No dejes nunca de desconfiar de las instituciones

No dejes nunca de confiar en las personas

No dejes nunca de confiar

en que las personas

crearán instituciones

en las que quizá podrás dejar de desconfiar

No dejes nunca de desconfiar

en que el triste proceso

por el cual las instituciones

cambian a las personas tristemente

pueda ser cambiado

No dejes nunca de confiar en las personas

No dejes nunca de desconfiar de las instituciones.

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Los hay que mueren de silencio

de tragarse demasiadas palabras y del cólico fenomenal que sigue

y los hay que mueren por hablar demasiado

pues las paredes –al contrario que las tapias, que están sordas– oyen.

Los hay que mueren de cansancio

de todo lo que hay que cambiar para que nada cambie

y hay quien muere de aburrimiento

en esta feria universal donde continuamente ocurren cosas

y nunca pasa nada.

Hay quienes mueren de miedo

ante la mera sospecha de que podrían darse de bruces

con la verdad de sus actos

y hay a quienes les da tanto coraje

que alguien pudiera sospechar que hay una verdad tras sus actos

que sencillamente se mueren.

Los hay que no mueren nunca

porque ya están muertos.

Jorge Riechmann

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