La Convención de los Derechos del Niño ha cumplido 20 años. La Convención sobre los Derechos del Niño es un tratado internacional que reconoce los derechos humanos de los niños y las niñas, definidos como personas menores de 18 años. La Convención establece en forma de ley internacional que los Estados Partes deben asegurar que todos los niños y niñas -sin ningún tipo de discriminación- se beneficien de una serie de medidas especiales de protección y asistencia; tengan acceso a servicios como la educación y la atención de la salud; puedan desarrollar plenamente sus personalidades, habilidades y talentos; crezcan en un ambiente de felicidad, amor y comprensión; y reciban información sobre la manera en que pueden alcanzar sus derechos y participar en el proceso de una forma accesible y activa.

 

     La Declaración de los Derechos del Niño define 10 derechos especiales de los niños y niñas. Una Declaración maravillosa, como también el texto de la Convención lo es. ¿Y…?

Si las ‘declaraciones’ fueran espejos de la realidad serían muchísimo más maravillosas. Pero si las declaraciones, los mandamientos, los derechos,…son simples letras impresas en papel, ¿qué valor encierran? ¿Qué sentido tienen los principios si no se llevan a la práctica? Popularmente se dice quedan “en papel mojado”.

Seguramente muchas familias consideran que en su hogar se cumple con todos los derechos de la infancia. ¡Enhorabuena a esas familias y a esos hijos e hijas!

Busquen y no encontrarán una sola madre en el mundo que no se desviva por sus hijos. Su ternura y generosidad  superan con creces las exigencias de los Derechos del Niño escritos. Esto sí es maravilloso.

 

     Pero los aniversarios de este tipo nos hacen dirigir la mirada hacia las víctimas, tantos niños y niñas cuyos derechos son violados sistemáticamente.

La ruta normal es ofrecer una serie de estadísticas y porcentajes que ayuden a comprender la dimensión del problema. En esta ocasión tan sólo presentaremos tres botones de muestra, tres datos que han aparecido recientemente en los medios y que tal vez provoquen una reflexión sobre el tema.

«Hay razones para matar a los niños si existe la evidencia de que, al crecer, nos dañarán; en ese caso los ataques deben ir directamente contra ellos y no contra los adultos».

Así lo aseguran dos rabinos judíos, Shapira y Elitzu, en un libro (La Torá del Rey, leyes sobre la vida y la muerte entre los judíos y las naciones) que ha causado gran revuelo dentro y fuera de las fronteras de Israel. Ambos religiosos consideran que el asesinato de los hijos del líder enemigo también está justificado en caso de que así se logre presionarlo.

Para ellos no existe la población civil y basta con intuir alguna intención malvada. Consideran recomendables los actos de venganza y defienden que un judío tome la justicia por su mano sin esperar órdenes.

    

     Mujeres, niñas y niños son blanco preferido del tráfico de seres humanos

Seductores y traficantes, organizados en redes criminales, que actúan en todos los continentes en busca de víctimas para el tráfico de seres humanos, tienen a las mujeres, niñas y niños como su blanco preferido.

El tráfico de personas es considerado por la comunidad mundial un atentado violento contra los derechos humanos, que mantiene a sus víctimas en situación de servidumbre y esclavitud, por medio de la explotación sexual y laboral. Frecuente en diversos países del mundo, el fenómeno está vinculado a problemas culturales y sociales como la pobreza y la exclusión social.

Según datos divulgados por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), se calcula que cerca de dos millones de niñas y niños son obligados a prostituirse en el comercio sexual mundial. Por su parte, la Agencia de las Naciones Unidas contra la droga y crimen (UNODC), expresa en un informe, que anualmente, entre 800.000 y 2,4 millones de personas en todo el mundo, se transforman en esclavas del tráfico de seres humanos.

De ese total, el 83% de las víctimas son mujeres, siendo el 48% de ellas menores de 18 años. En cambio los hombres representan solamente el 4% del total, “y cuando eso sucede, suelen ser refugiados o inmigrantes ilegales”.

Los datos presentados en el informe de la UNODC, revelan que la principal finalidad del tráfico de personas es la explotación sexual. En el 92% de los casos analizados, las víctimas fueron “reclutadas” para este fin.

Según la organización “Juntos contra el tráfico de seres humanos”, estimaciones internacionales apuntan que la actividad del tráfico genera en el comercio ilegal, ganancias cercanas a los 27.000 millones de euros anualmente.

Las consecuencias de las actividades del tráfico son devastadoras en la vida de sus víctimas. Inicialmente este crimen roba la libertad y la dignidad de las  personas traficadas, causando además múltiples traumas psicológicos y enfermedades numerosas.

    

     La Convención de los Derechos del Niño sólo NO ha sido ratificada por DOS de los 192 países de la ONU: Somalia y Estados Unidos.

La historia de la preocupación por la situación y destinos de los niños en el mundo a nivel internacional, tiene estos antecedentes hasta la actualidad. En 1954 la Asamblea General de las Naciones Unidas recomendó (Resolución 836(IX)) que todos los países instituyeran el Día Universal del Niño, fecha que se dedicaría a la fraternidad y a la comprensión entre los niños del mundo entero y se destinaría a actividades propias para promover el bienestar de los niños del mundo. El día 20 de noviembre de 1959 la Asamblea aprobó la Declaración de los Derechos del Niño y el 20 de noviembre de 1989 aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño.

A nivel mundial la infancia ha devenido en objetivo importante para muchos gobiernos. No obstante, el compromiso y esfuerzo aún resulta insuficiente. En gran parte de los países ocurre que las necesidades y derechos de los niños quedan postergados ante una realidad que se impone desde la cuna hasta la muerte en la misma sociedad en que están inmersos.

En realidad cada año son alarmantes las cifras que brindan organizaciones como la UNICEF en relación a la infancia. Algunas de estas cifras indican que: 600 millones de niños viven en la pobreza; a 121 millones se les niega el derecho a la educación e incluso de 10 niños que cursan la enseñanza primaria solo uno llega a nivel medio; 352 millones se ven obligados a trabajar largas jornadas, con cargas pesadas sobre sus hombros, herramientas peligrosas o productos químico tóxicos; más de 2 millones son obligados a ejercer la prostitución o son utilizados en la pornografía convertidos en objeto de placer; 2,3 millones de menores viven con VIH, la mayoría de ellos carecen de asistencia y tratamiento médico, cada día dos niños contraen el SIDA y uno muere a causa de enfermedades relacionadas con este virus. Desde 1990, más de dos millones han fallecido por los conflictos armados y otros miles mueren a consecuencia de enfermedades prevenibles o son víctimas del tráfico humano.

    

     La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) es un tratado de las Naciones Unidas y la primera ley internacional sobre los derechos del niño y la niña “jurídicamente vinculante”. Esto quiere decir que su cumplimiento es obligatorio para los Estados que la han ratificado. La Convención tiene 54 artículos que reconocen que todos los menores de 18 años tienen derecho al pleno desarrollo físico, mental y social y a expresar libremente sus opiniones. Pero además, la Convención es también un modelo para la salud, la supervivencia y el progreso de toda la sociedad.

Por todo lo anterior, constituye un hecho defraudante que la Convención De los Derechos del Niño no haya sido ratificada sólo por dos de los 192 países de la ONU: Somalia y Estados Unidos.

El 22 de Noviembre se cumplieron el cincuenta aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño y el veinte aniversario de la Convención de los Derechos del Niño. ¿Se trata de celebrar Aniversarios o de practicar y respetar unos derechos?

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