Con esa frase comenzó la reunión uno de los colegas: “Si los socialistas siguen rompiendo peldaños, ¿quién podrá subir por esa escalera?”

De por sí que este amigo no es muy partidario de las clasificaciones de izquierdas y derechas actualmente, porque dice que ‘aquí to dios es neoliberal y punto’, pretendía explicarnos la gran desilusión que siente por las medidas que viene tomando el Gobierno español. Desilusión porque considera que, al fin y al cabo, el PSOE es la opción real menos mala dentro del panorama político.

 

¿Recuerdan? Había una vez el llamado Principio de la Justicia Universal. Ese principio figura en los acuerdos internacionales firmados por España: Convenio contra el Genocidio, Convención contra la Tortura, Convención de Ginebra…

En base a ese principio, la Audiencia Nacional pudo perseguir delitos internacionales (casos de Pinochet, A. Scilingo, Ricardo Cavallo, Teodoro Obiang, Generales guatemaltecos,…).

Pues cuando llegó el momento de plantearse otros peligrosos frentes criminales: torturas de Guantánamo, masacres de Israel en Gaza,… se tambaleó el Principio, topamos con el Imperio. 

 Y el ministro español de exteriores, Moratinos, cumplió su palabra. A finales de Enero le prometió a su homóloga israelí de exteriores, Tzipi Livni, que cambiaría la ley para frenar la causa abierta contra el ex ministro de defensa israelí Benjamín Ben-Eliezer y otros presuntos criminales israelíes por la matanza de catorce civiles en un atentado perpetrado en Gaza en Julio del 2002. (¿Qué será que le debemos a Israel, para que España, Europa,…siempre estén dispuestas a evitar cualquier disgusto o inconveniente a ese país?).

Y efectivamente, el 25 de junio se modificaba la Ley orgánica española y se reducía el Principio de Justicia Universal a casos en que existan víctimas españolas, haya algún vínculo con España o los presuntos responsables se encuentren en territorio español.

Asombrosamente, para los tiempos que corren, se aprobó por mayoría absoluta (329 votos a favor, 9 en contra y 6 abstenciones). Qué gran coincidencia: PSOE, PP, CiU y PNV abrazados por una misma causa.

Unos días antes, había profetizado el presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, Carlos Dívar:

“no nos podemos convertir en los gendarmes judiciales del mundo” o estar en “conflicto diplomático diario”.

Sí señor, en adelante, los criminales podrán brindar tranquilos y seguros.

 

El pago de la crisis: ¿Quiénes iban a sufrir la crisis económica? ¿Quiénes iban a pagar las consecuencias y las medidas de ajuste?

El presidente Zapatero, el pasado 12 de Mayo, anunció en el Congreso las medidas para reducir el déficit del Estado: Reducción de salarios y plantillas de funcionarios, congelación de pensiones, eliminación de las jubilaciones parciales, eliminación del cheque-bebé, reducción del gasto farmacéutico, reducción de prestaciones de la Ley de Dependencia, reducción de Ayuda Oficial al desarrollo, reducción de obras públicas,…Había para todos (obreros, pensionistas, madres, ancianos enfermos, funcionarios,…)

¿Para todos o faltaba gente…? ¿Y los grandes ricos y los grandes bancos que se han estado beneficiando incluso en tiempos de la crisis…?

Una tímida referencia hizo Zapatero en su exposición: que era ‘plenamente sensible’ en el reparto de los esfuerzos y que los de mayor capacidad deberían hacer un esfuerzo ‘mayor’…y que hablaría con los grupos políticos sobre esta posibilidad.

¡Agua de borrajas! …Las medidas anunciadas entraron inmediatamente en vigor, mientras las medidas para los grandes ricos apenas existen y están por ver.

El 24 de septiembre dieron un avance de medidas fiscales: El Gobierno descarta poner un impuesto para las grandes fortunas y se limita a subir 1 ó 2 puntitos en el IRPF a las nóminas que excedan de 120.000 euros al año. ¡Migajas, en comparación a lo que están pagando los asalariados, autónomos y pensionistas, es decir, la inmensa  mayoría de la población española! Según estas medidas fiscales, pagarán más los que trabajan en la economía real, produciendo cosas y servicios, que los que se llenan los bolsillos con la especulación y las rentas. Esto es injusto, un insulto y un desprecio mayúsculo a la ciudadanía.

Cómo jode escuchar las risas de los banqueros… Al presidente de Banco Santander, Emilio Botín, hablando con el aire a favor: los impuestos al sector financiero ‘no son la medida adecuada’ para evitar que el contribuyente  tenga que asumir los costes de una crisis, ya que ‘no resuelven ninguna de la causas que la originaron, ni ayuda a prevenirlas’.

O escuchar al director general de la Fundación de las Cajas de Ahorro, Victorio Valle, calificando de ‘imbecilidad’ la propuesta de esa mínima tasa a las transacciones financieras que respaldan algunos países de la Unión Europea en la ONU.

Una imbecilidad, comenta Ignacio Escolar, algo propio de imbéciles. Y tiene razón. Somos imbéciles, completa, absoluta y rematadamente imbéciles, porque toleramos que el mismo sector financiero que hundió el planeta se vaya de rositas y encima nos insulte. Unos 30.000 millones de euros nos costará salvar al sistema financiero español de la crisis internacional y de sus excesos durante la burbuja inmobiliaria.

 

El Gobierno ha rematado con la Reforma Laboral: Mayor facilidad y abaratamiento del despido; ampliación de las causas por las que los empresarios pueden despedir; introducción de las empresas privadas en el mecanismo del empleo; crecimiento de la flexibilidad y de la temporalidad; descuelgue de las empresas en los acuerdos pactados con los trabajadores, y, finalmente, entre otros efectos perversos, la eliminación del control de los jueces sobre decisiones que justifiquen el cambio de las condiciones laborales. 

¿Cómo entenderán todo esto los cuatro millones de parados españoles? ¿Qué dirán las 180.000 familias españolas que van a perder en 2010 sus viviendas por no poder pagar las hipotecas? ¿Y tantos sectores que se ven postrados económica y socialmente, mientras el Gobierno concede millones de euros a los bancos para su saneamiento financiero y sigue sin tocar a las grandes fortunas?

 

Se presume de laicismo, pero se ha descartado la reforma prometida de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa y la Iglesia Católica recibe ahora más dinero público que en toda su historia. Se proclama la Alianza de civilizaciones, pero Zapatero apoya la postura de Sarkozy respecto a la expulsión de los gitanos diciendo que no tiene un ‘origen étnico’, como si no conociera la circular del gobierno francés repitiendo “evacuar prioritariamente a los romaníes”.

¿Y el servilismo ante Marruecos, a la vez que su silencio e indefinición sobre Sáhara Occidental?

¿Y la sumisión permanente a los Estados Unidos? ¿Cómo seguir justificando la presencia de los soldados españoles en Afganistán?

Y así, van quebrando peldaño a peldaño, hasta inutilizar la escalera…

¡Qué desilusión, qué preocupación ver al presidente socialista humillado ante el capital, y ante la banca y organismos financieros, y ante las grandes Potencias!

 

Hubo que cortar la retahíla… Pero todas estas actuaciones dan rabia por la injusticia que encierran y por la sensación de imbéciles que nos queda.

Qué menos que ejerzamos el derecho al pataleo, el derecho a manifestarnos, el derecho a la huelga, el derecho a exigir responsabilidades a los dirigentes, el derecho a castigar con nuestros votos,…

 

La ventana del mochuelo

 

 

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