Testimonio de Jawe Aswad, un periodista que pasó por el campo de Bagram

“Bagram destrozó mi vida”

    

     Todavía no hace un año que Jawed Ahmad salió del centro de detención militar de los Estados Unidos en la base aérea de Bagram, cerca de la capital afgana, Kabul. Poco después de su liberación, en septiembre de 2008, Jawed Ahmad habló con el corresponsal de la BBC Martin Patience. Un testimonio excepcional en el que denunció los abusos padecidos en el interior de la base.

      Para Jawed Ahmat, los 11 meses que pasó en el centro de detención de Bagram, fueron los peores de su vida. “Me destruyeron financiera, mental y psicológicamente”, dijo Ahmand, de 21 años, vestido con la tradicional camisa afgana.

“Pero lo más importante, mi madre está pasando su último trance en el hospital a causa de los americanos”.

Ahmad estuvo detenido durante casi un año en la base aérea de Bagram, donde las fuerzas de los Estados Unidos encarcelan a los sospechosos de ser militantes talibán o de al-Qaeda.

Las instalaciones tienen un pasado controvertido: dos afganos fueron golpeados hasta morir por sus guardias estadounidenses en 2002.  

     No te muevas”

Jawed Ahmad era un conocido periodista que trabajaba para un canal de televisión canadiense en Kandahar y colaboraba ocasionalmente con la BBC. Antes de eso, fue traductor para las fuerzas especiales de los Estados Unidos durante dos años y medio.

Así pues, cuando un funcionario de prensa de la base aérea estadounidense le pidió que acudiera a una charla, no sospechó nada. Después de todo, suponía que eran sus amigos.

“De golpe, me rodearon 15 personas y me tiraron al suelo”, contó Ahmat, que se iba animando a medida que hablaba.

“Me gritaron “no te muevas”. Y entonces me condujeron a la prisión”.

Ahmad comentó que los guardias de la prisión, que da por hecho que eran estadounidenses, lo golpearon y lo lanzaron contra unos contenedores de camión.

Pero, aseguró, el abuso no terminó ahí.

“Durante nueve días no me permitieron dormir. No comí nada, fue una época muy dura para mí”, indicó. “Finalmente, me dijeron que me iban a llevar a la Bahía de Guantánamo”.

Lo acusaban de suministrar armas a los talibanes y de tener contactos con el movimiento.

Ahmad, protestó y les dijo que, como periodista, ése era su trabajo. Entonces, le afeitaron la cabeza y le pusieron un mono naranja.

Pero antes de abandonar Kandahar, sus guardias tenían un último mensaje.

“Nunca lo olvidaré”, apuntó. “Me dijeron, “¿Sabes qué”. Yo les dije, “¿Qué?”. Y ellos me contestaron que en esta guerra no había derecho para los periodistas”. 

     Inconsciente”

A pesar de las amenazas de enviarlo a la Bahía de Guantánamo en Cuba, Ahmad fue trasladado a la base aérea de Bagram, a unos 70 kilómetros al norte de la capital, Kabul.

A septiembre de 2008, los militares estadounidenses mantenían detenidos allí a alrededor de 600 prisioneros, a los que definen como combatientes fuera de la ley.

“Nada más aterrizar, me hicieron estar parado durante más de seis horas bajo la nieve”, apuntó. “Hacía mucho frío, y no llevaba ni calcetines, ni calzado, nada. Perdí la conciencia dos veces”.

Y prosiguió: “Ellos habían aprendido una palabra en pashto, “jishaw, jigshaw”, que significa, “levanta”. Y cuando me quedaba inconsciente, seguían diciendo, “jigshaw””.

Durante los siguientes 11 meses, Ahmad permaneció en las instalaciones, según contó, sin saber dónde se encontraba y cuándo, si es que ese momento iba a llegar, sería liberado.

Relató que los guardas los insultaban, a él y a sus compañeros, continuamente.

“Creí que eran animales”, sugirió. “Cuando me maldecían, yo los maldecía dos veces, los desafiaba”.

Ahmad contó que lo enviaron a prisión incomunicada después de que apareciera un artículo sobre su encarcelación en el New York Times, algo que, aparentemente, irritó a los guardias.

Narró que, en la celda, lo encadenaron en posturas en tensión que le hacían casi imposible conciliar el sueño.

Pero lo más humillante de todo, según Ahmad, es que otros presos le contaron que los guardias maltrataban el Corán.

“No lo hicieron una vez, ni dos. Lo hicieron más de 100 veces. Lo tiraban, lo retorcían y le pegaban patadas”.

El día que Ahmad supo que lo iban a liberar fue un momento emocionante.

“A veces lloraba, a veces reía y a veces rezaba”, recordó. “Finalmente, a la mañana siguiente, simplemente, me soltaron”.

   

     Negación

Los militares estadounidenses de la base aérea de Bagram dijeron en un comunicado que no había ninguna prueba que corroborara las acusaciones de malos tratos.

Añadieron que Ahmad había sido transferido al gobierno afgano como parte del programa de reconciliación.

Pero Ahmad prometió que seguiría buscando justicia por lo que le pasó.

“Lucharé hasta mi último aliento para conseguir mis derechos”, afirmó. “Tocaré a las puertas del Congreso, le pediré a Obama, le pediré a Hillary Clinton, incluso a Bush, no dejaré a nadie”.

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El testimonio se ha conocido a través de Martin Patience, de BBC Mundo

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