El término “Resistencia” se aplica a los movimientos sociales subversivos contra el poder político o militar. ¿Se llama “Reacción” a lo contrario: la oposición sistemática a los cambios sociales y la obstrucción a cualquier alternativa que surge del pueblo y no del poder establecido?

Los ejemplos los tenemos a mano.

 

El 17/12/2010 se inició en Túnez la “primavera árabe”, que se fue expandiendo por varios países africanos. Quisieron subestimarla y reprimirla, pero la sangre inocente derramada siempre reclama justicia. La “primavera árabe” produjo eco.

 

El pasado mes de mayo, 20.000 personas salían a las calles de Grecia protestando contra las medidas de ajuste, que aún se han hecho más terribles posteriormente. “Quieren eliminar las conquistas sociales de varios siglos”, decían los manifestantes.

Pero los mercados asesinos necesitaban sangre y se lanzaron a la yugular de Grecia como aviso y escarmiento para otros. Y sentenciaron la quiebra del país y la agonía del pueblo griego.

 

El 15-Mayo, cientos de miles de personas, la mayoría jóvenes, todos ellas ‘indignadas”, ocuparon pacíficamente calles y plazas españolas manifestando su hartazgo por la dictadura de los bancos, el terrorismo financiero y el sometimiento temeroso y claudicante de los gobiernos, que se limitan a adoptar medidas de ajuste para hacer pagar la crisis a las clases populares en beneficio de los poderes financieros. “Lo llaman democracia y no lo es”, gritaban. A las marchas siguieron las acampadas en la Puerta del Sol.

También hubo movilizaciones con similares motivaciones en otros países como Portugal, Francia y Bulgaria.

Los medios sorprendidos respondieron con silencio administrativo, notas ligeras y algunas de ellas folklóricas. Cuántos  tertulianos tienen al alcance de su mano desbaratar con una sola frase el esfuerzo, las ilusiones, las inquietudes y las indignaciones de millones de ciudadanos.

Entre los gobernantes, como dueños y señores de la política que tienen “legalmente todo atado y bien atado”, unos les restaron importancia porque los manifestantes no representan a nadie, otros intentaron ridiculizarlos, pocos les mostraron su respeto, ninguno se dio por aludido; a ellos sólo les preocupaba las elecciones cercanas.

 

En junio se acentuó la oleada de protestas por el mundo. Fuertes protestas en China. Marchas en España. Revueltas en Libia y otros países árabes, en Londres, en Italia, en Varsovia, en Grecia, en Chile, en Centroamérica, en Colombia,…

Al desprecio siguieron la provocación y el acoso por parte de los gobernantes y sus medios de comunicación. A los indignados se les llamó de todo: sediciosos, agresivos, pulgosos y lujuriosos, ilegales, perroflautas, violentos, delincuentes, totalitarios, antisistema, guerrilla urbana, cuatro gatos malcontados, niñatos enrabietados, batasunos, ratas, insalubres, delirantes,… ¿La contradicción hasta en los insultos es síntoma del miedo que a algunos les provocan estas protestas?

Avanzaba el mes de julio y los enterradores del 15-M volvían a fracasar. Creyeron que estas protestas pueden terminar sin que antes se hayan resuelto las causas que provocaron su nacimiento. No va a suceder, por mucho que se dinamite su imagen en los medios. Incluso si el 15-M acaba desprestigiado y pierde ese apoyo social del que hoy disfruta, otro movimiento nacerá en su lugar, dice I. Escolar.

Los gritos preñados de certeros mensajes seguían martilleando: “Ellos tienen las armas, nosotros la palabra”, “Ellos tienen miedo, nosotros construimos la esperanza”, “Ellos son el pasado, nosotros el presente”,…

 

En septiembre el movimiento fue engrosando. A las protestas en Atenas, Madrid, Barcelona, Valencia, Frankfurt, Paris, Lisboa, Milán, Tel- Aviv, Santiago de Chile se unieron otras como el movimiento “Ocupemos Wall Street” en Estados Unidos. Decenas de miles de personas se manifestaban en las calles italianas y en las estadounidenses.

El influyente representante federal Peter King acusó a los manifestantes de anarquistas y no tener otro propósito que ser antiestadunidenses y anticapitalistas, pero advirtió: “debemos tener cuidado en no permitir que esto adquiera legitimidad… no podemos permitir que eso ocurra”.

En la prensa apareció un Mapamundi de revueltas en el que todos los Continentes estaban salpicados. Todas las revueltas aparecían acompañadas de represión.

 

El 15 de octubre, sucedió una movilización global. En casi mil ciudades de los cinco Continentes hubo manifestaciones con un lema común (Unidos por un cambio global) para expresar su indignación contra un sistema dominado por las fuerzas de los mercados y del que se sienten excluidos.

“Los poderes establecidos actúan en beneficio de unos pocos, desoyendo la voluntad de la gran mayoría, sin importarles los costes humanos o ecológicos que tengamos que pagar”, aclaraban.

Un manifiesto detallaba: Hoy, más que nunca, fuerzas globales determinan nuestras vidas. Nuestros trabajos, nuestra salud, nuestra vivienda, nuestra educación y nuestras pensiones están controladas por los bancos internacionales, el mercado, los paraísos fiscales, las corporaciones y las crisis financieras. Nuestro medio ambiente está siendo destruido por contaminación en otros continentes. Nuestra seguridad la determinan las guerras y el comercio de armas, drogas y recursos naturales que benefician a personas fuera de nuestras fronteras. Estamos perdiendo el control sobre nuestras vidas. Esto debe terminar. Esto va a terminar. Los ciudadanos del mundo debemos recuperar el control sobre las decisiones que nos afectan a todos los niveles – de global a local. Esto es democracia global. Esto es lo que hoy exigimos.

 

Apenas es una descripción de este feliz tiempo de revueltas que vivimos y CONTINÚAN.

Millones y millones de personas indignadas que tienen entusiasmo, que es tener los dioses adentro, que diría Galeano.

¿Innovadores o conservadores, resistentes o reaccionarios? ¿A qué nos apuntamos?

Dicen que la ‘resistencia’ es un polo del juego, el otro es la complicidad.

 

Mirada Solidaria.es

 

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