Los objetivos del milenio

En estos días se volvieron a mencionar y a manosear los dichosos Objetivos del Milenio. Tocaba. La Cumbre Mundial revisó los Objetivos en la última semana de Septiembre.

Ya saben, se trata de aquellos Objetivos, definidos en 2000 por la Asamblea General de la ONU, de reducir a la mitad la proporción de personas que padecen pobreza y hambre; garantizar la educación primaria universal; promover la igualdad de género; reducir la mortalidad infantil y la materna; combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades;  asegurar la sustentabilidad ambiental; y fomentar una asociación mundial para el desarrollo, todo esto con 2015 como fecha límite.

Una cosa es segura: Los líderes mundiales van a poder comprobar que, después de 10 años y a falta de 5, queda casi todo por hacer.

 

La realidad lo evidencia: No se quieren poner las medidas para conseguir estos Objetivos.

        El hambre y la pobreza extrema están aumentando incluso en el primer mundo. Según la FAO, en 2009 más de 1.000 millones padecieron hambre. Las crisis y las guerras empeoran el panorama: Al cierre de 2009, 42 millones de personas habían sido desplazadas por los conflictos o persecución, de ellas el 44% tiene menos de 18 años de edad.               

        Los fondos necesarios para cumplir con el objetivo de la enseñanza primaria universal resultan ridículos si se comparan con cualquier presupuesto militar. Más de 115 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria se ven privados de la posibilidad de hacerlo. 

        La violencia de género no cesa en ninguna parte del mundo, la educación femenina aún no es comparable a la masculina en más de 100 países y no existen medidas efectivas para atajar la explotación sexual. Según Naciones Unidas, al menos una de cada tres mujeres en todo el mundo ha sido golpeada, coaccionada sexualmente o ha sufrido otro tipo de abuso en su vida. Durante la década 1990-2000, el tráfico de personas con destino en la prostitución se cobró 33 millones de víctimas, tres veces más que el tráfico de esclavos africanos durante cuatrocientos años.

        Las enfermedades que producen tan enorme mortalidad infantil (menos de 5 años) se hubiera podido combatir con una pequeña porción de los medios dedicados a luchar contra la famosa Gripe A. Se calculó que durante los tres días de la Cumbre morirían 70.000 niños. Save the Children ha recordado que 8,1 millones de niños mueren cada año antes de cumplir los cinco años a causa de enfermedades completamente prevenibles, como malaria, diarrea o neumonía.
        La salud materna sigue siendo una lacra. Más de 350.000 mujeres pierden la vida cada año por complicaciones durante el embarazo o el parto. La mayor parte de ellas en los países del tercer mundo.

        Se pretendía combatir el SIDA, la malaria y otras enfermedades. Según Roll Back Malaria, el 97% de casos de malaria se dan en África (71%) y Asia (26%), y el coste medio unitario en prevención y tratamiento está en torno a 14 miserables euros. Según Naciones Unidas, cada 45 segundos muere un niño enfermo de malaria en algún lugar del mundo. Y cada año, entre 350 y 500 millones de personas resultan infectadas.

        Tampoco se puede hablar de garantizar la sostenibilidad del medio ambiente con desastres como el de BP en el Golfo de México y otros similares. El riesgo de muerte, minusvalía y pérdidas económicas debidas a desastres naturales está aumentando a nivel mundial, especialmente (67%) en los países empobrecidos. De 2008 hasta marzo de 2010 fallecieron 470.000 personas debido a estas causas.

        Ni se fomenta una Asociación Mundial para el Desarrollo, cuando los países más ricos apenas aportaron la mitad del 0,7% PIB, incumpliendo su compromiso adquirido en 1972. En 2009 la Ayuda al Desarrollo se situó por debajo del 0,2%. La desigualdad es vergonzosa: Un estudio de las Naciones Unidas de 2008 aseguraba que el 1 % de las personas más ricas del mundo poseían el 40 % de la riqueza global, y la mitad más pobre solo era dueña del 1%.

 

Cuestiones: (*) 

¿Cómo los países más ricos van a vigilar el cumplimiento de los objetivos del milenio? ¿El lobo cuidará de las ovejas?

¿Se quiere acabar con el hambre o con los hambrientos? ¿Qué se puede esperar mientras la salud y el hambre sean un negocio? ¿Y mientras sea más rentable poner en manos de un niño africano un arma antes que un plato de comida?

¿Cómo entender que no haya fondos para los Objetivos del Milenio y que se ofrecieran súbitamente billones de dólares a las mismas instituciones financieras que, con su codicia e irresponsabilidad, sumieron al mundo en una gravísima y múltiple crisis?

¿Qué les importará a los terroristas de Wall Street que se cumplan o no los objetivos del milenio? ¿Y a las Multinacionales que tantos años llevan devastando a los países empobrecidos?

¿Para qué sirven las declaraciones de buenas intenciones como son los Objetivos del Milenio, cuando la economía prevalece ante cualquier ámbito de la vida humana?

¿Es cuestión sólo de voluntad política, o realmente se necesita un cambio estructural?

¿Se puede erradicar la pobreza en un mundo capitalista? ¿Acaso la desigualdad no es inherente a la acumulación? ¿Acaso es posible erradicar la extrema pobreza sin erradicar primero la extrema riqueza?

¿Acaso el subdesarrollo y la pobreza actuales no son la consecuencia de la conquista, la colonización, la esclavización y el saqueo de la mayor parte de la Tierra por las potencias coloniales, el surgimiento del imperialismo y las guerras sangrientas por nuevos repartos del mundo?

 

Mirada Solidaria.es

 

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(*) Refer. Víctor J. Sanz (Impresionesmia.com/Rebelión. 21/9/2010) y a Marina Hoyos Martín (Rebelión 24/9/2010)

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