Al menos, eso creía aquel viejito tan desazonado, y a la vez tan inquieto…

También preguntando la persona se entiende a sí misma, pues la pregunta es hermana de la reflexión, decía.

 

Miraba a la ONU y se preguntaba:  ¿Servirá para algo la votación de la Asamblea General de Naciones Unidas, del 26 de octubre, contra el irracional bloqueo a Cuba?

Durante 19 años consecutivos la Asamblea viene pidiendo el fin del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos que ha costado a Cuba 750 mil millones de dólares. La votación fue aplastante: 187 países a favor, sólo dos votos en contra (Estados Unidos e Israel) y tres abstenciones (Palau, Islas Marshall y Micronesia).

La ciudadanía norteamericana, instruida por sus medios informativos, sigue creyendo que Cuba ha sido y aún lo es un peligro para la seguridad de Estados Unidos y una amenaza para el orden regional y la paz del mundo. ¿Es tan difícil apreciar semejante ridiculez?

Un documento del Departamento de Estado USA, del 06/04/1960, desclasificado en 1991 decía: “La mayoría de los cubanos apoyan a Castro… el único modo previsible de restarle apoyo interno es a través del desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales… hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba… una línea de acción que, aun siendo lo más habilidosa y discreta posible, logre los mayores avances en privar a Cuba de dinero y suministros, para reducirles sus recursos financieros y los salarios reales, provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del Gobierno”. Resulta preocupante semejante actitud del gobierno más poderoso del mundo y considerado ‘adalid de la democracia’ en el planeta.

Lo más preocupante del caso: ¿Sirven realmente para algo las voces de la casi totalidad de los países del mundo reunidos en la ONU?

 

Miraba las revueltas sociales en Europa: ¿Es verdad que los países donde las protestas son más fuertes están precisamente gobernados por la socialdemocracia? Quizás por eso, muchos ciudadanos/as se preguntan por qué la socialdemocracia, cuando está en el poder, termina por aceptar las consignas del Fondo Monetario Internacional (FMI), que también está dirigido por un socialdemócrata.  ¿Será que la socialdemocracia está hipotecada?

La gente está harta de Planes de ajuste, de recortes de servicios y prestaciones sociales, que, en definitiva, son penalizaciones para la población más pobre (es decir, la gran mayoría).

Y la gente está harta de que sus gobiernos les digan que estas medidas restrictivas son beneficiosas para la Nación. ¿Para qué parte de la Nación? ¿Alguien conoce algún país donde hayan aplicado un plan de ajuste a los ricos? ¿De dónde les viene a los ricos semejante privilegio de superprotección? ¿Quién les dio a los dueños del dinero el derecho y la potestad para generar crisis y sufrimiento para todo el mundo excepto para ellos?

Ellos han creado un sistema ficticio que esclaviza al mundo, un sistema de burbujas. De cada 10 euros, nueve los crea el sistema financiero y sólo uno el sistema de producción.

¿Existen realmente alguna esperanza y solución de cambio? ¿Queda otro camino que no sea la sublevación de la sociedad y que la gente diga basta?

Lo más inquietante: ¿Aprenderemos alguna vez…?

 

Miraba las relaciones internacionales: ¿Se tejen estas relaciones en el respeto a las soberanías nacionales, o en la intromisión y en la invasión; en el diálogo, o en la fuerza; en la justicia, o en la explotación y el expolio?

El panorama es realmente asombroso. En todos los continentes aparecen países invadidos (Sahara Occidental, Palestina, Irak, Afganistán,…) u ocupados militarmente (Haití, Costa Rica, Panamá, Colombia,…).

El Departamento de Estado de los Estados Unidos confecciona por su parte listas de países que patrocinan el terrorismo y, por tanto, condenables de antemano (Cuba, Irán, Libia, Sudán, Siria,…)

Innumerables países del llamado Tercer Mundo son esclavizados y asfixiados por la Deudas Externas impuestas e incrementadas por los Países del Norte.

El Continente Africano es un ejemplo clamoroso de explotación y expolio de sus recursos naturales por parte de los Países Desarrollados y sus multinacionales, provocando en muchos casos sangrientas guerras entre sus habitantes. Sus diamantes han condenado a Angola y Sierra Leona; su petróleo a Sudán, Libia, Nigeria; su coltán a Ruanda y el Congo; su madera a Liberia,…

La eterna pregunta: ¿A dónde queremos llegar?

¿Cómo es posible que estén muriendo de hambre 1.000 millones de personas y existan alimentos suficientes para alimentar el doble de toda la población mundial?

¿Cuál es nuestro concepto de Justicia? ¿Acaso puede existir la Justicia, si no es para TODOS los seres humanos sin exclusión?

 

Y así, pregunta tras pregunta, podemos ir recorriendo nuestro mundo, las noticias y los silencios de los medios de comunicación,  las situaciones de la gente que vive a nuestro nivel y a niveles más bajos o más altos, la desigualdad de oportunidades en la sociedad y sus consecuencias, las miradas y las sonrisas y los llantos de la gente de la calle,… Y preguntarnos, siempre preguntar…

        Sin llamarlas, acuden las palabras de José I. González Faus, con motivo de la muerte de José Antonio Labordeta:

Sí, querido Labordeta, ahora lo sabes aunque ya lo sabías: no habrá un día en que todos veremos una tierra que ponga libertad. Sólo podremos ver los islotes de siempre, ocupados por unos pocos desalmados que levantaron allí su bandera privada a la que llaman libertad. Y no vendrá ese día no porque no sea posible, sino porque nosotros no queremos. O mejor: no lo quiere una minoría de desalmados, pero que cuentan con nuestra complicidad gracias a un sistema perverso que nos induce a ella.

Porque para que venga ese día es indispensable que los que pertenecemos al veinte por cien de privilegiados de la humanidad (y nos creemos ser todo el género humano), bajemos claramente nuestro nivel de vida. Bajar no en lo necesario, pero sí en lo superfluo que tanto nos inunda a nivel personal y estructural…

        Y a lo lejos resuenan los versos de Carlos A. Parodíz Márquez, desde Lomas de Zamora (Buenos Aires):

Siempre hay un viento de cambio.

Siempre habrá alguien soplando en el viento.

Siempre llegará alguien para tenderse como un puente sobre aguas turbulentas, para que otro pase.

Siempre la historia podrá escribirse de nuevo, hasta con los mismos errores.

Siempre llegará una pareja a la playa para escribir su carta de amor en la arena.

Siempre se renovarán las filas de los músicos, locos y poetas.

Siempre alguien saltará el muro de la cordura.

Siempre habrá nacidos para ser salvajes.

Siempre amanecerá hasta el fin de los días.

Siempre las estrellas guiarán el camino aunque no hagamos caso.

Siempre volveremos a empezar.

Siempre navegaré la pregunta multiforme: ¿por qué?

 

El mochuelo

(Noviembre-2010)

  1. El mochuelo acostumbrada a posarse sobre las ramas más frondosas de la arboleda, desde donde poder percibir la realidad sin ser observado, si en algo se ha distinguido siempre esta rapaz nocturna es por su excelente sentido de la vista, y precisamente son esos verbos: sentir y ver por los que sin duda se descubre la personalidad de su autor.
    Me alegra enormemente saber de ti y que me sigas pinchando bajo la piel, donde se esconde el nervio del corazón y sus latidos.
    Un abrazo… JOSE ANTONIO

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