La televisión

A fines del año 1999, el presidente del Uruguay inauguró una escuela en la zona de Pinar del Norte.

Por tratarse de un barrio de gente pobre y trabajadora, el primer mandatario quiso enaltecer con su presencia este acto cívico.

El presidente llegó desde el cielo. Vino en helicóptero, acompañado por las cámaras de televisión.

En su discurso rindió homenaje a los niños de la patria, que constituyen nuestro capital más valioso, y exaltó la importancia de la educación, que es la más rentable inversión en este mundo tan competitivo. A continuación, se entonó el himno nacional y se lanzaron al aire globos de colores.

Entonces, en el momento culminante de la ceremonia, el presidente regaló un juguete a cada uno de los alumnos.

La televisión transmitió todo en directo.

Cuando las cámaras terminaron su trabajo, el presidente regresó al cielo. Y las autoridades de la escuela procedieron a recuperar los juguetes repartidos. No fue fácil arrancarlos de manos de los niños.

 

La geografía

En Chicago, no hay nadie que no sea negro. En pleno invierno, en New York, el sol fríe las piedras. En Brooklyn, la gente que llega viva a los treinta años merecería una estatua. Las mejores casas de Miami están hechas de basura. Perseguido por las ratas, Mickey huye de Hollywood.

Chicago, New York, Brooklyn, Miami y Hollywood son los nombres de algunos de los barrios de Cité Soleil, el suburbio más miserable de la capital de Haití.

 

El mercado global

Árboles de color canela, frutos dorados.

Manos de caoba envuelven las semillas blancas en paquetes de grandes hojas verdes.

Las semillas fermentan al sol. Después, ya desenvueltas, el sol las seca, a la intemperie, y lentamente las pinta de cobre.

Entonces el cacao inicia su viaje por la mar azul.

Desde las manos que lo cultivan hasta las bocas que lo comen, el cacao se procesa en las fábricas de Cadbury, Mars, Nestlé o Hershey y se vende en los supermercados del mundo: por cada dólar que entra en la caja, tres centavos y medio van a las aldeas de donde el cacao viene.

Un periodista de Toronto, Richard Swift, estuvo en una de esas aldeas, en las montañas de Ghana.

Recorrió las plantaciones.

Cuando se sentó a descansar, sacó de su mochila unas barras de chocolate. Antes del primer mordisco, se encontró rodeado de niños curiosos.

Ellos nunca habían probado eso. Les encantó.

 

Eduardo Galeano

 

(*) Textos pertenecientes al libro del autor Bocas del tiempo. México, Siglo XXI, 2004. 347 p. Reproducidos con autorización de la editorial.

 

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