En España andamos de elecciones, elecciones municipales y autonómicas (`departamentales´ en otros países). El ambiente preelectoral es muy similar al de otros lugares del mundo: candidatos políticos lanzando mítines por los pueblos, vestidos como la gente de calle y repartiendo besos por los mercados; gritando las mismas promesas incumplidas de siempre y ninguneando a sus adversarios. Nos señalan con sus ojos, con sus voces y con sus índices queriendo convencer a la ciudadanía de que su voto es la esencia de la democracia. Claro que sí, ¡La ciudadanía es lo más importante!…durante los quince días que dura la campaña electoral.

Muchos candidatos no pueden disimular que lo verdaderamente importante para ellos es la poltrona del poder, mucho más que los intereses de la población. Todos proclaman la democracia, a la vez que amparan en sus listas a numerosos corruptos. Son expertos en montar el circo electoral para arrancar el voto ciudadano, y luego decidir a sus anchas durante los cuatro años de legislatura.

“Para cambiar hay que votar” reza el panfleto de un partido. ¿Están ustedes seguros de eso, señores políticos?

¿Están seguros de que el cambio social se consigue sólo con los votos y no con la lucha, el compromiso y la participación permanente de la ciudadanía?

¿Qué fuerza real tienen los votos en una democracia “formal” como la nuestra, donde la participación ciudadana se reduce “formalmente” a votar cada cuatro años y donde los candidatos elegidos y sus partidos monopolizan todo el `poder delegado´ por esos votos para tomar decisiones a su antojo o presionados por otros intereses ajenos a los de la población?

Las propias contradicciones de esta “democracia formal y representativa” acabarán con ella. ¿Quién decide realmente en este tipo de ‘democracia formal’? ¿A qué criterios responden esas decisiones? Hay quien llama a este tipo de democracia “plutocracia” porque deciden los ricos; o “partitocracia” porque priman los intereses de partido más que el interés general; o “democracia burguesa” porque ve posible la existencia de democracia política sin democracia económica; o “democracia hipócrita” porque proclama derechos universales pero antepone intereses particulares; o “democracia formalista” porque compagina la defensa “formal” de la libertad y la justicia con la alianza y amparo de dictadores.

¿Elecciones democráticas el 22 de mayo en España?…Mejor diremos votaciones democráticas, porque con el actual sistema electoral no vamos a poder elegir realmente a las personas que queremos.

 

Coincidiendo con la campaña electoral se produjo otro fenómeno en España que se inició el 15 de Mayo: Movilizaciones en diversas capitales de provincia con el lema ¡Democracia real YA!

También en otros muchos países están aflorando movilizaciones con importantísima presencia juvenil (Países árabes, Francia, Grecia, Portugal, Reino Unido, México, Argentina, Honduras, etc).

Les llaman revueltas, a pesar de su carácter pacífico, porque manifiestan su indignación contra el poder establecido, o contra el sistema que sostiene al poder tirano o a las “democracias formales”; porque reclaman derechos básicos ciudadanos, mayor participación y mayor igualdad social; porque exigen libertad y justicia contra el descarado sometimiento a los poderes económicos; porque denuncian el terrible aumento de desempleo y de recortes sociales, mientras los bancos y grandes empresas baten récords de beneficios…

Las reacciones de los políticos y gobernantes también son muy similares en todo el mundo: Empiezan por obviar estas manifestaciones ciudadanas y silenciarlas a través de sus medios de comunicación; más tarde comienzan los titubeos y las zozobras y, según casos, aplican medidas coercitivas o represivas. Otros dirigentes echan mano de acusaciones y descalificaciones injuriosas con el objeto de denigrar a esos movimientos sociales reivindicativos. Algunos intentan aprovecharse y manipular tales movimientos para dirigirlos a la frustración. La mayoría de ellos confía y supone que se trata de movilizaciones efímeras, como agua pasajera, como simples desahogos que terminan en nada.

La historia dice que hay una coincidencia universal: Todos los poderosos, por muy grande que sea su poder, sienten miedo cuando algún movimiento social apunta a su línea de flotación, al pedestal que los sostiene, al modelo que les cobija, al sistema que los mantiene.

 

–          Pero este planteamiento  es muy simplista, replicó aquel señor.

–          Claro que sí, este comentario es simple como una esquela; pero quizás atisba por dónde van los vientos.

Ahora bien, no hay más que asomarse a la prensa y a las tertulias de los medios para observar cuán complejos les resultan estos temas y cuán complicados y hasta ofensivos llegan a ser sus comentarios. ¿Será porque los analistas y ‘todólogos’ no pueden controlar este fenómeno de las movilizaciones, o porque también ellos se sienten fuera de juego y se ven afectados por su cautividad a los círculos del poder?

 

 

La ventana del Mochuelo

 

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