¿Cuánto tiempo llevamos escuchando hablar de la crisis? ¿Cuántas opiniones de todos los colores hemos oído? ¿Cuánta gente está sufriendo en su carne los golpes de la crisis? ¿Cuánta verborrea sobre los mercados?…

“En épocas de mentiras, contar la verdad es un acto revolucionario”, dijo George Orwell.

José Luis Sampedro es una de esas personas que, a sus 93 años, habla desde la libertad y desde la vida que ama y siente.

Durante años, decía J.L. Sampedro, se han  estado metiendo con quienes pensábamos de otra manera. Los neoliberales decían que éramos unos atrasados y que la libertad es la solución, la libertad del mercado.

 

Está clarísimo: el mercado es indispensable, naturalmente, para cualquier civilización adelantada, porque tenemos que hacer intercambios y el mercado es un centro de distribución. En este mercado se supone que el consumidor debe tener toda la información sobre el producto que desea y elegir. En el mercado teóricamente perfecto, dada la competencia y el hecho de que el sujeto actúe egoístamente, da lugar a un resultado final en el que los precios y mercancías son los más provechosos para todos. Adam Smith, creador de esta teoría, la describió como si una mano invisible convirtiera la acumulación de egoísmos individuales en el mayor altruismo colectivo. El liberalismo económico insiste en que nadie debe interponerse en la libertad de movimientos en el mercado.

Lo primero es que, en el mundo real, el mercado es imperfecto, ya que el comprador no elige el producto basándose en las ventajas de éste, sino que lo hace movido por la publicidad que se le da al producto. Por ello el comprador solo es un “títere” más de las grandes empresas.

Y lo que no es de ninguna manera el mercado es un repartidor justo de los bienes. Tampoco es un consejero excelente en materia de inversión: no sirve para decirnos en qué debemos meter dinero hoy para producir beneficios dentro de un año. Porque al mercado lo único que le interesa es la ganancia inmediata.

Y se dice: sí, pero consigue igualar siempre la oferta y la demanda. Los compradores y los vendedores llega un momento en que se ponen de acuerdo, coinciden en un precio y se ajustan las curvas, como dicen los expertos.

Sí, muy bien, pero a lo mejor se ajustan a un precio tal, que los pobres no pueden comprar la leche a ese precio; mientras los ricos la pueden comprar tranquilamente para sus gatos, los otros no la pueden comprar para sus hijos.

De modo que el mercado no puede servir de defensa para nada. Y además no es la libertad.

 

Hay un economista, Milton Friedman, que recibió el premio Nobel y que publicó un libro titulado La libertad de elegir. Y la libertad de elegir era el mercado.

Bueno: pues vaya usted al mercado sin dinero en el bolsillo y vamos a ver qué elige usted. Esto quiere decir que la libertad la da el dinero que usted lleva, y no el mercado.

De modo que tenemos que defendernos frente a esos neos que lo que hacen es justificar los deseos de los ricos. Como decía Galbraith, casi todo lo que han escrito la mayoría de los economistas, en los últimos decenios (escribía esto en 1990), ha sido justamente lo que los ricos querían que se dijera, porque les favorecía. Toda la teoría de los neoliberales es simplemente esto.

 

Siempre hay que preguntar: la libertad, ¿para quién? Porque la libertad no es lo mismo para unos que para otros.

Un banquero norteamericano de principios del siglo XX, el banquero Morgan llamó un día al director de su gabinete jurídico y le explicó que quería hacer una operación para quedarse con otro banco, por las buenas o por las malas, y que quería saber qué tenía que hacer. El abogado estudió cuidadosamente la cuestión y regresó para decirle que las leyes impedían realizar esa operación. Morgan le respondió –fíjense en la frase–: “Oiga, yo no le pago a usted para que me diga lo que puedo o no puedo hacer. Le pago a usted para que me diga cómo puedo hacer lo que quiero hacer”.

¿Se dan cuenta de lo que era la libertad para el señor Morgan? En manos del poderoso, la libertad sirve para hacer lo que le dé la gana con los demás. Para poder imponer su voluntad a los demás. Mientras que para el pobre desgraciado la libertad consiste simplemente en que le dejen vivir su propia vida sin reventar a nadie. Es la gran diferencia.

 

De modo que cuando se habla de libertad conviene recordar que el mercado es libre para el poderoso. Para el que no tiene un duro, no es libre porque no es nadie.

El mercado no es la libertad individual, sino que la libertad de elegir la da el dinero. En el mercado se enfrentan intereses opuestos, los compradores quieren los precios bajos y los vendedores altos. Así, los demandantes con más dinero, tendrán una libertad para elegir mayor que los demandantes más limitados. Igual ocurre con los vendedores, los más dotados (los monopolios) tendrán más posibilidades de vender el producto que los pequeños empresarios.

Las manos invisibles del mercado, se dejan ver con las grandes potencias que controlan el mercado. “Los poderosos empresarios y sus grandes empresas avanzan por encima del pueblo aplastando sin piedad alguna”.

 

Globalización es el nombre que se le da a la más moderna, avanzada y amplia forma del mercado mundial.

La liberación solo significa libertad real para los más fuertes con mayor potencia económica. La globalización económica es totalmente antidemocrática.

Globalización se podría definir como la unión de centros con fuerte poder económico y con fines lucrativos, unidos por intereses paralelos, cuyas decisiones dominan los mercados mundiales, especialmente los financieros, usando para ello la más avanzada tecnología y aprovechando la ausencia de medidas reguladoras.

Los estados, al dar total libertad a los globalizadores, al dejar que estos manejen el mercado a sus anchas y al no oponerse, dan paso una globalización injusta, en la que la desigualdad entre los pobres y los ricos es inmensa, y la cual será mayor con el tiempo si no se frena de inmediato.

Europa ha adoptado una globalización económica y financiera (euro), pero no globaliza en otros campos, más importantes como la sanidad, la educación…

 

Hoy día es necesaria una autoridad supranacional con el poder de realizar cualquier tarea común. La necesidad de crear esta autoridad es tan obvia, que ya se han “llevado a cabo” algunas ideas, pero muchas de ellas son rechazadas por los países más fuertes económicamente, que se niegan a la creación de cualquier autoridad que les prive de su libertad dentro del mercado; es el ejemplo de Estados Unidos, una potencia mundial que se cree con derecho a todo. Una potencia que se cree con derecho a explotar países pobres económicamente.

 

Todo esto es un pequeño desahogo frente a lo que hemos tenido que escuchar de los furibundos neoliberales, que seguirán pensando lo mismo. Hace unos meses en la prensa un diputado del Partido Popular por Cantabria justificaba todavía la libertad absoluta del mercado. Porque sin éste –decía– no se puede vivir. Pues ahí tiene usted las consecuencias,…aunque seguirán diciendo y haciendo lo mismo.

Lo que justifica la esperanza de personas como nosotros es que cada vez les será más difícil hacerlo, porque existen otras crisis (del capitalismo, del cambio climático, de la fuentes de energía,…), porque existen otros condicionamientos y porque existe otra situación internacional. No porque comprendan los neoliberales que no tienen razón y que no deben hacer lo que pueden hacer. No, sino porque no van a poder hacerlo. Sencillamente.

 

Mirada Solidaria.es

(Referencias a la intervención conjunta en Murcia, de J.L. Sampedro y Carlos Taibo -‘Una conversación sobre la crisis’- y al libro ‘El mercado y la globalización’ de J.L. Sampedro)

Dejar un comentario