del crimen. La Ley 1424/2010 pretendía indultar a más de 30.000 paramilitares, sicarios responsables de la desaparición de 250.000 personas y 6 millones de desterrados, que siguen activos. La Ley de Víctimas/2011 legalizó el despojo.

Un movimiento de mujeres está reivindicando la devolución de 6,6 millones de hectáreas usurpadas por los paramilitares a las familias desplazadas. Y más de 80.000 personas llenaban el pasado septiembre la Plaza de Bolívar en Bogotá rechazando de forma pacífica la política neoliberal de Santos en materia de salud y educación.

 

Perdonen, dijo el viejito, es tan sólo un ejemplo de lo que ocurre en un “Estado Democrático”, cuyos gobernantes fueron elegidos “democráticamente” y ardorosamente votados.

 

Mirada Solidaria.es

 

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