*El mundo fabrica miedo

Y el miedo fabrica enemigos. ¿Qué sería de la industria militar si no tuviera enemigos que justificaran su existencia? El mundo destina al exterminio del prójimo, y a la aniquilación del planeta, la mitad de sus recursos. ¿Cómo se explicaría, sin la incesante fabricación del miedo, semejante disparate? Desde el punto de vista de sus víctimas, el miedo es un pecado capital, pero es una fuente de jugosos negocios y excelentes coartadas, desde el punto de vista de sus fabricantes.

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Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.

Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo.

Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.

Los automovilistas tienen miedo de caminar y los peatones tienen miedo de ser atropellados.

La democracia tiene miedo de recordar y el lenguaje tiene miedo de decir.

Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.

Es el tiempo del miedo.

Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.

Miedo a los ladrones, miedo a la policía.

Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.

Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir.

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El hambre desayuna miedo. El miedo al silencio aturde las calles. El miedo amenaza:

Si usted ama, tendrá sida.

Si fuma, tendrá cáncer.

Si respira, tendrá contaminación.

Si bebe, tendrá accidentes.

Si come, tendrá colesterol.

Si habla, tendrá desempleo.

Si camina, tendrá violencia.

Si piensa, tendrá angustia.

Si duda, tendrá locura.

Si siente, tendrá soledad.

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Durmiendo, nos vio.

Helena soñó un sueño de estos tiempos del miedo.

Soñó que estábamos haciendo fila en algún aeropuerto, igual a todos los aeropuertos.

Cada pasajero llevaba, bajo el brazo, la almohada donde había dormido la noche anterior.

Todos estábamos obligados a pasar la almohada a través de una máquina.

La máquina leía los sueños que habíamos soñado.

Era una máquina detectora de sueños peligrosos para el orden público.

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Allá en mi infancia, yo estaba convencido de que a la luna iba a parar todo lo que en la tierra se perdía.

Sin embargo, los astronautas no han encontrado sueños peligrosos, ni promesas traicionadas, ni esperanzas rotas.

Si no están en la luna, ¿dónde están?

¿Será que en la tierra no se perdieron?

¿Será que en la tierra se escondieron?

¿Será que en la tierra están, esperándonos?

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En los llanos de Colombia, no había fiesta sin él. El arpa de Mesé Figueredo alegraba los aires y alborotaba las piernas.

Una noche, iba Mesé Figueredo camino de una boda, a lomo de mula, en una mula él, en la otra el arpa, cuando unos ladrones lo molieron a golpes.

Al día siguiente, alguien lo encontró. Estaba tirado en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo, con un resto de voz:

-Se llevaron las mulas.

Y dijo:

-Y se llevaron el arpa.

Y tomó aliento y se rió:

-Pero no se llevaron la música.

 

Eduardo Galeano

 

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