Los cuentos

     Se define al cuento como una narración de hechos fantásticos  con que se entretiene, por ejemplo, a los niños.

Poco menos que se llegó a pensar que los cuentos eran exclusivos para niños. ¿Habrá alguien que en su infancia no le contaran cuentos?

¡Cuántos cuentos a lo largo de la historia, fieles compañeros de entretenimiento, de ayuda, de intrigas, de temores, de dulzura,…!  ÉRASE UNA VEZ…

Cuando, de mayores, se tiene la oportunidad de escuchar a alguien “cuenta-cuentos”, como la amiga Mara, un impulso te empuja hasta el diccionario para rectificar la definición de cuento. Los cuentos no tienen edad, ni sus destinatarios son sólo los niños.

Los cuentos, bien contados, extienden unas enormes alas que transportan gustosamente, a pequeños y mayores,  al mundo de los sueños y de la ilusión.

 

     El LENGUAJE, siempre juguetón y caprichoso, se divirtió también con la palabra: Cuento chino le llama a la mentira; cuento de nunca acabar aplica al asunto perdurable que no termina de acabarse;  cuento de viejas refiere a las leyendas de personas ancianas; aplicarse el cuento significa escarmentar; dejarse de cuentos es una muestra de rechazo porque determinado asunto no interesa; ir con el cuento a alguien lo hace el chivato; no venir a cuento una cosa señala su inoportunidad; tener mucho cuento se dice del exagerado o presumido; vivir del cuento es vivir sin trabajar…

Efectivamente, el cuento se ofrece al juego y permite que jueguen con él.

    

     Los hay cortos o más extensos, alegres o tristes, alegóricos, fantasiosos,…

Uno de los libros de Carlos Ordóñez Ferrer se llama Historias del viejo Eduardo: El viejo Eduardo enviaba de forma anónima cuentos a los vecinos de su ciudad. A cada cual le enviaba el suyo; un relato que tuviera que ver con su destinatario. A unos les gustaba más, a otros menos y a algunos nada. ¿Quién es ese intruso que se mete en la vida de los demás? Pero una tarea de esas características no puede salir gratuita, y así el viejo fue detenido.

Un cuento de este autor se titula:

                         Dionisio, el tanguero despistado

Una bala perdida ha matado a Dionisio Dimas Garbizu mientras tocaba su acordeón diatónico en la plaza de Nuestra Señora de los Desamparados, aquí, en la capital de la república.

Dionisio llevaba cincuenta y nueve de sus setenta y un años apostado en la misma esquina, junto a la catedral, con el mismo instrumento, entonando los mismos tangos nostálgicos y arrastrados que daban sentido a una plaza por la que había pasado la mitad de la historia del país. Hubo épocas en las que algunas canciones era mejor ocultar, pero Dionisio, eternamente despistado no lo sabía. El sólo vivía para su acordeón y era su acordeón el que le permitía vivir de las monedas arrojadas.

A los doce años apenas sabía un par de tangos y una milonga, pero con el tiempo, el repertorio se multiplicó, como se multiplicaron sus tempranas canas y el mostacho pampero se pintó de blanco conjugando sin él pretenderlo con la sabiduría de las letras que entonaba. El frío le procuró un sombrero serrano que dificultó los constipados y ocultó su cabellera plateada. En realidad, Dionisio sabía pocas cosas del mundo fuera de los sonidos de su acordeón y de la música sureña. Pero a él le parecía que en esas letras había más filosofía de la vida de la que enseñaban en las aulas que él jamás pisó.

Con los años, Dionisio se hizo querer por transeúntes y vendedores. Estudiantes, niños, enamorados y turistas, todos le conocían como Dionisio, el tanguero de la plaza. Tan sólo, en alguna ocasión algún raterillo con más hambre que oído musical arrampló con las monedas de ese día. Pero el tanguero no se enteraba. Desde que Dionisio despegaba las primeras notas del acordeón se abstraía de tal manera de todo lo que le rodeaba que dejaba de oír los cláxones de los vehículos, se mojaba si llovía y era incapaz de saber si alguien le escuchaba en ese momento. Dionisio sólo vivía dentro del tango.

Por eso, esta mañana, cuando una bala perdida del robo del Banco de la Nación atravesó su acordeón alojándose en su pecho, Dionisio estaba tan concentrado en “El mundo fue y será una porquería, yo lo sé…” que fue él, Dionisio Dimas Garbizu, el tanguero de la plaza, el único que no se enteró que le habían matado, y muerto siguió cantando “…en el quinientos tres y en el dos mil también”.

    

     ¿Han leído aquella breve historieta de E. Galeano, titulada RECETA DE LA SOPA?

EL MENDIGO LLAMÓ a la puerta.   “Yo no pido -dijo-. Vengo a ofrecer”.

Ofreció la sopa más sabrosa de la historia de la gastronomía, y lo dejaron entrar.          
Puso una olla en el fuego. Cuando el agua rompió a hervir, echó en la olla una piedra que traía en el bolsillo. Probó, se chupó los dedos.   ¡Perfecto!, dijo.

Para perfeccionar la perfección, fue pidiendo algunos complementos: un manojo de espinacas, una cebolla picada y dorada en manteca, sémola, fideos, un chorro de vino blanco, mucho queso rallado, un toque de pimienta y un puñado de sal.               
El mendigo se comió casi toda la sopa, pero tuvo la gentileza de convidar alguna cucharada a los dueños de casa. Y les dejó la piedra.            
Parece una piedra cualquiera, sin sabor a nada.

La sopa se sigue cocinando a las orillas del lago Léeman, al pie de los Alpes. Con esa piedra.

    

     Otras varias acepciones negativas tiene la palabra cuento: mentira o infundio, pretexto o embrollo para disimular algo, chisme o delación, palabrería o exageración,…

¿Usted sabe a cuál de las acepciones se refería el zamorano León Felipe en su poema?

SÉ TODOS LOS CUENTOS

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

    

     Sirva este pequeño homenaje al CUENTO para mostrar nuestro agradecimiento a TODAS LAS PERSONAS que escriben cuentos, o que los cuentan,… QUE NOS HICIERON Y SIGUEN HACIENDO SOÑAR.

 www.miradasolidaria.es

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