Aquel viejito no pide nada más, ni ganar una lotería ni hacerse famoso, sólo quiere sentirse libre y mantener su esperanza. “Déjenme sentir la vida”, suele decir.

Sus pensamientos y expresiones nos evocaban a José Luis Sampedro.

 

Déjenme pensar libremente y con libertad expresarme. Eso es vida.

Cada cual puede hacerse su propio mundo distinto del de los demás.

Claro que existe un mundo común, pero cada cual lo vive a su manera, porque la historia de cada persona es distinta.

El mundo es multidimensional y cada cual escoge distintos fragmentos de las infinitas dimensiones del mundo…Todos hacemos interpretaciones. Cada cual tiene su verdad.

Podemos entendernos y comunicarnos porque el mundo de uno y el mundo de los demás coinciden en muchas cosas, por eso convivimos, pero son muy diferentes.

Yo tengo mi verdad, el otro tiene su verdad, ambas relativas. La autenticidad consiste en ofrecer mi mundo, mi verdad a los demás.

Vale que no nos educaran para tener pensamiento propio, pero déjenme aprender ahora.

También nos quieren imponer el pensamiento único como el único modo sensato de ver la realidad. Y si no vemos las cosas a su manera, nos consideran idiotas e insensatos. Ellos son los insensatos manipuladores que quieren someter nuestras ideas, nuestros deseos y motivaciones.

 

Déjenme con mi cara, mis años y mi estatura. Ése soy yo.

No necesito cirugía estética, nada tengo que vender, ni mi rostro ni mi voluntad. Las personas ‘ni se compran ni se venden’, se quieren.

Prefiero mi cara a mil caretas utilizables con cada una de las mil personas que me encuentre.

Debe ser tremendamente aburridor vivir en continuo carnaval. Como aburridor resulta que tu personalidad se mida por la opinión ajena, siempre bajo la espada de Damocles del “qué dirán”.

Los formalismos son hijos de la esclavitud. Cuánta falsedad se oculta en lo ‘políticamente correcto’…

El cumplido hueco se convierte en cumplimiento (cumplo y miento).

Las apariencias se estrellan contra el espejo: No eres más alto, son las calzas de tus zapatos.

Sólo los jerarcas de la iglesia siguen creyendo…que ‘el hábito hace al monje’. ¡No se enteran!

No creo en la juventud de bote, ni en la importancia de tarro. ¿Para deslumbrar a quién…y para qué?

La sociedad de consumo nos engaña con bisutería, para que con ella engañemos a los demás.

Tampoco quiero hacerme el dormido ante los gritos sociales, y mucho menos hacerme el muerto. Los gritos siempre son explosiones de alegría, o de rabia, o de dolor, o de miedo…de los seres humanos.

 

Déjenme con mi genio, con mi buena y mala educación. Han sido mis compañeros de camino.

No importa si mi temperamento es primario, secundario o terciario.

Me gusta vomitar sobre los asesinos, sobre los señores de la guerra y sobre los malditos mercados que devoran a gente y a pueblos inocentes.

¿Qué piensan los mercados sobre la crisis del euro y las medidas de la UE?, le preguntaron en la BBC.

Y aquel agente de bolsa, Alessio Rastani, empezó a echar mierda por su boca: “El miedo está ahora gobernando los mercados, los fondos, las instituciones…Personalmente, creo que da igual. Soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis. Si veo una oportunidad para ganar dinero, voy a por ella.

Nosotros, los agentes financieros, no nos preocupa que la economía se arregle. Nuestro trabajo es ganar dinero con esto. Personalmente, he estado soñando con este momento desde hace tres años. Tengo que confesarlo, yo me voy a la cama cada noche soñando con una recesión, soñando con un momento como éste… Si sabes lo que hay que hacer, puedes ganar un montón de dinero… Este no es el momento de confiar en que los gobiernos van a arreglar las cosas. Ellos no gobiernan el mundo. Goldman Sachs gobierna el mundo”.

Han sustituido los valores por los intereses. Déjenme resistirme.

 

Déjenme seguir esperando y soñando. Es la razón para caminar.

Qué culpa tengo yo de creer que el cambio social es posible y de creer que la Utopía no es una quimera sino un desafío. Y que la Utopía va a continuar, a pesar de todos los pesares. Y que, como dice Galeano, dentro de este mundo de mierda hay otro mundo posible, difícil de parir pero que ya está latiendo.

No sólo es posible, otro mundo es seguro.

Siento enorme respeto por la lucha de millones de personas en la historia, dando incluso la sangre, y por los millones que hoy viven, luchan, se manifiestan y cantan.

No me deslumbra que el dinero sea la sangre del sistema. Lo que desprecio es que los amos del dinero dispongan de las vidas de las personas. ¡Con la dignidad no se juega!

No es verdad eso de que ‘el tiempo es oro’, como si el dinero fuera la medida de todas las cosas.

El tiempo no es oro, el tiempo es vida. Cuando alguien se muere, se acabó su tiempo. Reducir el tiempo a dinero, es reducir la vida a dinero. ¡Nuestras vidas no son mercancías!

Esta sociedad se empeña en dar valor a lo que tiene precio en el mercado y no valora lo que no lo tiene.

Y ahórrense eso de que las manifestaciones y las revueltas no llevan a ninguna parte. ¿Cuánto les pagan por lanzarnos tal mensaje? ¿Cuál es la alternativa: La sumisión de vida, el silencio de los corderos…?

Las batallas hay que darlas, se ganen o se pierdan, porque eso nos ratifica. Cualquier lucha puede ayudar a cambiar las cosas.

Estoy seguro que habrá muchos 15 de Octubre. ¿Acaso se pueden poner barreras al hambre, a la justicia,…a la vida?

Somos humildes obreros de una Utopía en construcción, pero obreros.

Déjennos querer la vida en todas sus formas y para todos. Déjennos querernos la gente y no volvernos insolventes afectivos.

Déjennos intentar vivir una esperanza coherente, creativa, subversiva…

 

Jodío viejo,… ¡qué gusto escucharlo!

 

El mochuelo

(noviembre-2011)

 

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