«Dos grandes explosiones políticas han tenido lugar en nuestro país entre el 15 M y el 22 M.

¿Estamos esquizofrénicos los españoles?
Es hora de dar respuesta a esta pregunta y de reflexionar sobre los antagonismos existentes entre ciudadanos que han tenido comportamientos bien diferentes.
Hemos de preguntarnos qué manifiestan el 15-M y el 22-M.»

 

De individuos siervos a ciudadanos precarios en lucha
En el primero de los casos (15-M), estamos ante la insurrección del «precariado»

El proletariado de siglos pasados se reencarna de alguna forma en el precariado del siglo XXI. Está formado por parados, trabajadores con bajos salarios, jóvenes sin acceso a la vivienda, jubilados con bajas pensiones, inmigrantes explotados, graduados universitarios sin empleo o con trabajos mal pagados, parejas sin perspectiva de formar una familia, prejubilados, habitantes de barrios obreros desestructurados y de comarcas rurales deprimidas.
Hasta ahora estos ciudadanos explotaban hacia dentro de sí, asumían su infortunio con rabia contenida o con la desesperación de la impotencia, aguantaban la situación con ayuda familiar dispuestos a sobrevivir en la selva del «sálvese quien pueda».
Este precariado se ha ido extendiendo en diversas clases sociales, llegando a afectar incluso a familias burguesas. Padres de clase media ven que a sus hijos, que han recibido mejor formación que ellos, les aguarda un futuro peor. La sociedad se ha ido dividiendo en dos grandes bloques: los satisfechos e integrados, a quienes la crisis lo único que les ha provocado ha sido una disminución de su consumo, y los precarizados y expulsados de la sociedad del bienestar y de los trabajos dignos.
El 15 M ha significado la explosión hacia fuera de los humillados y ofendidos por la nueva exclusión social. Se han dado cuenta que los partidos y los sindicatos representan ante todo a los ciudadanos satisfechos e integrados y a ellos sólo les aguarda la abstención, el voto nulo de la rabia o el voto desencantado cada vez más sin sentido.
Ante el aburguesamiento general de los que tienen voz y poder (políticos, sindicalistas, periodistas, profesores), han decidido ser portavoces de su situación y de sus demandas. Y han atacado al centro de nuestro sistema: el poder político y el poder económico. Y demandan más democracia, más soberanía popular, más poder ciudadano.

 

Crítica a la democracia realmente existente
El sufragio universal no conlleva por sí solo la soberanía popular en ámbitos económicos, sociales y culturales.
Tenemos una democracia unilateralmente identificada con el parlamentarismo, incapaz de expandirse y convertirse en democracia económica y democracia cultural. Los partidos y sindicatos tienen una grave responsabilidad en esta reducción de la democracia.
La crítica explícita e implícita a partidos y sindicatos expresada por el movimiento del 15 M manifiesta con gran riqueza de lenguaje y de símbolos la baja confianza institucional en éstos.
Partidos y sindicatos sufren una grave arterioesclerosis y son incapaces de innovar la acción política y sindical.
Los poderes económicos y financieros han sido desnudados por esta movilización ciudadana.
Uno de las mayores paradojas políticas de la democracia desde sus inicios es el mantenimiento de la fuerza dominadora de estos poderes. A ellos no les afecta ni los cambios de gobiernos, ni las movilizaciones sindicales.
Han sido capaces de crear alianzas con los poderes políticos y mediáticos, enmascararse con sus obras sociales y sus patrocinios culturales para ocultar su sistema de explotación, mantener bien atados a los partidos por sus deudas con los bancos, ganar a los sindicatos en su capacidad de presión sobre los gobiernos, utilizar mecanismos financieros para reducir sus contribuciones a Hacienda y operar en paraísos fiscales, lograr que las Universidades investiguen sobre la situación de los pobres, pero no sobre el poder de los ricos.
El movimiento del 15 M ha puesto por fin el foco sobre ellos, ha exigido conocer su acumulación de riqueza y ha demandado que ésta se redistribuya justamente.

 

Cuando los trabajadores votan a la derecha
Las tesis que vengo sosteniendo en este texto pueden ser útiles para comprender lo sucedido en las elecciones del 22 M. Sin duda alguna, ha habido un voto de castigo al gobierno y, especialmente, a su presidente. Estos males tiene la política adoptada de identificar a un partido con su secretario general y presidente de gobierno.
Sin embargo, el voto masivo al PP tiene también que ver con la asunción por un sector importante de la ciudadanía de que vale más el original que una mala copia si de lo que se trata es de crear empleo a cualquier precio. Si no hay más salida que hacer política objetivamente de derecha, pues que la haga ella, que lo hará mejor.
El PSOE, desde 1982, no sólo se ha derechizado él mismo, sino que ha derechizado a la sociedad. Especialmente en los últimos ocho años ha confundido totalmente su papel y ha creído que progresismo es igual a socialismo. Con ello habrá podido contentar a la burguesía progresista, pero el precariado esperaba otra cosa…
IU también ha fracasado en la articulación y representación política del precariado. IU no es vista ni como organización capaz de gobernar, ni como movimiento articulador de los trabajadores precarios. Muchos prefieren la abstención o el voto nulo, precisamente porque piensan que ni PSOE ni IU les representan…

 

El futuro político y el fortalecimiento del movimiento del 15 M
Con una parte del precariado votando al PP y con otra parte del mismo movilizándose por la democracia real y criticando a los partidos de derecha y de izquierda, ¿qué futuro político nos aguarda?
A corto plazo, no parece que haya condiciones para detener el triunfo del PP en las generales.
Pero lo importante es el medio plazo. Hay que cambiar la forma de hacer política, desvelar la concentración de la riqueza en España y redistribuirla, elaborar nuevas políticas en fiscalidad, vivienda, trabajo decente, democracia en la empresa, educación.
Y para estos cambios necesitamos que el movimiento del 15 M se fortalezca, genere contrapoder ciudadano, cree un nuevo antagonismo social basado en el conflicto no violento y la propuesta de alternativas penetre entre el precariado…
El Movimiento del 15 M necesita tiempo para crecer, pero a los partidos y sindicatos les urge aprender de lo que significa y demanda…

 

Organización, demandas y luchas del precariado sublevado
No sabemos todavía si las concentraciones y movilizaciones desarrolladas a partir de la segunda quincena de mayo van a cristalizar en un movimiento social o sólo van a ser una explosión social de corta o media duración…
Me parece que sería útil una estrategia neogandhiana de resistencia, desobediencia civil, ocupación del espacio público. Una especie de guerra de guerrillas no violenta, de acción y retirada, de movilización y educación cívica, de protesta y elaboración colectiva de propuestas y alternativas.
Un movimiento sin prisa y sin pausa, que sabe que para crecer a largo plazo hay que saber ajustar el ritmo y el tiempo. Se trata de crear un movimiento amplio de ciudadanos que sufren la precariedad, no una nueva vanguardia antisistema hiperideologizada…
Es muy importante generar antagonismo y conflicto. La sociología nos enseña que sin ellos, no hay cambio social.
El conflicto social hoy día tiene que ser no violento, pero no por ello debe ser pacato.

Está bien que se  intente articular el movimiento a nivel de barrio, pero es imprescindible mantener la acción directa en los centros de las ciudades.

La maduración y el crecimiento de un movimiento social de precarios en lucha van a necesitar una elaboración programática que vaya más allá del enunciado de demandas genéricas por más justas que puedan ser.
No es cierto que no haya alternativas. Es mucho lo que ya está elaborado, pero los militantes más concienciados, los economistas críticos y los ciudadanos que sufren la precariedad han estado desvinculados. Es hora de organizar la confluencia para ir elaborando una plataforma programática que se ofrezca desde la sociedad civil.

Los campos prioritarios han de ser: el control democrático de la riqueza,  una nueva fiscalidad, la creación de una banca pública, nuevas leyes laborales para la democracia en la empresa, la creación de empleo decente y la progresiva extinción del trabajo precario, formas para lograr «trabajar menos, trabajar todos y vivir mejor»,  cambios en las formas de elegir a los diputados, creación de observatorios independientes de políticas públicas, nuevas políticas de acceso a viviendas dignas, etc.
Ante el nuevo ciclo político del PP, hay que organizar la movilización ciudadana. Su receta neoliberal para el empleo es bien conocida.
Tenemos que contemplar también el tiempo medio y largo, si se desea crear un movimiento social persistente. La acción y la elaboración programática irán creando las condiciones para nuevas formas de representación política.
Lo que sí está claro es que hay que ir más allá del capitalismo y que un futuro con esperanza pasa por la construcción de alternativas anticapitalistas, ecologistas e internacionalistas.
Las luchas y las alternativas generadas desde las bases ciudadanas irán dando cuerpo a nuevas formas de hacer política que quizá con el paso de los años cristalicen en nuevas formaciones políticas. Por ahora, estamos en el tiempo del «mientras tanto».

 

Rafael Díaz Salazar

Para leerlo entero pinchar aquí

 

Dejar un comentario