Ya pasó el 8 de marzo, el “día de”,… ¿Qué se celebra, qué se tapa, qué se pretende con ese “día de”…?

Cien años se cumplen de la primera celebración del “día de la mujer trabajadora”, pero la mitad de las mujeres siguen sin trabajo remunerado (los varones son el 22,3%), tienen mayores dificultades para encontrarlo y reciben menos salarios y beneficios que los varones en puestos similares.

Hay voces que dicen: cambiemos el ‘Día de’ por el día a día.

 

Existen estadísticas horrorosas y angustiosas, pero aún existen:

Por empezar por alguna parte del mundo, la Asociación argentina La Casa del Encuentro lleva tres años elaborando informes: En 2008 fueron asesinadas 207 mujeres y niñas, en 2009 asesinadas 231 mujeres y niñas y en 2010 asesinadas 260 mujeres y niñas, a causa del machismo. Todas muertes evitables.

Así podríamos recorrer país por país: Honduras (291 asesinadas entre enero y septiembre 2010), El Salvador (129 femicidios por millón de mujeres), Guatemala (720 femicidios en 2009), México (529), Nicaragua (79)…

En España fueron asesinadas 85 mujeres en 2010 y llevamos 14 asesinadas en los dos primeros meses de 2011.

Rashida Manjoo, relatora de la ONU, manifestó: El fin de la impunidad es un problema global, no es algo que ocurra sólo en los países pobres, o en los ricos; no es un tema que afecte a personas blancas o negras. Y no hay un solo país del mundo que pueda afirmar que ha logrado erradicar la violencia contra las mujeres. Ni uno. Todos tienen ese reto por delante. Que no hay ningún país que pueda decir que ha terminado con la violencia hacia las mujeres.

Según la ONU, cada 18 segundos una mujer sufre algún tipo de violencia en el mundo.

Según Unifem (agencia de mujeres de Naciones Unidas), tres de cada cuatro mujeres en el mundo han sufrido o sufrirán alguna vez en su vida malos tratos.

Unas 5.000 mujeres mueren al año asesinadas en todo el mundo por el honor de sus familias.

Los conflictos armados están multiplicando el horror y la violencia hacia las mujeres…

Estadísticas, cuyas cifras corresponden a personas con nombre, con cara, madres e hijas,…

 

Existen respuestas vergonzosas e insultantes, pero aún existen:

En casi todos los países la mayoría de asesinatos de mujeres y niñas quedan impunes.

Persisten los falsos argumentos encubridores, alegatorios, eximentes, exculpatorios, mitigantes: de “violencia doméstica”, de “crimen pasional”, de “efectos del alcohol o las drogas”, de “impulsos de ira”, de “desengaños amorosos”, de “cuestiones de honor”, de “provocaciones”, de “celos”,…

Los políticos en España, por ejemplo, siguen escudándose en que las mujeres no denuncian: pero muchas de las asesinadas (28%) sí habían denunciado; algunos de los asesinos tenían orden de alejamiento; algunos de los asesinos habían sido absueltos dos veces por maltrato o dejados en libertad por los jueces;…

Es una vergüenza que haya jueces que interrogan a las mujeres como si fuesen ellas las culpables y que no den credibilidad a sus versiones, dice A. María Pérez del Campo.

 

Ya no hay tiempo para engañarnos:

Si faltan o fallan los medios de protección, no valen excusas.

Si persiste el terrorismo machista, habrá que combatirlo como tal.

Si es evidente la desigualdad social, política y económica entre varones y mujeres, ¿por qué encubrirla con matices culturales?

Si permanece el sistema Patriarcal, en todos los ámbitos (en la cultura, la religión, el lenguaje, la educación, los medios de comunicación, la familia, la publicidad) y las mujeres siguen siendo consideradas como objetos sexuales al servicio del placer de los varones y son percibidas como seres inferiores con menos derechos, ¿a qué vienen tantas matizaciones, salvedades, distingos,…por parte de los varones en general, cada vez que se plantean estos temas?

 

Y las mujeres…ahí van:

Comenzaron a verse con sus propios ojos y no ya con los ojos de los hombres, como dice L. Boff. (*)

Van descubriendo su identidad, su diferencia y su relación de reciprocidad y no de subordinación frente a los hombres.

Ponen en tela de juicio la cultura marcada por el patriarcalismo (organización social centrada en el poder, ejercido por los hombres dominantes, subordinando y jerarquizando a todos los demás) y por el androcentrismo (que establece como modelo para todos, las formas de pensamiento y de acción características de los hombres).

Denuncian la dominación cultural y la dominación social de las mujeres.

Están ayudando a ver que la realidad humana no está hecha sólo de razón, eficiencia, competición, materialidad, concentración de poder y de exterioridad. En ella hay afecto, gratuidad, cuidado, cooperación, interioridad, poder como servicio y espiritualidad. Tales valores son comunes a todos los humanos, pero las mujeres son las que más claramente los viven.  Ser-mujer es una forma de estar en el mundo, de sentir de manera diferente el amor, de relacionar cuerpo y mente, de captar totalidades, de pensar no sólo con la cabeza sino con todo el ser y de ver las partes como pertenecientes a un Todo.

Y ahí caminan…a contracorriente, siempre a contracorriente…

 

Mirada Solidaria.es

 

(*)  Ref. artículo ¿Dos mujeres, dos aboliciones? de L. Boff, publicado en Koinonía, 26/11/2010.

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