Hasta que llegó la crisis, entre un 60-65% de la opinión pública española veía con malos ojos la llegada de inmigrantes. Desde que ha llegado la  crisis, este porcentaje ha subido y ahora es un 82-83%.

Pues que me perdonen, aunque sean el 82-83%, porque están totalmente equivocados. Y creo que están equivocados no por una cuestión de mala fe, sino por mala información.

Si supieran en todos los sentidos qué representa la inmigración, recibirían a los inmigrantes como hay que recibirlos, con los brazos abiertos.

 

Porque la historia de la humanidad es la historia de las migraciones.

Desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer no hemos hecho otra cosa que ir por estos mundos de Dios para ver donde podíamos vivir mejor.

Dicen los antropólogos que el primer homo sapiens apareció en Etiopía, que antes era Abisinia. Pero también homo sapiens hay en Tierra de Fuego. Imagínense desde Abisinia atravesar Siberia, llegar al Estrecho de Bering y desde allí ir bajando hasta el sur de Chile. Miles y miles de kilómetros, hechos eso sí, en miles de años. Es decir, que esto ya viene de muy antiguo.

Pero no hace falta ir a la prehistoria. Solo con que vayamos al siglo XIX nos daremos cuenta.

Ahora decimos, y es verdad, que en Europa hay 30 millones de inmigrantes. Pero en el siglo XIX, de Europa salieron 50 millones de europeos emigrando hacia las Américas, hacia la India, hacia Sudáfrica, hacia donde fuera en aquel momento. Y les aseguro que suponía mucho más la salida de 50 millones de Europa con la población europea del s.XIX, que la llegada de 30 millones a Europa con la población europea del s.XXI.

Una isla como Irlanda quedó abandonada; sólo se quedó en Irlanda el 10% de los pobladores, el otro 90% se marchó, la mayoría a Masachusset.

También en Italia se marcho el 50% de la población, media Italia se marchó. ¿A dónde fueron los italianos? A Nueva York y a Buenos Aires.  Con gracia lo cuentan los argentinos: los mexicanos descienden de los Aztecas, los guatemaltecos descienden de los Mayas, los peruanos descienden de los Incas y los argentinos descienden de los barcos.

No hace mucho visité la isla de Menorca, que es llanita y tiene una pequeña montañita que le llaman  Toro. Y hay una ermita que es la referencia de la isla, donde hay una placa en la pared: Esta placa la hemos colocado los menorquines aquí en homenaje al pueblo de Argelia, porque cuando en el s. XIX teníamos malas cosechas de trigo y nos moríamos de hambre, íbamos a Argelia y nos daban de comer. Esta es la historia.

Por tanto, lo primero que tenemos que saber es historia. A lo mejor entenderemos mejor las migraciones.

 

Segundo, ¿Qué es lo que hay que saber? Estadística.

Hace unos años, un periódico bien conocido, la Vanguardia, en primera página y en domingo, ponía un dato: España, segundo país de Europa con mayor número de inmigrantes. Tal vez por ser domingo y en portada pudiera generar cierta alarma social.

Pero hacía referencia a la 3ª página, donde daba estadísticas: En una primera columna de Países de Europa ordenados por número de inmigrantes, España ocupaba un lugar destacado, curiosamente el 3º y no el 2º.

Pero lo interesante era la segunda columna de Países de Europa con número de inmigrantes, pero no ordenados en cifras absolutas sino relativas, inmigrantes por cada 100 habitantes, que realmente es lo significativo. Y entonces España era el 8º país de Europa.

Hay que saber estadística para entender la inmigración.

 

¿Y qué más hay que saber? Pues, sin duda, economía.

Hoy la inmigración resuelve muchísimos problemas económicos y fundamentalmente dos para no alargarnos más:

–  La inmigración en España y en otros países occidentales resuelve el envejecimiento de la población. Nosotros tenemos hoy día una pirámide que no es habitual (con mordidas en pleno centro de la pirámide). A finales de los 70 y principios de los 80 terminó el llamado bum de la natalidad. Se fueron vaciando aulas de la enseñanza. Y el vacío de aquellos que no nacieron, ahora está reflejado en la mitad de la pirámide, no en la planta baja. O sea, su ausencia aparece en la 2ª edad, precisamente la que paga las pensiones de la 3ª edad y la educación de la 1ª edad.

Y para que un país funcione es necesario que esté llena la parte media de la pirámide, la edad laboral. ¿Y cómo llenarla? Con nacimientos no, porque los críos nacen con 0 años y no con 30 años. La única manera es la inmigración.

Y la ONU tiene estudiado el tema y para que España pueda tener una pirámide equilibrada, desde 1999 (aunque no contaba con la crisis) hasta 2020 haría falta que a España llegaran 155.000 inmigrantes por año.

Hace unos meses, un estudio de Caixa de Catalunya ha dicho: que de continuar con el actual sistema de población y teniendo en cuenta que en dos o tres años salgamos de la crisis, a partir de entonces y hasta 2025 hará falta que lleguen a España 240.000 inmigrantes nuevos por año.

–  Y desde el punto de vista económico, la inmigración nos resulta absolutamente rentable y beneficiosa.

La presidencia del Gobierno lleva años estudiando el balance económico de la inmigración, es decir, lo que supone para las arcas públicas la inmigración en cuanto a ingresos y en cuanto a gastos.

Desde el punto de vista de los ingresos recibimos: por cotizaciones a Seguridad Social si tienen papeles, el IRPF si tienen papeles, e incluso sin papeles pagan impuestos indirectos (IVA, gasolina, tabaco, alcohol, etc.)

En cuanto a gastos les damos: sistema educativo, sanitario, protección social, ayuda a vivienda, becas comedor, plazas de guardería, bolsas de libros,…

¿Y cuál es el balance entre una cosa y otra, entre ingresos y gastos? Según la presidencia de Gobierno, 6.000 millones de € netos a nuestro favor cada año.

Si en España viven 55 millones de habitantes, esto significa que cada uno de los autóctonos recibe cada año un regalo de 105 € de los inmigrantes.

Desde el punto de vista económico, si esto se conociera, la gente cambiaría su idea sobre la inmigración.

 

Mirada Solidaria.es

 

(Resumen conferencia A. Oliveres, Día Internacional del Inmigrante, 18/12/2010)

 

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