¿Qué come usted, buen hombre?

¡Por amor de Dios, eso no es comida!

 

Es lo que me tira la vida, señor.

Como lo que me tira.

 

¿Y qué de sus hijos?

¿Qué comen ellos? Dígame.

 

Lo que puedo yo tirarles

de lo que la vida me tira.

 

¿Cómo puede seguir así?,

buen hombre, que eso no es vida.

 

Es mi lucha y mi verdad, señor,

la prefiero a su mentira.

 

¿Por qué me ofende, buen hombre?

Yo que usted no lo haría.

 

Mírese mirarme, señor, mírese,

que más ofensa usted no podría.

Su manera es respetuosa, señor,

pero el asco en su mirada

descubre mi olor y su falsía.

 

Siga su camino, su vida,

olvide usted mi desaire

mis hijos y yo trataremos de olvidar

su olfato y su manera, su hipocresía.

 

Rafael Varela

(especial para ARGENPRESS CULTURAL)

 

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