Tema sospechosamente ardiente en nuestros días.

La campaña del presidente francés Sarkozy contra los gitanos, arrasando sus campamentos y expulsándolos del país, ha provocado una cadena de denuncias desde diversos frentes individuales, grupales e institucionales a nivel nacional e internacional. Ante las palabras condenatorias de la Comisaria europea y el consiguiente enfado del prepotente Sarkozy, hábilmente se desvió el tema hacia la ‘dureza de las palabras’ de la Comisaria, por supuestas insinuaciones a los tiempos del nazismo, y se adormeció el problema origen, el verdadero problema de racismo contra los gitanos.

Parecida campaña llevó a cabo el presidente italiano Berlusconi.

Se ha comentado sobre el holocausto gitano, pero entonces han sido los judíos quienes se han sentido ofendidos, por considerar que holocausto sólo hubo uno y fue exclusivamente contra los judíos.

Si se comenta que el caso de los gitanos es similar al de otros muchos colectivos inmigrantes, quienes se sienten implicados y ofendidos son los dirigentes de otros países occidentales, por estar comparándose colectivos y situaciones diferentes.

Aquí quien no se lava las manos como Pilatos es por falta de agua. La “infinita hipocresía de Occidente”, que comenta F. Castro.

 

No se puede tapar el sol con un dedo. Hay problemas que no desaparecen por el mero hecho de silenciarlos en los medios o enterrarlos en el olvido.

José Steinsleger ha publicado en La Jornada un interesantísimo artículo, titulado “El holocausto gitano: ayer y hoy”, (*)  que se transcribe literalmente a continuación:

 

En 1496: auge del pensamiento humanista. Los pueblos rom (gitanos) de Alemania, son declarados traidores a los países cristianos, espías a sueldo de los turcos, portadores de la peste, brujos, bandidos y secuestradores de niños.

1710: siglo de las luces y de la razón. Un edicto ordena que los gitanos adultos de Praga sean ahorcados sin juicio. Los jóvenes y las mujeres son mutilados. En Bohemia, se les corta la oreja izquierda. En Moravia, la oreja derecha.

1899: clímax de la modernidad y el progreso. La policía de Baviera crea la Sección Especial de asuntos gitanos. En 1929, la sección fue elevada a la categoría de Central Nacional, y trasladada a Munich. En 1937, se instala en Berlín. Cuatro años después, medio millón de gitanos mueren en los campos de concentración de Europa central y del Este.

2010: fin de los metarrelatos y de las ideologías (sic). En Italia, (donde nació la razón de Estado), y Francia (sede mundial del cotorreo intelectual), los gabinetes en pleno de ambos gobiernos (con fuerte apoyo popular, o sea, democráticos), fichan y deportan a miles de gitanos a Bulgaria y Rumania.

La tragedia de los rom empezó en los Balcanes. ¿Qué drama europeo no empezó en los Balcanes? A mediados del siglo XV, el príncipe Vlad Dracul (o Demonio, uno de los héroes nacionales en la resistencia contra los turcos), regresó de una batalla librada en Bulgaria con 12.000 esclavos gitanos. Por cierto… ¿no era gitano el misterioso cochero del conde Drácula?

El doctor Hans Globke, uno de los redactores de las leyes de Nuremberg sobre la clasificación de la población alemana (1935), declaró: los gitanos son de sangre extranjera. ¿Extranjeros de dónde? Sin poder negar que científicamente eran de origen ario, el profesor Hans F. Guenther los clasificó en una categoría aparte: Rassengemische (mezcla indeterminada).

En su tesis de doctorado Eva Justin (asistente del doctor Robert Ritter, de la sección de investigaciones raciales del Ministerio de Salud alemán), afirmaba que la sangre gitana era sobremanera peligrosa para la pureza de la raza alemana. Y un tal doctor Portschy envió un memorándum a Hitler sugiriéndole que se los sometiera a trabajos forzados y a esterilización en masa, porque ponían en peligro la sangre pura del campesinado alemán.

Calificados de criminales inveterados, los gitanos empezaron a ser detenidos en masa, y a partir de 1938 se los internó en bloques especiales en los campos de Buchenwald, Mauthausen, Gusen, Dautmergen, Natzweiler y Flossenburg.

En un campo de su propiedad de Ravensbruck, Heinrich Himmler, jefe de la Gestapo (SS), creó un espacio para sacrificar a las mujeres gitanas que eran sometidas a experimentos médicos. Se esterilizó a 120 niñas cíngaras. En el hospital de Dusseldorf-Lierenfeld se esterilizó a gitanas casadas con no gitanos.

Millares de gitanos más fueron deportados de Bélgica, Holanda y Francia al campo polaco de Auschwitz. En sus Memorias, Robert Hoess (comandante de Auschwitz), cuenta que entre los deportados gitanos había viejos casi centenarios, mujeres embarazadas y gran número de niños.

En el gueto de Lodz (Polonia), las condiciones resultaron tan extremas, que ninguno de los 5.000 gitanos sobrevivió. Treinta mil más murieron en los campos polacos de Belzec, Treblinka, Sobibor y Maidaneck.

Durante la invasión alemana de la Unión Soviética (Ucrania, Crimea y los países bálticos) los nazis fusilaron en Simvirpol (Ucrania) a 800 hombres, mujeres y niños en la noche de Navidad de 1941. En Yugoslavia, se ejecutaba por igual a gitanos y judíos en el bosque de Jajnice. Los campesinos recuerdan todavía los gritos de los niños gitanos llevados a los lugares de ejecución.

Según consta en los archivos de los Einsatzgruppen (patrullas móviles de exterminio del ejército alemán), se habría asesinado a 300.000 gitanos en la URSS y a 28.000 en Yugoslavia. El historiador austríaco Raoul Hilberg, estima que antes de la guerra vivían en Alemania 34.000 gitanos. Se ignora el número de sobrevivientes.

En los campos de exterminio, sólo el amor de los gitanos por la música fue a veces un consuelo. En Auschwitz, hambrientos y llenos de piojos, se juntaban para tocar y alentaban a los niños a bailar. Pero también era legendario el coraje de los guerrilleros gitanos que militaban en la resistencia polaca, en la región de Nieswiez.

También yo tenía / una gran familia / fue asesinada por la Legión Negra / hombres y mujeres fueron descuartizados / entre ellos también niños pequeños [versos del himno rom, Gelem, gelem (anduve, anduve)].

Las exigencias de asimilación, expulsión o eliminación (no necesariamente en este orden) justificarían la afición de los pueblos rom por los talismanes. Los gitanos llevan tres nombres: uno para los documentos de identidad del país donde viven; otro para la comunidad y un tercero que la madre musita durante meses al oído del recién nacido.

Ese nombre, secreto, servirá como talismán para protegerlo contra todo mal.

 

En fin, parece que la música fue el factor que mantuvo en los gitanos la unidad y les ayudó a sobrevivir, como en los cristianos, los judíos y los musulmanes lo fue la religión.

Más del 75 por ciento de los gitanos, que se calculan entre 12 y 14 millones, viven en Europa Central y del Este. En Rumania, el número de gitanos se calcula en dos millones de personas.

La mortalidad neonatal de la población gitana es nueve veces mayor a la media europea y la esperanza de vida apenas rebasa los 50 años.

Por lo demás, Sarkozy avisó a la Unión Europea que seguirá expulsando gitanos. Los 27 presidentes de la UE eludieron poner por escrito una crítica a las medidas del presidente francés. No importa, mañana aparecerán todos juntos, sonrientes ante los medios, para darnos una ‘lección sobre democracia’.

En realidad, ¿por qué se expulsa a gitanos, africanos, latinos,…? ¿Por extranjeros, o por pobres…?

 

Mirada Solidaria.es

 

(*) Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2010/09/01/index.php?section=opinion&article=025a1pol

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