Haiti: La pobreza no es un fenómeno NATURAL

    

 Es preciso hablar de Haití. Los medios de comunicación le han concedido el favor de ocupar varias páginas con motivo de la terrible catástrofe producida por el último terremoto. “Sólo sepultados se nos ve”, dice una viñeta del Roto. ¡Un desastre NATURAL originado por un fenómeno NATURAL!. ¡Imprevisible!, añaden los medios, que están presentando el devastador terremoto ante la opinión pública mundial como la única causa de la espantosa situación del país. ¡Decenas de miles de muertos por las calles, o amontonados en barrancos, o bajo los escombros! ¿100.000, 140.000, 200.000…? ¿Quién podrá contarlos? ¿Y cuántos son los millones de damnificados?

    

     ¿Mala suerte? ¿Castigo divino? ¿Ensañamiento de la Naturaleza? En 1770 un terremoto mataba a cientos de personas en Puerto Príncipe. Otro terremoto en 1842 mataba a 10.000 personas en Cabo Haitiano. Los huracanes se ceban con la isla. Las tormentas de 2008 inundaron Gonaives, mataron a más de mil personas, destruyeron miles de viviendas y gran parte de su infraestructura… Al terremoto del 12 de enero otros seismos han sucedido y están rematando a Haití. ¿Qué pasa y ha pasado con Haití, que los franceses llegaron a considerarla  ‘La Perla de las Antillas’, la colonia que proporcionaba a Francia más ingresos que todas su demás colonias juntas, la colonia más rica del mundo?

    

     Vuelve la pregunta de siempre: ¿Realmente el desastre ha sido tan NATURAL? ¿Se trata de fenómenos NATURALES exclusivamente los que han sumido en la desgracia y en la miseria al pueblo haitiano? ¿Es  NATURAL  que este país carezca de un elemental sistema sanitario? En 2002,  el gasto de salud per cápita era de 56 dólares (en España, por ejemplo, era de 1600). ¿Es NATURAL que la esperanza de vida no alcance los 50 años, cuando en España, por ejemplo, es de 72 años? ¿Es NATURAL  que la mortalidad infantil sea de 63 por dada 1000, cuando en España es de poco más de 4? ¿Es NATURAL que de sus nueve millones de habitantes casi la mitad no dispongan de medios para sobrevivir, con un “ingreso” inferior a un dólar diario? ¿Es NATURAL que el 40% de la población no tenga acceso al agua potable y que no exista servicio de recolección de basura? ¿Es tan NATURAL que el 10% más pobre sólo reciba el 0,7% de los ingresos, mientras el 10% más rico obtiene el 47,7%? ¿Tan NATURAL es la miseria que azota desde hace centenares de años a la población haitiana? ¿De veras proviene de la NATURALEZA tanta miseria y desastres al pueblo de Haití? ¿La pobreza proviene de la magnitud de los desastres naturales, o es a la inversa?

    

     Las condolencias y ayudas internacionales no podrán borrar la historia de explotación colonial y sometimiento de este pueblo, que lo han convertido en el país más pobre del hemisferio occidental. La “ayuda humanitaria” no podrá eximir de la responsabilidad a esos países que hoy pretenden aliviar el sufrimiento, que en gran parte ellos han creado al pueblo de Haití. La supuesta “ayuda humanitaria” no podrá ocultar las invasiones y colonizaciones llevadas a cabo por España, por Francia o por Estados Unidos y su opresión a la población haitiana. Ni podrá exculpar a las dictaduras impuestas, ni a los bloqueos económicos, ni a los “planes de ajuste neoliberal” a través del Fondo Monetario y Banco Mundial expulsando a los haitianos de sus campos, privatizando todos sus servicios públicos, bloqueando los programas para la reducción de la pobreza o desarrollo agrario y dejando al país en manos de multinacionales extranjeras.

    

     La Historia de Haití es una historia de invasión y de esclavitud. Haití no tiene la maldición del petróleo, pero tiene otras muchas: su excelente situación geoestratégica sumamente apetecida por Estados Unidos; su clima favorable para la agricultura apetecida por multinacionales extranjeras (de tener excedentes de alimentos, hoy importa el 70% de ellos); su negritud con sueños de libertad que nunca le perdonarán, porque habían sido destinados a la esclavitud; su condición apetecida por los circuitos del crimen y de la droga (a través de Haití llega el 40% de la cocaína que se consume en Estados Unidos) y para el blanqueo de dinero. Le cambiaron de nombre original Ayiti (Tierra de montañas) según el invasor de turno: La Española, Saint Domingue, recuperando el nombre de Haití desde su ‘independencia’ en 1804. Le cambiaron su estatus de Colonia más rica del mundo por el de País más pobre del hemisferio norte. Le cambiaron, a base de sobreexplotación extranjera, sus extensos bosques (la deforestación arrasó el 98% de sus bosques; la superficie arbolada en 1923 alcanzaba el 60% del país). Le cambiaron su economía de exportación agrícola por una economía de subsistencia y miseria: El 80% sobrevive bajo el umbral de la pobreza y el 75% que vivía de la agricultura ha caído en la ruina. Le cambiaron el sistema de vida: el asalto neoliberal a la economía agraria ha obligado a decenas de miles de pequeños agricultores a trasladarse a las ciudades, a viviendas informales y deficientes, a menudo encaramadas en las faldas de barrancos deforestados  (El 75% de las casas, de madera y lata, no tienen saneamiento). Le impidieron organizarse como pueblo: En Haití ha habido 42 presidentes y de ellos 29 han sido asesinados y sólo 2 han sido elegidos legítimamente.

    

     La Naturaleza juega en desventaja: es muda y no puede defenderse. Ella es la misma para todos los pueblos del mundo. Lo diferente son las tragedias. El mismo terremoto que devastó Haití nunca tendría los mismos efectos en Estados Unidos o en Japón. Las causas de la pobreza y del subdesarrollo no son naturales, sino sociales y políticas. Que haya lluvia o frío no depende del ser humano, pero sí que existan cobijas, abrigos, viviendas adecuadas y alimentos para todos. Lo peor del mundo no son los terremotos o las lluvias torrenciales, sino la injusticia social, la desigualdad, la pobreza y la incapacidad para defenderse y reaccionar frente a fenómenos de elevado perfil.
Los factores sociales, especialmente el subdesarrollo y la pobreza, son mucho más catastróficos que los fenómenos naturales. Por eso, ante tragedias de este tipo, se siente más vergüenza que pena, y a la compasión le acompaña la ira… Aunque siempre más necesarias que los sentimientos son las soluciones eficaces para las víctimas. La devastación de Haití no viene sólo del terremoto sino de otras causas sociales, políticas y económicas que han contribuido a la ruina y desesperación de sus habitantes. Las paradojas no son invento de la naturaleza:

– El analfabetismo alcanza al 50% de la población y en 2003 había 25 médicos para 100.000 habitantes, mientras que en Montreal ejercen más cirujanos haitianos que en Puerto Príncipe.

– Familias míseras se vieron obligadas a entregar a 250.000 niños/as a hogares menos míseros, en régimen de esclavitud y desamparo.

     

     ¿Y las ayudas? Lo que no cumple la Justicia, viene a paliarlo la compasión. Gobiernos, ONG, Organismos, Iglesias…no cesan de pedir ayudas para Haití. ¡Bienvenidas sean todas las ayudas! El caos es tremendo viendo matarse entre sí personas hambrientas y desesperadas en su afán de conseguir las ayudas que llegan a cuentagotas. Además, mala experiencia tiene el pueblo haitiano de las ayudas que recibe:

– Los planes de desarrollo del FMI, desde 1984,  obligaron a Puerto Príncipe a liberalizar su mercado. Los escasos y últimos servicios públicos se privatizaron negando el acceso a ellos a los más necesitados.

– En 1970, el arroz estadounidense subvencionado llegó como ayuda para la población haitiana, pero mató la producción local y terminó originando los “motines del hambre”.

– Se habla de ayudas para la reconstrucción. También después del huracán Micht, que en octubre y  noviembre de 1998 se cobró casi diez mil vidas y cientos de miles de damnificados en América Central, se pidió que ‘dicha ayuda estuviera vinculada a un nuevo tipo de desarrollo destinado a reducir la vulnerabilidad social’, pero desde entonces nada se ha hecho en ese sentido.

 – Para bien y estabilización de Haití, el Consejo de Seguridad de  la ONU aprobó en 2004 una nueva invasión de Haití. Desde entonces, 7.031 “cascos azules” y 2.034 policías, apoyados por 488 funcionarios internacionales, controlan el país. Seis años después de la invasión, el pueblo haitiano sigue en la miseria más espantosa. La “intervención humanitaria” de la ONU solo ha traído más “estabilidad” para las empresas multinacionales que instalan fábricas maquiladoras en las zonas francas y explotan los recursos naturales. Para el pueblo pobre y trabajador ninguna mejora. La salud y la educación derruidas. La infraestructura civil colapsada. Cuando el pueblo protesta (lo que ocurre regularmente), le va peor: es brutalmente reprimido por los “cascos azules”.  

– Extraña ayuda la de Estados Unidos: 10.000 soldados estadounidenses, entre ellos 2.000 marines, asumirán el mando de las operaciones. ¿Y por qué vienen  con el portaviones nuclear “Carl Vinson”, el destructor “Higgins”, el crucero “Normandy” y la fragata “Underwood”, las naves de asalto anfibio “Fort McHenry” y “Carter Hall”, además de otros buques militares?  ¿Es una operación humanitaria o una invasión? El ejército norteamericano viene al rescate de una empobrecida nación, dicen. No son agencias civiles quienes dirigen la operación humanitaria, sino el Pentágono. Dicho contingente supera los 7.000 “cascos azules” de la ONU que venían ocupando militarmente Haití. Estados Unidos descarta intermediarios y asume el control de la situación y nada más llegar controlaron el aeropuerto impidiendo la entrada de varios aviones. En Haití hay una presencia militar extranjera de 20.000 soldados para nueve millones de habitantes (relativamente más que en Afganistán). ¿La militarización de las operaciones de ayuda no debilitará las capacidades organizativas de los haitianos para reconstruir y restaurar las instituciones del gobierno civil que han resultado destruidas? ¿Y no impedirá también los esfuerzos de los equipos médicos internacionales y de las organizaciones civiles de ayuda? Varios países, ente ellos Venezuela  y Francia, ya han pedido que se aclare cuál es el papel de EEUU en Haití.

– Para que Haití obtuviera en 1826 el reconocimiento de su independencia por parte de Francia, tuvo que comprometerse a pagar a Francia 150 millones de francos de oro (lo que equivaldría hoy a más de 23.000 millones de dólares).

– El Fondo Monetario Internacional también anunció su “ayuda”, para “acompañar a Haití en la difícil tarea y por su profunda simpatía para con las víctimas”, dijo el director general Strauss Kahn. Una ayuda de 100 millones de dólares, en cuya letra pequeña aclara que no es una donación, sino un préstamo a devolver.  ¿Por qué no se plantean, mejor, las potencias occidentales la anulación de la Deuda Externa de Haití que actualmente asciende a 1.885 millones de dólares?

www.miradasolidaria.es

(Todos los datos y estadísticas utilizadas han sido tomadas de  publicaciones de Organismos Internacionales y ONG)



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