Libertad y Dignidad

Gritos de “Libertad y dignidad” han resonado por todo el norte  de África.

¡Qué bellos y armoniosos sonidos cuando nacen de la ciudadanía!

 

En los últimos años, el FMI e instituciones económicas internacionales exaltaban a Túnez como economía ejemplar. Los gobiernos occidentales alababan al dictador tunecino y su familia como ejemplo de nación estable y progresista y por su apertura social dentro del contexto africano. Razones geoestratégicas impedían a los gobiernos de occidente mencionar la extrema crueldad, tiranía y corrupción del régimen de Ben Alí.

Y de pronto, el 17 de diciembre, después de que el joven universitario Mohamed Bouazizi se inmolase como protesta, una revuelta popular comenzó a gritar. Se habla de 120 personas manifestantes muertas. Ben Alí, tras 24 años en el poder, tuvo que huir de Túnez, según Le Monde, con una tonelada y media de oro en lingotes por valor de 46 millones de euros.

¡Quién dijo que las manifestaciones populares no valen para nada! ¡Aunque cuesten vidas!

 

Las medidas neoliberales produjeron en Túnez efectos similares que en otros países del mundo: tasa de paro de la juventud del 31%; el 40% de la población se queda con el 70% de los ingresos del país; subieron los precios de alimentos bases como el aceite, la harina y el azúcar; una enorme desigualdad y corrupción que sólo ha podido mantenerse con represión política y militar, junto con el apoyo de Estados Unidos (en compensación a la colaboración del gobierno tunecino en sus guerras coloniales, cárceles secretas, etc.) y los mimos de la Unión Europea.

Túnez no era un país, era una empresa familiar. La familia de Ben Alí controlaba el 40% de la economía nacional (la banca, la industria, la distribución de automóviles, los medios de comunicación, la telefonía móvil, los transportes, las compañías aéreas, la construcción, las cadenas de supermercados, la enseñanza privada, la pesca, las bebidas alcohólicas y hasta el mercado de ropa usada).

No importó a la comunidad internacional la permanente violación de los derechos humanos por el gobierno tunecino, que conocían perfectamente.

Y, de pronto, el pueblo se manifestó: ¡No a la miseria, no al paro, ya basta…! Y asombrosamente se atrevió a decir ¡Fuera Ben Alí y toda su familia! ¡Fuera! Y no cejaron…ya no valió el cambio de ministros, no valieron las promesas de puestos de trabajo…¡Fuera!

 

La comunidad internacional (que al parecer está compuesta exclusivamente por EEUU y la Unión Europea) permanecía en silencio…A lo sumo aconsejaban como ‘santos padres’: “Francia desea el apaciguamiento y el fin de la violencia…sólo el diálogo puede aportar una solución democrática y duradera a la crisis actual”. Ángela Merkel, pidió un proceder pacífico frente a los conflictos sociales. España llamó a la calma e instó a que promuevan la concertación nacional en estos momentos difíciles. Ban Ki-moon (ONU), instó a “hacer los máximos esfuerzos para establecer un diálogo y resolver los problemas de manera pacífica, para evitar más pérdidas de vidas humanas y violencia”. Obama pidió a todas las partes que mantengan la calma y eviten la violencia.

¿Qué considera violencia la comunidad internacional: las revueltas populares, o la represión de ese gobierno durante 24 años?
Los pueblos irrumpen en la historia sin avisar. No existe la servidumbre voluntaria, como dice Sadri Khiari. Y no hay opresión sin resistencia.  Puede alargarse más o menos en el tiempo, pero la respuesta llega.

Los `ingenuos’ medios occidentales siguen diciendo que en Túnez ha ocurrido un milagro muy raro: el pueblo menos esperado ha derrocado al tirano más incuestionado.

 

En todas partes, los ojos comenzaron a mirar de reojo.

En Argelia diversos grupos se manifestaron en la calle contra su gobierno. ¿Quiénes son los corruptos que se llenan los bolsillos con el comercio y el petróleo, mientras el pueblo argelino se empobrece, aumenta el desempleo y se eliminan servicios públicos?

Tras cinco días de violencia, con un saldo de cinco personas muertas y 800 heridas y un millar de detenidas, las autoridades han ofrecido inmediatamente bajar los precios de los productos alimenticios y mejorar las condiciones sociales.

En Yemen, un día antes de la gran manifestación bautizada como el ‘Día de la rabia’, el presidente Alí Abdulá Salé, que lleva 30 años en el poder, renunció a seguir gobernando a partir de 2013 y no transmitirá el poder a su hijo.

En Jordania, las protestas populares debido al alto índice de desempleo y a los elevados precios de alimentos de primera necesidad y los combustibles, han hecho caer al gobierno. El rey Abdulá II ha marcado como objetivo al nuevo gobierno (acogido con recelo por la población) “dar pasos prácticos, rápidos y tangibles para abordar verdaderas reformas políticas, impulsar el carácter democrático de Jordania y consolidar un modo de vida seguro y decente”. Los manifestantes también pidieron elecciones libres.

En Marruecos, se han detectado movimientos de miles de internautas exigiendo un régimen parlamentario y la derogación de la actual Constitución y preparar una gran manifestación para el 20 de febrero. Se han producido manifestaciones en Tánger, en Fez y en Rabat en solidaridad con los rebeldes de Túnez y Egipto. Las autoridades han decidido subvencionar los artículos de primera necesidad para evitar las “rebeliones del pan”.

En Siria, como también en Argelia y Marruecos se han convocado nuevas manifestaciones para pedir más libertad. Lo sirios reclaman también una mejora del nivel de vida, especialmente para la juventud y mejoras en materia de derechos humanos. Y también exigen una reforma política.

Aparecen protestas en Arabia Saudí, en Sudán, en Mauritania,…

 

Caso de más resonancia ha sido el de Egipto. Es el país más poblado del mundo árabe (83 millones de habitantes), aliado privilegiado de Estados Unidos y de Israel, y con una privilegiada situación geoestratégica entre África y Asia, y entre el mar Rojo y mar Mediterráneo (el canal de Suez es una ruta clave para las comunicaciones y el aprovisionamiento energético de Europa).

Y de repente, el 24 de enero, decenas de miles de habitantes han salido a la calle: protestando por el régimen dictatorial, corrupto y violador de los derechos humanos; protestando por la violencia policial, el desempleo, el aumento de precios y los bajos salarios;  y exigiendo la dimisión del presidente Hosni Mubarak (30 años en el poder). En un país donde el 20% de su población sobrevive por debajo del umbral de la pobreza y el desempleo en jóvenes es enorme, la fortuna de su presidente Mubarak está valorada en 55.000 millones de dólares (según IRIB). Ya se cuentan más de 300 personas manifestantes muertas y miles de heridas.

No bastó con que se nombrara nuevo gobierno. Cientos de miles de manifestantes clamaban ¡Lárgate, lárgate! El presidente anunció días después que no se presentaría a las próximas elecciones pero terminaría su mandato hasta septiembre. Y la multitud respondía: ¡Lárgate, lárgate! Mubarak envió grupos armados contra los manifestantes, pero éstos siguieron gritando ¡Lárgate, lárgate! Mubarak, el ejército y Estados Unidos han negociado la transición “más conveniente”(¿Para quién?). De momento, la ciudadanía sigue clamando ¡Lárgate, lárgate!…

La llamada comunidad internacional, que conocía perfectamente la tiranía ejercida por Mubarak, ha repetido las mismas prudentes actitudes que en el caso de Túnez, solicitando calma, reformas y elecciones pacíficas. Hasta ahora, Mubarak había sido cuidadosamente protegido por la comunidad internacional, como fiel sirviente de los intereses económicos occidentales. Desde su cielo, las potencias extranjeras, que operan entre bastidores, se saben protegidas contra cualquier movimiento de protesta.

Sólo Israel ha manifestado su interesado apoyo a Mubarak: “Siempre hemos tenido y tenemos gran respeto por el presidente Mubarak. No decimos que todo lo que haga sea correcto, pero hizo una cosa por la que le estamos agradecido: mantener la paz en Oriente Medio” (Simón Peres). Y su respuesta ha sido enviar tropas para blindar la frontera egipcia.

Siempre lo mismo: ¿Quién vive en paz? Tal vez Israel goce de paz, pero no podemos decir lo mismo de Palestina.

 

¡Vaya, vaya!

Ahora dice un ex agente de la CIA, Michael Scheuer: “Estuvimos apostando al caballo equivocado durante 50 años…Pensar que el pueblo egipcio va a olvidar que nosotros apoyamos dictadores durante medio siglo es un sueño”.

Todo Occidente –la izquierda y la derecha– parece que acaba de descubrir que las repúblicas hereditarias amparadas por Estados Unidos y Europa desde hace años en el norte de África y Oriente Medio se levantan sobre la tortura, la censura, el asesinato y la corrupción. Quedaron en entredicho los dirigentes occidentales y sus medios de comunicación con su permanente calificación de “países moderados” y “países amigos” a las que son dictaduras puras y duras.

Las sociedades árabes, descritas en Europa como masas dóciles sometidas a sátrapas orientales corruptos y como muchedumbres histéricas poseídas por el fanatismo religioso, de repente surgen preocupadas por el progreso social, nada obsesionadas por la cuestión religiosa, sedientas de libertad, detestando la corrupción y las desigualdades y reclamando democracia para todos, sin exclusiones.

La palabra “democracia” tiene sonido y significado distintos cuando la pronuncia un burgués que no se pregunta de dónde proviene su riqueza ni en qué fango se apoya su libertad, que cuando la grita rabiosamente una ciudadanía, joven y pobre. Su dignidad choca con la hipocresía de las democracias burguesas occidentales que quieren dar lecciones al tiempo que   apoyan a los dictadores.

Gran servicio ha prestado internet en los levantamientos, pero las revoluciones se siguen ganando en la calle, en manifestaciones, y con muertos nada virtuales.

¡¡Son días de alegría…son signos de esperanza!!

¡Más o menos manifiestamente, por todas partes la dignidad sigue luchando contra la indignidad!

 

 Mirada Solidaria.es

 

* (Referencias a diversos datos y comentarios publicados en la prensa)

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