Socialismo es el camino de la gente

El socialismo, puede ser otro el nombre si éste repugna o tiene dueño, es el camino de la gente que desea su liberación y se organiza para dársela.

“Desear la liberación” se dice fácil, pero se hace laborioso porque contempla y combina prácticas complejas.

Liberarse pasa por integrarse personalmente y, así, irradiar autoestima. La autoestima es la que nos potencia para relacionarnos con los otros como prójimos en un emprendimiento común. Autoestima es aprender a quererse con otros, para otros.

Los emprendimientos comunes, donde todos y cada uno se enriquecen y crecen personalmente, no pueden ni siquiera imaginarse sin autoestima…

Un emprendimiento común es, por ejemplo, la relación de pareja. Pero también lo es la producción política y cultural de la especie, hoy especie biológica pero no humana.

“Socialismo” es un nombre para esa esperanza variopinta: soy capaz de construir humanamente una relación de pareja. Soy capaz, porque me empeño y organizo, de construir con otros, con millones, la articulación amable, fructífera, de la especie humana. Soy capaz, con muchos, de construir mi pueblo, mi nación.

Socialismo, como se advierte, es un nombre del proceso para la construcción diferenciada, ahora, de un futuro, si es que la humanidad, la gente, desea tener ese futuro. No tiene alternativa.

 

                                         Helio Gallardo (Costa Rica)

 

     Socialismo: una sociedad de hombres y mujeres libres

El capitalismo ha logrado –por medio de la violencia, la concentración de riquezas, la monopolización de los avances científicos-técnicos-, mundializar su dominación, transformando en mercancía y privatizando todo lo existente.

La cultura hegemónica impone un patrón burgués, racista, patriarcal, guerrerista, naturalizando las diversas opresiones.

Volver a soñar el socialismo es una invitación a rechazar la mercantilización de todas las dimensiones de la vida, la privatización de los bienes de la naturaleza y la cultura, y a democratizar las relaciones sociales creando vínculos basados en la solidaridad, el derecho a la vida y la libertad.

Es el desafío de revolucionar las prácticas, las teorías y los gestos cotidianos, para que sean factor de subversión del sentido común y de las ideologías que pretenden explicar al mundo legitimando las injusticias.

La distancia entre el sueño socialista y los intentos realizados en su nombre, marcan la necesidad de no sacrificar el ideal frente al altar del socialpragmatismo  –esa ideología vuelta dogma en los modelos “realmente inexistentes” de socialismo derrumbados tras la caída del Muro de Berlín-.

“O inventamos, o erramos”, nos enseñó Simón Rodríguez en el siglo XIX. Y Mariátegui nos dijo en el siglo XX que “el socialismo no será calco ni copia sino creación heroica de los pueblos”.

El desafío es reinventar el socialismo como proyecto popular, amasado desde la tierra, regado con la memoria de todas las resistencias, en un territorio reapropiado por los hombres y mujeres que con sus vidas escriben una historia verdadera, apareciendo a los desaparecidos/as, enarbolando sus banderas desgarradas, para que las nuevas generaciones hilvanen artesanalmente, tejiendo la trama de una sociedad de hombres y mujeres libres, en armonía con la naturaleza de la que son, se saben y se sienten parte.

 

                                            Claudia Korol (Argentina)

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