Si no se cubre con gafas opacas y puede ver más allá de su trabajo, su cuenta bancaria, su familia, sus amigos y su casa, tal vez se encuentre en un dilema ante la situación mundial actual y no sepa hacia dónde mirar, ni cómo digerir y asimilar cuanto está sucediendo.

A veces sólo queda una opción: huir

 

Entre los muchos focos dignos de atención, dos ocupan principalmente las primeras planas: Japón y Libia. Han sido los elegidos por los Medios. ¿Con qué criterios de elección…? ¿Por el número de víctimas, por su repercusión en los países ricos, por los negocios petroleros y nucleares,…?

 

Japón, segunda potencia capitalista del mundo y ejemplo de fortificación contra los fenómenos naturales, ha sido humillado por uno de los miles terremotos que le afectan, un terremoto aún más fuerte seguido de un tremendo tsunami. Cada actualización del censo de víctimas aumenta el dolor y el horror. Ya se aproximan a las 30.000 personas muertas. Víctimas, dicen, ocultadas para salvaguardar su dignidad. ¿Tal vez eran menos dignas las víctimas de Haití, de Indonesia, de Chile…donde contemplamos cuerpos inertes, cadáveres en el fango o apilados en camiones, supervivientes sangrando, hileras de ataúdes…?

Los mercados financieros están inquietos con el accidente, aunque el Banco Central de Japón se apresuró a inyectar cientos de miles de millones. Con técnica perfecta saben ajustar el coste multimillonario de la catástrofe, pero son incapaces de valorar la innumerable pérdida de vidas humanas.

Por lo demás, nadie quiere mencionarlo: ¿Tiene la Naturaleza derecho a protestar?

El terror se acrecienta por causa de otro fenómeno nada natural: el riesgo de rotura de algunas centrales nucleares y su contaminación radioactiva de consecuencias incalculables para la población y para el medio ambiente. Los países orgullosos de su progreso también se ven humillados por su progreso…irresponsable. No se aprendió de los accidentes de Harrisburg (Pensilvania) o de Chernobil (Ucrania). Cuántas acusaciones a los ecologistas por su alarmismo infundado frente a la energía nuclear, que, como dice Carlos E. Bayo, ni es tan limpia, ni tan barata, ni tan ilimitada. ¡Exigencias del progreso!, dicen las multinacionales nucleares y sus gobiernos, en lugar de decir ¡Exigencias del Mercado!, donde los negocios priman sobre la vida de las personas. Efectivamente, no ha sido la Naturaleza la que ha instalado 54 centrales nucleares en la zona más sísmica del mundo; la Naturaleza no entiende de negocios.

 

Libia, tras los procesos de Túnez y Egipto, se ha convertido en centro de atención, de discusión, de controversia, de suspicacias, de desconfianza,…Otras revueltas quedaron en la sombra.

El esquema es sencillo: Secciones empobrecidas de los pueblos árabes y hartas de la tiranía de sus gobernantes se manifiestan reclamando dignidad, libertad, respeto a sus derechos y trabajo.

Todas las respuestas iniciales de sus gobiernos han sido represivas, respondieron con masacres. En el caso de Libia, se ha declarado la maldita guerra, con intervención internacional incluida.

Pero, con resistencia y muchos muertos, los rebeldes están consiguiendo algunos cambios en sus países, a la vez que una onda expansiva en los países vecinos.

La ONU, la comunidad internacional e instituciones internacionales quedaron en evidencia, una vez más, por su hipocresía y sus constantes contradicciones entre defender sus propios intereses y defender la vida y derechos de esas poblaciones.

Y es que son pueblos cuya riqueza encierra en sí misma su condena: tienen petróleo…

 

La oleada de revueltas en el mundo árabe, y especialmente el proceso de Libia, han provocado una mayor oleada de interrogantes:

– ¿Es verdad que la Carta de Naciones Unidas establece que “Ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados” (art.2.7) y que el Consejo de Seguridad puede autorizar el uso de la fuerza militar sólo después de haber comprobado la existencia de una amenaza internacional a la paz, de un quebrantamiento de la paz o de un acto de agresión entre Estados (art.39)? ¿Cómo justificar entonces la resolución 1973 de actuación en Libia?

– ¿Se trata de una “guerra humanitaria”, para defender los derechos humanos de la población libia? ¿Alguien se siente libre de pecado como para tirar la primera bomba? ¿Y desde cuándo existen bombas humanitarias?

– ¿Se trata de una respuesta a Gadafi por ser culpable de “crímenes contra la humanidad”? ¿Y esto se atreven a decirlo las cinco potencias con derecho a veto en el Consejo de Seguridad? ¿Por qué entonces no apoyan tribunales internacionales y una justicia global implacable a la que todo el mundo deba someterse sin excepciones?

– ¿La guerra fue alguna vez una solución? ¿Acaso no hay otras formas de afrontar los conflictos? ¿No hay otras muchas medidas antes que las bombas?

– ¿De qué libertad y humanidad presumen los “aliados”, que están incumpliendo permanentemente sus compromisos de ‘no armar a los dictadores y de no negociar con gobiernos criminales’? ¿Alguien conoce los propósitos ‘secretos’ de los “aliados”?

– ¿Por qué en Libia sí y no en otros países donde también se masacra a la población civil? ¿Tal vez porque otros países no tienen petróleo? ¿Por qué perseguir a unos gobernantes asesinos, mientras se apoya y negocia con otros igualmente asesinos?

– ¿Por qué no se actúa contra Israel por sus crímenes terroristas en Líbano y su genocidio en Palestina? ¿Por qué no se actúa en Bahréin donde la feroz represión a la población ha sido reforzada por Arabia Saudita? ¿Y en Yemen donde reprimen atrozmente las protestas? ¿Por qué no se aplica el derecho internacional con Arabia Saudita, en lugar de considerarla una “tiranía buena”? ¿Y en Siria cuyo ejército está dejando decenas de muertos por las calles? ¿Nada que hacer con Guinea Ecuatorial y su tirano presidente Obiang? ¿Nada significan las multitudinarias manifestaciones en Marruecos, o nada que decir de sus masacres en el Sáhara?…

– Si la ONU ha esgrimido su doctrina de “responsabilidad de proteger” a las poblaciones sometidas a genocidio o crímenes de guerra, ¿Por qué no lo hace en Suazilandia, en Burundi, en R.D. del Congo, en Somalia, en Uganda, en Nigeria, en Burkina Faso, en Jordania,…? ¿O en Costa de Marfil donde las personas asesinadas se cuentan por centenares?…

 

Innumerables son los interrogantes, como innumerables son los conflictos y situaciones de represión de poblaciones angustiadas por el hambre y la tiranía de sus gobiernos.

El humanitarismo selectivo de las potencias occidentales huele a hipocresía. El discurso de Occidente suena a democracia, pero huele a petróleo. Las potencias occidentales cantan libertad, pero imponen sus intereses económicos y geo-estratégicos. La ONU, una institución desacreditada, sólo sirve de tapadera para las decisiones interesadas de las grandes potencias. El Derecho Internacional es de papel, de papel mojado. Los crímenes de las grandes potencias nunca se juzgan. Mientras tanto, la apisonadora del Mercado sigue aplastando países, uno tras otro. A la vez que millones de seres humanos, hombres, mujeres y niños, afrontan infernales travesías por el desierto y el mar para escapar de las guerras y de la miseria…

A todo esto nos referimos cuando hablamos de Desorden mundial, de violencia desatada por los poderosos, de crisis de legalidad, de crisis de legitimidad, de crisis institucional, de crisis de la democracia,… Por eso cuesta tanto creer lo que cuentan los líderes mundiales.

Por supuesto que Occidente no tiene derecho a creerse el único con capacidad de solucionar todas las crisis nacionales y mundiales, pero es responsable de crearlas, apoyarlas y fortalecerlas.

 

Mirada Solidaria.es

 

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