Llegó en estos días un interesante artículo, titulado “Mensaje en una botella” que dice cosas así:

 

Sí, ya lo sabemos, la economía va mal, el paro aumenta, hay disturbios en la calle y cada vez más recortes y menos prestaciones por parte de las cada vez más inoperantes y vacías instituciones, pero eso es lo que los economistas llaman el “cuadro macroeconómico”. Seamos sinceros, a ti lo que te preocupa es lo tuyo: qué va a ser de ti y de tu familia. El cuadro microeconómico…

Estamos todos en un barco que se hunde y el capitán está tan aterrado e impotente como nosotros…

 

La cosa es evidente, pero estamos educados para que el concepto sea inaceptable, así que como un ordenador que falla nos reiniciamos continuamente en busca de otra explicación, de algo que case con nuestros esquemas mentales. Porque la simple y llana verdad es inaceptable. Y esa simple y llana verdad es que el crecimiento, el crecimiento en general, ya sea de la economía, de la población, del bienestar, etc. ya no es posible.

No sólo ya no es posible, es que estamos condenados a decrecer durante un tiempo, durante una laaarga temporada. No por elección, no por conciencia y todas esas cosas que dicen los grupos ecologistas, no. Decrecemos porque no queda más remedio. A la fuerza. Por narices.

 

¿Alguna vez te planteaste por qué crecíamos? ¿Por qué la economía crecía? ¿Por qué la población crecía? ¿Por qué nuestro nivel de vida mejoraba?

Todo esto pasaba porque teníamos muchos recursos; no sólo muchos, sino que cada año teníamos más. Hemos tenido más comida, más agua, más energía, más coches, más electrodomésticos… No sólo más, sino cada vez mejores y han aparecido cosas nuevas y más maravillosas: ordenadores potentísimos, teléfonos inteligentes, medicamentos que curan males antes incurables, aviones, tomates en invierno y naranjas en verano…

Bien es verdad que una parte de la Humanidad, la mayoría de hecho, no ha tenido jamás acceso a tales maravillas, pero para los que hemos vivido aquí  ha sido un tiempo glorioso. Un sueño de progreso continuo y rápido que ha durado muchas décadas…

Crecíamos, cada vez éramos más poderosos, la gente tenía trabajo, se compraban casas (a veces con piscina y todo), dos coches, varios ordenadores y se iba a la Ribera Maya en verano y a Praga por Semana Santa.

Llegó un momento en que pensamos que todo esto era fruto de nuestra inteligencia y nuestro esfuerzo, y pensamos que teníamos garantizada la continuidad de estas cosas, que teníamos derecho a ellas.

Pero no prestamos atención a un detalle fundamental. Mientras nuestro progreso material se aceleraba también lo hacía nuestro consumo de materias primas, de todas las materias primas: petróleo, carbón, gas, uranio, hierro, cobre, aluminio, oro, plata, estaño, litio, cobalto, fosfatos…

Porque nuestro progreso era material y se basaba en la materia, necesitábamos más materiales para construir cada vez más cosas, cada vez mejores. Estábamos tan seguros de que siempre iríamos a mejor que montamos un sistema económico y financiero basado en el  crédito. Crédito viene del latin credere (creer). El que concede crédito cree que el que lo recibe podrá devolverlo; no sólo eso, sino que podrá devolver más de lo que recibe, que podrá abonar un interés.

El problema es que la deuda se va agrandando…

Pero nuestro sistema económico ha funcionado así durante más de un siglo y se reiniciaba y volvía a funcionar. Pero esta vez no. ¿Qué falló?

 

Fallaron los recursos. El planeta es finito; grande, pero finito, así que la cantidad de materiales que hay en él es finita. Ese problema no es demasiado grave con los metales que en parte se pueden reciclar, pero es crítico con las materias energéticas porque se queman en su uso, se consumen y nunca más pueden volverse a utilizar: sólo quedan las cenizas. Así que tal manera de hacer las cosas sólo puede durar un tiempo, hasta que se acaben el petróleo, el gas, el carbón y el uranio que proporcionan más del 90% de toda la energía que se consume en el planeta Tierra…

 

Por razones profundas que tienen sus raíces en la Geología y en la Física, resulta que no se puede extraer el petróleo, el carbón, el gas y el uranio a la velocidad que nos dé la gana. Bueno, sí se puede, pero haciendo las cosas de manera tan brutal y gastando tanta energía que al final el combustible recuperado no nos daría tanta como la que hemos gastado, y entonces no tiene sentido hacer minas de ese tipo…

El caso es que la producción de materias primas no es constante. Al principio sube y sube rápidamente. Pero tarde o temprano llega a su techo, a su cenit, y luego va bajando.

Esto fue lo que pasó. El cenit del petróleo fue en 2005. Las principales fuentes de energía del planeta están mostrando síntomas de agotamiento, de final de un ciclo. Del final del crecimiento.

 

A fin de cuentas, ¿no es dejar de crecer parte de un proceso natural? Cuando somos niños crecemos y crecemos hasta llegar a adultos, y ahí paramos de crecer. Y eso es lo sano y lo saludable; ¿qué pasaría si creciéramos sin cesar? Pues con nuestra sociedad pasa lo mismo;  de hecho es análoga a un ser vivo…

Ahora somos 7.000 millones de habitantes en este planeta y sólo tocamos a un pañuelo de tierra cultivable, a un cuadro de 40 ó 50 metros de lado por persona en esta roca aislada en medio del espacio.

Hacia el 2005 se empezó a comprimir nuestro gigantismo…En 2008 la compresión fue tan fuerte que el sistema hizo crack y por un momento se habló de refundar el capitalismo, de cambiar las reglas, de repensarlo todo; por un momento hubo miedo de que todo se hundiese. Pero la inercia mental, la imposibilidad de aceptar que no podamos seguir creciendo, la identificación falsa del crecimiento económico con el propio bienestar, hizo que al final creásemos más deuda para salir del hoyo de 2008. Es decir, creímos que en el futuro generaríamos más riqueza y la cogimos prestada del futuro para tapar los agujeros de hoy. Sin darnos cuenta de que hicimos más grandes los agujeros del mañana.

 

El caso es que no estamos pasando un buen momento…Y anticipo que este otoño será complicado: se aplicarán más recortes, veremos más caídas de las bolsas, la recesión de las grandes economías será inminente y habrá más tensión en las calles.

La realidad es que esta crisis económica no puede acabar… No acabará hasta que volvamos a encontrar un nuevo suelo firme donde asentarnos; de momento sólo podemos esperar caer y caer.

 

¿Quiere decir eso que no hay esperanza? No, por supuesto que no. Pero tenemos que comprender que tenemos que cambiar. Toda la sociedad ha de cambiar. Tenemos que organizarnos de otra manera…El problema no es el partido A o B, ni el dirigente Fulanito o Menganito, sino la concepción misma del sistema económico, estamos a tiempo de revertir la situación. Esencialmente nuestro problema es de crédito, de creer en una determinada cosa… Muy bien, creamos en otra, en otra muy diferente.

 

Tenemos medios técnicos para proporcionar energía sin basarnos en combustibles fósiles y el uranio. No podremos producir tanta energía de manera sostenible (las grandes instalaciones industriales  de hoy en día sólo pueden mantenerse gracias a los combustibles fósiles), seguramente a largo plazo no podremos producir ni el 10% de todo lo que consumimos hoy en día, pero probablemente eso es más que suficiente. Pero tenemos que prepararnos ordenadamente para ello, hemos de organizarnos.

 

Y antes de pensar en energía, pensemos en aquello que realmente necesitas tú y tu familia. De momento agua, comida y dónde cobijarte. Tener un trabajo digno con el cual mantenerte y contribuir al mantenimiento de tu comunidad. Y hablando de la comunidad y de tu propio interés en realidad, tenemos que mantener limpias nuestras calles y nuestra agua para evitar las infecciones. Tenemos que ser capaces de producir medicamentos simples, como los antibióticos, para poder tratar las enfermedades más comunes. Tenemos que preservar la energía en primer lugar para mecanizar el campo y aumentar su productividad, pero hemos de cultivar de manera sostenible, sin esquilmar los terrenos. Tenemos que organizar la producción de los bienes necesarios pero no malgastando nada, ni materiales ni energía. Hemos de mantener las casas calientes en invierno y frescas en verano pero sin atosigarlas con humos tóxicos. Hemos de enviar a nuestros hijos a las escuelas para que aprendan a vivir en un mundo diferente del actual, y a nuestros enfermos a hospitales más dignos y adecuados que podamos.

Tenemos mucho trabajo que hacer. Necesitamos muchas manos. Deja de lamentarte por lo que has perdido y trabaja por lo que necesitamos ganar entre todos…

 

AMT, es Licenciado en CC. Físicas, Licenciado en CC. Matemáticas, Doctor en Física Teórica, Científico titular en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.

 

Para leer el artículo completo

 

  1. Rafael González Jiménez
    12 Sep 11 9:30

    Magnífico artículo. De lo más lúcido que he leído últimamente. Identifica muy bien cuál es el verdadero problema que tenemos, más allá de la crisis, el paro insostenible, los recortes sociales…
    Es decir, que “esto” ya no da más de sí y que tenemos que aprender -y lo más deprisa posible- a vivir de otra manera; fundamentalmente a vivir con menos (¡pero con mucho menos!) para que podamos vivir todos: los que estamos ahora y los que vendrán después.

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