Como dice Iñaki Gabilondo*, Occidente está abandonando sus principios y se mueve sólo por  intereses.

Los principios se pueden proponer con comodidad, se pueden esculpir en piedra y luego se pueden perfectamente olvidar.

En momentos de prosperidad nos volvemos rumbosos e incluso generosos y, tal vez, llegamos a defender algunos de esos principios. Pero en situaciones económicamente apretadas, ¿Dónde dejamos los principios? ¿A quién le importan los principios?

Repasemos la actualidad y encontraremos la prueba evidente de lo que decimos.

 

La situación del Norte de África.

Siria: Los tanques del ejército están asesinando a centenares de civiles. El presidente El Asad parece dispuesto a repetir lo que su padre hizo en 1982 cuando aplastó la revuelta islamista y asesinó a más de 10.000 personas, infundiendo un miedo profundo que duró hasta ahora. Pero en teoría Israel es su gran enemigo. Siria, país donde más del 40% de su población tiene menos de 15 años y el empleo escasea, se considera un peligrosísimo polvorín dentro de Oriente Medio.

En Bahréin y Yemen la represión está dejando las calles ensangrentadas. Pero en estos países existen intereses directos norteamericanos. Y allí tiene también intereses Arabia Saudita, quizás la mayor dictadura de la zona, donde igualmente han sido fuertemente reprimidas las manifestaciones. Pero la tiranía de Arabia es tan aceptable en Occidente como su petróleo.

En Túnez y Egipto: Donde se contaron cerca de 300 víctimas mortales civiles y 846 respectivamente, además de miles de heridos, no cesan las reclamaciones de reformas más sociales y justas. Sospechan que la injerencia internacional tiene sus objetivos particulares.

Libia: Se encuentra en abierto estado de guerra con participación ‘sospechosa’ de fuerzas armadas de la comunidad internacional. Las numerosas víctimas civiles y militares son difíciles de contar. Pero en Libia hay mucho petróleo.

Marruecos: No cesan las multitudinarias manifestaciones reclamando reformas. Pero los intereses europeos y norteamericanos allí son grandes. Por cierto, la ONU acaba de prolongar la presencia de sus cascos azules en el Sáhara Occidental, pero, en contra de la petición del Frente Polisario, no velarán por los derechos humanos, ni se implicarán en la defensa de las libertades fundamentales de la población saharaui.

Y podríamos seguir con Nigeria, Argelia, etc.

La pobreza y el hartazgo por la tiranía de sus gobernantes han encendido la mecha de protestas sociales en el Magreb y Oriente Próximo; gobernantes mimados desde hace años por Occidente en correspondencia a sus intereses allí implicados.

Esta situación del Norte de áfrica está poniendo en evidencia las contradicciones de Occidente. No sabemos qué hacer. Sabemos cuáles son nuestros intereses, pero no nos atrevemos a manifestarlos para no aparecer abiertamente como violadores de nuestros principios. Nuestro titubeo nos va dejando al descubierto.

 

Caso de Lampedusa.

Desde el principio de la historia humana, grandes masas de población se han visto obligadas a huir por la guerra, por el hambre, por la represión o por la miseria. Ahora le ha tocado el turno especialmente a la población del norte de África. Es mucha la gente que huye pese al riesgo de morir (el Mediterráneo se ha tragado centenares de personas en este pasado mes de abril).

Un destino de urgencia y propicio para huir es la isla italiana de Lampedusa.

El gobierno italiano ha protestado, se ha resistido a seguir recibiendo inmigrantes/refugiados y adoptó medidas para sacarles del país.

Francia cerró sus fronteras para evitar el desvío de refugiados desde Italia. Se mencionaron intereses políticos y electorales.

Francia e Italia han solicitado la modificación del tratado Schengen, el cual permite la libre circulación de personas por las fronteras de los estados miembros con el objetivo de formar una única frontera exterior.

La Unión Europea también ha rechazado acoger a los norteafricanos que llegan a Italia.

¿Qué fue de las grandes proclamaciones de los principios europeos? ¿Dónde están quedando esos principios frente a la evidencia de la pelea con los intereses?

 

Guantánamo.

La difusión a través de de Wikileaks de 759 informes sobre los prisioneros de Guantánamo ha puesto de manifiesto la situación de Obama y sus principios. Los imperios no tienen principios, sólo intereses.

Centenares de personas (“sospechosas de terrorismo”) fueron encarceladas en condiciones infrahumanas, incluyendo a enfermos psiquiátricos, adolescentes, ancianos y agricultores.

Encarceladas durante años personas que no representaban peligro alguno para Estados Unidos o sus aliados y que no tenían vinculación terrorista o con Al-Qaeda.

Encarceladas arbitrariamente, varias durante ocho o nueve años, sin pruebas objetivas, ni juicios, ni garantías y con severos interrogatorios de por medio.

Aún permanecen encerrados 172 hombres, de los 770 que han pasado por allí desde 2002. Pasados los años muchos fueron puestos en libertad, sin mediar acusación y sin ningún tipo de compensación por el tiempo pasado entre rejas.

Los documentos revelan masivas violaciones a los derechos humanos de los presos. Aunque, Clive Stafford, encargado de la defensa legal de varios detenidos, asegura que la verdad de Guantánamo es cien veces peor de lo que aparece en estos informes de Wikileaks.

En enero de 2009, Obama proclamó: “No quiero ser ambiguo, cerraré Guantánamo”. Se dio un plazo de 12 meses. Ya venció con creces y la cárcel ilegal sigue abierta. El presidente de EEUU admitió que no podía cerrar la cárcel y que restablecería los juicios militares.

 

Sólo son algunos ejemplos. Lo malo de la primacía de los intereses sobre los principios, añadía Gabilondo, es que está debilitando a nuestras propias organizaciones sociales.

Las organizaciones sociales están sostenidas en los principios. Todo está estructurado en base a unos principios.

Si damos la espalda a los principios ¿qué queda…? Quedan cáscaras vacías, que nos llevan a la tristeza, al aburrimiento, al desconcierto, al susto y a la banalidad.

Este es nuestro mundo, que se refleja en sus símbolos. Hay símbolos que valen más que mil palabras: el lujoso bodorrio real británico, el sangrante aumento del desempleo, la pasión desenfrenada por el fútbol, la incesante persecución a inmigrantes, la mediática beatificación del contradictorio Juan Pablo II, la propagandística ‘ejecución extrajudicial’ de Bin Laden,…

 

Mirada Solidaria.es

 

* (Refer. video comentario en El País de 28/4/2011)

 

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