Y es que somos más valientes que nadie…¿o tal vez más cínicos?

Ahora hace un año. Se vertieron más de cuatro millones de barriles de petróleo y se lanzaron medio millón de gases (metano y pentano), que se extendieron en 6.500 kilómetros cuadrados. Murieron 15 operarios. La marea negra, que arrasó con toda clase de vida marítima, seguirá surtiendo efecto mortal por muchos años. La mayor catástrofe ambiental ocurrida en el Golfo de México, por irresponsabilidad de las compañías petroleras. Todo fueron alarmas y acusaciones. Obama suspendía nuevos permisos para exploración y explotación de hidrocarburos submarinos en el Golfo de México y paralizaba las 33 perforaciones de pozos en curso.

Nada importa, British Petroleum podrá reanudar (en el mes de julio) las extracciones en el Golfo de México con autorización de Estados Unidos.

 

Y es que somos arriesgados…¿o tal vez insensatos?

Crece la alerta de contaminación radiactiva en Japón y en el mundo entero, debido a los daños en algunas centrales nucleares por el terremoto y tsunami, especialmente la de Fukushima. El lobby capitalista nuclear había arriesgado irracionalmente al colocar 54 centrales nucleares en la zona más sísmica del planeta. Tan pingüe negocio, como brutal la irresponsabilidad.

¿Irresponsabilidad? Así es cuando no se respetan las características geológicas de un país; o cuando se instalan centrales nucleares junto a la playa en una zona propensa a maremotos, para abaratar costos de abastecimiento de agua; o cuando hay fallas de previsión y control, y se señala a la naturaleza como única responsable; o cuando se informa confusamente y a destiempo para minimizar el problema y ocultar las negligencias; o cuando la compañía TEPCO (propietaria de la central) oculta el peligro de la falta de refrigeración de tres reactores y el sobrecalentamiento aparejado sobre su combustible, perdiendo un tiempo precioso y rechazando el bombeo de agua de mar porque dejaría inservibles sus reactores; o cuando se falsifican más de 200 informes de seguridad durante 15 años;  o cuando las guías de seguridad sísmica se habían revisado sólo tres veces en los últimos 35 años; o cuando la compañía TEPCO y el gobierno japonés callan que la situación  se acerca al máximo nivel de peligro 7,…Todo un conjunto de negligencias e irresponsabilidades que confirma la actuación criminal de la compañía TEPCO, ya probada desde hace décadas, y la complicidad del gobierno japonés.

Las consecuencias de momento ya son terribles: Explosiones de reactores en cadena; incendios de piscinas de desechos radiactivos, alojadas incomprensiblemente encima de los reactores; abnegados operarios (muchos de ellos voluntarios) expuestos a dosis radiactivas 10.000 veces superiores a las recomendadas (hasta 3.500 euros diarios ofrecen al obrero que se preste a trabajar en las zonas más irradiadas); contaminación radioactiva del mar, del agua y de los alimentos; evacuación de personas a más de 30 kms. que no podrán volver en años a sus casas; el reactor n.3 agrietado; vertido de 11.500 toneladas de agua radiactiva al océano con efectos contaminantes enormes; contaminación de la cadena alimentaria; el nivel de yodo radiactivo arrojado al mar ha sobrepasado en 7,5 millones de veces la cantidad permitida y el cesio la supera 1,1 millones de veces; el agua tiene una radiactividad 100 veces superior a la tolerada;…Los daños medioambientales se consideran incalculables.

 

Y es que somos codiciosos…¡insaciables!

La capa de ozono protege al planeta de la radiación ultravioleta que afecta negativamente a la vida y que en los humanos produce cáncer de piel y otras deformaciones.

Noticia del 4 de abril/2011: Durante este invierno se ha destruido el 40% de la capa de ozono en el Ártico. Según el Centro Nacional de Investigaciones Científicas francés (CNRS), una de las causas principales ha sido el intenso frío de este invierno. ¿Culpa de la Naturaleza?

Al seguir leyendo el informe, supimos que la destrucción de la capa de ozono está motivada por la presencia en la atmósfera de compuestos químicos emitidos (p.e. los aerosoles), que a 80 grados bajo cero son especialmente nocivos para el ozono. Y esta contaminación química es fruto del productivismo capitalista y de la voracidad consumista, y nunca causa de la Naturaleza.

A propósito del Ártico. ¿Recuerdan aquella otra noticia?: El rápido deshielo del Ártico amenaza al mundo”. El calentamiento global está subiendo la temperatura del Ártico casi el doble de rápido que en el resto del planeta, en un deshielo que amenaza a millones de vidas y podría extinguir algunas especies animales. Calentamiento debido a las acumulaciones de emisiones humanas de gases invernadero (principalmente por los combustibles quemados en coches, fábricas y plantas eléctricas). Para Klaus Topfer (jefe del Programa Ambiental de la ONU) y los 250 científicos del informe, el problema es tremendamente preocupante.

Sin embargo, mentes especuladoras de ambición enfermiza sonrieron de inmediato: El deshielo del Ártico abrirá un paso entre los dos grandes océanos, lo que hará más cortas y accesibles las rutas del comercio mundial; es decir, los costos de transporte  serán menores, aumentará el comercio y aumentarán los beneficios. Por otra parte, el deshielo abrirá vastas reservas de petróleo y acarreará más beneficios. 

 

¿O quizás estamos locos?…¡locos de atar!

Hace unos años en Nueva Inglaterra, dice Michael Parenti*, un grupo de ecologistas le preguntó a un ejecutivo cómo podía su empresa (fábrica de papel) justificar el vertido de sus residuos industriales en un río cercano. Un río, que la Madre Naturaleza tardó siglos en crear y era  usado como fuente de agua potable y para pescar, para navegar y bañarse, en pocos años había sido convertido por la fábrica de papel en una cloaca a cielo abierto altamente tóxica.

El ejecutivo de la empresa se encogió de hombros y dijo que esa era la forma más rentable de eliminar los desechos de la fábrica. Al parecer, la aniquilación del río era totalmente gratuita.

Efectivamente, según el capitalismo, importan las ganancias, no el medio ambiente.

El “Libre Mercado” permite saquear la tierra, envenenar los mares, devastar regiones enteras, con tal de embolsarse grandes beneficios. Los propulsores del libre mercado piensan que el mundo les pertenece sólo a ellos.

Este sistema corporativo de acumulación capitalista y consumismo insaciable trata a los recursos de la Tierra, que sustentan la vida (las tierras arables, las aguas subterráneas, los humedades, los bosques, la pesca, el suelo marino, las bahías y los ríos, la calidad del aire…), como ingredientes desechables, ‘presumiblemente’ ilimitados, que se consumen o envenenan a voluntad.

La ganancia inmediata enceguece. Y la riqueza es adictiva. Produce una patología obsesiva, una monomanía que borra toda consideración humana. Los ricos están más apegados a sus riquezas que a la Tierra en la que viven, más preocupados por el destino de su fortuna que por el destino de la humanidad, tan poseídos por su afán de lucro que no ven el desastre que se avecina.

Prepotentes capitalistas y atroces consumistas echando pulsos constantemente a una deteriorada Naturaleza…

¡Locos… que estamos talando la rama que nos sostiene!

 

Mirada Solidaria.es

 

* (Refer. Revista Sin permiso, 11/3/2011, Patología de la ganancia y el planeta desechable, Michael Parenti)


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