A ver si lo he entendido y puedo explicarlo.

Poco a poco, lo más fácil y didáctico posible, para que,

la clase política -y su periodismo cautivo-, lo entiendan.

 

Las acampadas, piden exactamente eso:

un alto en el camino,

un momento de calma en el recorrido,

un freno en este acelerón descontrolado,

un stop a nuevas medidas.

Porque el Planeta y las personas

que en Él cohabitamos no aguanta más:

 

Los alimentos que entran por la boca, se cultivan en fábricas, y nos matan por dentro.

Las fábricas contratan máquinas sin parar; y cada vez hay más parados.

El campesinado, de profesión hacedores de comida, muere de hambre, de deudas, o de pena.

Los banqueros, son ladrones. Y el robo está subvencionado.

Las subvenciones, ni socorren ni auxilian. Privilegian.

El ser humano, bípedo, ya no sabe andar, sólo sabe pisotear.

La energía se crea y se transforma; y se derrama tóxica como lava de un volcán.

Las abejas desaparecen y ningún gobierno declara ‘situación catastrófica’.

En las prisiones trabajan inocentes, en los escaños descansan malhechores.

El petróleo ya se ha acabado, pero se siguen fabricando coches a gasolina y tractores a gasoil.

En el banco no hay crédito para las personas emprendedoras, a no ser que armes la Guerra.  Y el arma de la educación ha perdido todo el crédito.

Los laboratorios inventan curas para las epidemias de los ricos. Las desnutriciones, malarias o gripes comunes se califican como ‘patologías sin remedios’.

En la bolsa se juega con la comida; y la bolsa del pan está vacía.

La clase política, en general, está al servicio de las corporaciones; y en particular les limpia los mocasines.

Los brotes verdes ya no salen por primavera. Con sus hermanas otoño, invierno y verano, las estaciones, buscan refugio… en otro universo.

 

Paremos. Alto. ¡Acampemos!

Hagamos un fuego. Y que sea  chiquito, que nos hará estar más juntas, más apretadas. Más sostenible.

Canturreemos algunas canciones que nos devuelvan la alegría.

Conciliemos el sueño. Sueños reparadores.

En las primeras luces del amanecer, quien sabe si descubrimos sendas nunca exploradas.

Si miramos hacia atrás, tal vez recuperaremos otra forma y ritmo en el caminar.

Por el momento, rellenemos las cantimploras.

Aunque lo prohíban.

 

Gustavo Duch

19 de mayo de 2011

 

(Comentario publicado en Señalando con el dedo)


 

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