Juegos y juguetes, películas y medios de comunicación, noticieros y vocabulario,…la presencia en todos los espacios sociales ha convertido “lo bélico” en algo familiar, cotidiano, habitual…

¡Es todo tan extraño…!

En teoría, las personas amamos la felicidad y la vida, nos alarmamos con cualquier enfermedad nuestra o de nuestros hijos, nos resistimos a hacernos y sentirnos viejos, nos da ‘yuyu’ pasear por un cementerio y evitamos que los niños vean un cadáver aunque sea de un familiar…

Pero las guerras, las armas, las matanzas,…están a la orden del día y no nos quitan el sueño.

Basta con mirar la prensa de cualquier día de la semana…   

 

La Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos aprobó el proyecto de ley que destina 33.000 millones de dólares para costear el envío de 30.000 militares adicionales a Afganistán, así como los gastos operativos de la tropas estadounidenses en Irak, informaron agencias internacionales.

Según la administración de EEUU, este refuerzo permitirá hacer más efectiva la lucha contra los talibán, así como iniciar, ya en julio de 2011, el traspaso de la responsabilidad de seguridad a las autoridades afganas.

 

Las bombas de racimo están de nuevo al orden del día en las noticias gracias a un reciente informe de Amnistía Internacional.

La agencia por los derechos humanos ha confirmado que 35 mujeres y niños murieron asesinados tras el último de los ataques contra un supuesto escondite de al-Qaida en el Yemen. Quiso enterrarse la historia y el Yemen negó oficialmente que los civiles murieran como consecuencia del ataque del 17 de diciembre contra al-Majala. Sin embargo, ha sido  imposible ocultar lo que ahora se considera la mayor pérdida de vidas como consecuencia de un solo ataque estadounidense en el país.

Las bajas humanas que provoca son demasiado grandes como para poder encontrar una justificación a este tipo de armas, que comenzaron a usarse en Vietnam.

No sólo es el Yemen. Kosovo, Gaza, Líbano, Irak y Afganistán son también ejemplos descarnados de las indecibles pérdidas y sufrimiento causados por las bombas de racimo.

En verano de 2006, Israel lanzó millones de bombas de racimo sobre el Líbano. Además de la inmediata devastación y de los muertos, los explosivos sin detonar continúan causando víctimas civiles, la mayoría de ellas entre los niños.

Una bomba muy barata; apenas tres euros son suficientes para provocar dolor y sembrar muerte. Desactivarla para evitar que siga destruyendo vidas cuesta 750 euros.

El incesante activismo de muchos individuos y organizaciones con conciencia consiguieron que  en Oslo, Noruega, el 3 y 4 de diciembre 2008, 93 países firmaran un tratado que prohibía ese tipo de armamento.

Por desgracia, los mayores fabricantes de esas armas (EEUU, Rusia, China, Israel, la India, Pakistán, Polonia, Rumanía,…) no firmaron el acuerdo.

Según el grupo Handicap International, la tercera parte de las víctimas de las bombas de racimo son niños. Igualmente de alarmante es que el 98% del total de víctimas sean civiles. El grupo estima que alrededor de 100.000 personas han sido mutiladas o asesinadas por las bombas de racimo en todo el mundo desde 1965. A diferencia de las armas convencionales, las bombas de racimo siguen activas durante muchos años, atrayendo a los niños con su aspecto llamativo.

Hasta la fecha, han firmado el acuerdo 106 países y lo han ratificado 36, y entra en vigor este 1 de agosto, a pesar de que los grandes actores mundiales se nieguen a formar parte de él.

 

El Gobierno de Estados Unidos ha condenado la publicación de 90.000 documentos secretos de la guerra en Afganistán por la organización Wikileaks. ¿Qué dicen tan grave esos documentos como para calificar su publicación de “un acto criminal”? ¿Acaso no es una guerra limpia que busca la democratización de ese país? ¿Acaso nuestros soldados españoles no están allí como apoyo humanitario?

¿Por qué dice el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, el general James Jones, que estas filtraciones “ponen en peligro las vidas de los estadounidenses y de nuestros socios”?

Los documentos filtrados muestran que EE.UU. ha cometido numerosos crímenes de guerra y que el Gobierno y el ejército de EE.UU. han mentido descaradamente a fin de encubrir el fracaso de sus políticas. Ésas son las revelaciones que Washington quiere guardar secretas.

Operaciones encubiertas y matanza de centenares de civiles de las que nunca se informó a la opinión pública: Servicios secretos pakistaníes que cobran más de mil millones anuales de Estados Unidos por su colaboración contra los talibanes y están al mismo tiempo ayudando a esos insurgentes talibanes; aviones teledirigidos drones que se han estrellado; asesinatos y represalias contra afganos que cooperan con las tropas estadounidenses; corrupción de los líderes locales; ametrallamientos de autobuses de niños y bombardeo en una celebración de boda;  ataques con bombas de una tonelada a viviendas repletas de gente; asesinatos de individuos ajenos al conflicto, incluso discapacitados, por tiros de soldados nerviosos; ejecuciones sin proceso que lleva a cabo el Grupo de Tareas 373 del ejército de EE.UU.; etc.

Julian Assanges, el fundador de Wikileaks, hizo hincapié en la matanza de civiles. Para él habría “miles de crímenes de guerra que deben ser investigados” y descartó que una nueva estrategia de Obama en Afganistán vaya a parar la muerte de gente inocente.

Obama declaró en alguna ocasión que esta guerra es necesaria. Nadie ha explicado nunca por qué la guerra debe ser necesaria.

La guerra en Afganistán se encuentra en un callejón sin salida tan sangriento como contraproducente para todas las partes, excepto para los accionistas de la industria militar estadunidense y europea: la población afgana está siendo diezmada por ataques con sistemas de armas inteligentes y de alta tecnología, el régimen de Karzai naufraga en su propia corrupción, su debilidad y sus vínculos inocultables con la producción de drogas ilícitas, y la administración de Barack Obama enfrenta, por decisión propia, un conflicto externo de perspectivas inciertas y costos políticos crecientes.

Dos días antes de la publicación de estos documentos secretos, un ataque de la OTAN contra un pueblo afgano acabó con las vidas de 52 civiles, entre los que había numerosas mujeres y niños. Un helicóptero de combate disparó contra un grupo de aldeanos a quien los combatientes habían dicho que abandonaran sus hogares porque era inminente un enfrentamiento con las tropas de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF).

Según relatan los testigos, hombres, mujeres y niños escaparon hacia el pueblo de Regey, donde los helicópteros de combate dispararon contra ellos cuando intentaban guarecerse y contra el recinto matando a casi todas las personas de su interior.

Las Naciones Unidas asentaron la muerte de 2.412 civiles en 2009, un aumento del 14 por ciento con respecto al año anterior.  

Un total de 1.074 civiles murieron en el primer semestre del año víctimas de la guerra afgana, un aumento del 1,3% respecto al mismo período del año anterior, según datos de la organización independiente Afghanistan Rights Monitor (ARM).

 

Todo lo dicho son noticias que aparecieron publicadas en un solo día. Y aún quedaban más noticias relacionadas con las armas, con la violencia, con la muerte.

Todo esto en la prensa de un solo día. ¡Qué bárbaro! Y así todos y cada uno de los días.

¡Qué locura! ¡Qué difícil reconocer al ser humano en medio de semejantes salvajadas!

¡Malditas armas y malditas guerras y malditos agentes de la muerte!

 

 

Mirada Solidaria.es

  1. Rafael
    03 Ago 10 8:53

    Las manifestaciones contra la guerra en Irak, en Afganistán, contra la política criminal de Israel en Palestina, etcétera, suelen congregar en una ciudad pequeña como la nuestra -Ciudad Real- a no más de 50 personas por término medio. Las celebraciones por el mundial de fútbol reunieron a muchos miles de ciudadanos enfervorizados y paralizaron la ciudad. Los “señores de la guerra” y las grandes multinacionales de industrias de armas pueden estar tranquilos. La locura y el negocio tienen asegurada la continuidad pues la imbecilidad humana no tiene fin.

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